Conversa de manera natural, interactúa con un elevado conocimiento jurídico e incluso cree en las conexiones emocionales -o, como mínimo, sus creadores sí que lo hacen-. Se hace llamar Maite.ai, tiene poco más de dos años de vida y pertenece al ecosistema legaltech (tecnología legal). Los jueces y abogados que "no acostumbran a familiarizarse demasiado con la tecnología" se dirigen a ella sin aquella sensación de tener que “hablar en idioma robot”. Y funciona. Pero para entender el quèquicom de su nacimiento, también hay que mirar el entorno que la rodea. Los últimos datos del estudio Análisis del ecosistema startup en Catalunya 2026 de Acció hacen de Catalunya una especie de "espejo emprendedor" en Europa que no para de agrandarse: 2.403 startups catalanas, un 5,2% más que el año anterior, que ya representan cerca del 0,9% del PIB. De estas, 374 son deep tech, un terreno fértil donde las soluciones de IA aplicada han encontrado espacio para crecer.
Alejandro Castellano, ingeniero de telecomunicaciones, CEO y cofundador de Maite.ai, rememora con VIA Empresa el verano de 2023, en el que, como impulsor de una empresa legaltech, conocía de cerca el día a día de los abogados. “Veía cómo evolucionaba la IA generativa y no me eran desconocidas las necesidades de los juristas, lo vi más claro que el agua”, asegura. Con todo, investigó varios informes -entre ellos uno del grupo de banca de inversión Goldman Sachs-, los cuales situaban el sector legal como el más expuesto al impacto de la IA generativa, con casi la mitad de las tareas potencialmente automatizables. “Allí vi que la oportunidad era real”, explica.
Y dicho y hecho, Castellano construyó un Producto Mínimo Viable (MVP) para comprobar si la propuesta tenía sentido, lo presentó a diversos abogados y la respuesta fue "un sí rotundo". Aquella validación fue el empuje definitivo para empezar a levantar el equipo cofundador, con David García como director tecnológico (CTO) y Àlex Rodríguez como director de marketing (CMO). Desde entonces, la curva no ha dejado de subir, y Maite.ai ya trabaja con más de 2.400 clientes y 70.000 usuarios activos, entre abogados y perfiles jurídicos de la administración. La mayoría llegan en busca de tiempo, automatización, productividad y precisión, pero se quedan y contratan la versión plus, lejos del modelo freemium inicial que a menudo se les queda corto.
El repunte de usuarios ha ido en paralelo al del equipo. Hoy ya son catorce personas, y la previsión es cerrar el año con una veintena. La estructura interna combina ingenieros, perfiles de marketing, ventas y profesionales de soporte, pero el peso específico se lo lleva la tecnología, que conforma el centro de gravedad de Maite.ai, y la mayor parte del talento que se concentra allí.
El test de acceso a la judicatura, un as en la manga para ganar credibilidad

El famoso test de acceso a la judicatura -el mismo que deben superar los futuros jueces del Estado- se ha convertido en el as en la manga de Maite.ai. El equipo decidió llevar el chatbot ante notario y someterlo a la prueba oficial. "La nota de corte de 2024 se situaba en 72 puntos sobre 100, y Maite.ai obtuvo 86", señala Castellano. Cuando repitieron exactamente el mismo test con ChatGPT, el resultado quedaba 25 puntos por debajo. Un año más tarde, en 2025, Maite.ai ya se encaramaba hasta los 99 puntos sobre 100, un registro que la sitúa en la excelencia y que ha funcionado como prueba de conceptos ante un sector tradicionalmente escéptico. “Era muy difícil explicar de manera técnica por qué Maite es potente. El test nos dio un lenguaje que todo el mundo entendía”, apunta Castellano.
Maite.ai superó ante notario el test oficial de acceso a la judicatura con 86 puntos en 2024 —catorce más que la nota de corte y 25 por encima de ChatGPT. En 2025 ya alcanzaba los 99
La fórmula que hay detrás combina dos pilares: actualización constante y argumentación trazable. "Hacemos revisiones exhaustivas del Boletín Oficial del Estado (BOE) y trabajamos con tres millones y medio de documentos legales para incorporar leyes derogadas, nuevas publicaciones y modificaciones normativas", explica Castellano. Asimismo, admite que esta transparencia también ha sido parte de la pedagogía. “Estamos acostumbrados a que la tecnología sea 100% fiable”, reflexiona, y recurre a uno de sus ejemplos estrella: la calculadora. “Si haces mil millones de veces la operación dos más dos, siempre te dará cuatro. En cambio, la IA, a veces, te puede dar cinco… O 23". Por eso, Maite.ai siempre acompaña cada respuesta con el artículo, la sentencia o la resolución correspondiente. “Si un día se equivoca, el abogado lo ve enseguida. Esta verificación es imprescindible”, defiende.
La combinación de rigor y verificabilidad ha ido modelando la confianza entre los usuarios. Tanto es así que, en una charla TED en Nueva York sobre la relación emocional entre marcas, personas e IA, Maite.ai apareció como ejemplo. “Un abogado andaluz nos llamó y nos dijo: ‘¿Quién es esta Maite? Yo la quiero conocer, que me resuelve el día’”, recuerda Castellano. Un comentario que, lejos de ser anecdótico, se ha ido repitiendo hasta hoy, en que la frase "Consúltalo a Maite” ya es habitual en los despachos.
Seguridad en un sector con información "altamente sensible"

La implantación, pero, no ha sido solo tecnológica. Castellano explica que han trabajado de la mano con los colegios de abogados y han impartido formaciones para divulgar cómo funciona la tecnología, qué riesgos conlleva y cómo se debe interactuar. La seguridad es un punto crítico: “Los abogados trabajan con información altamente sensible. La parte de seguridad es fundamental”, sentencia. En Maite.ai, todas las preguntas y documentos que los profesionales suben son confidenciales y no se utilizan para entrenar el modelo. “Un abogado me decía hace unos meses: ‘Cada vez que pido una demanda de tráfico a la versión gratuita de ChatGPT, me la hace mejor’. Y claro, es normal, porque aprende de ti. Pero si utilizas una IA generalista gratuita y le das casos reales… ¿Esto es a cambio de nada? Claro que no, estás enseñando a la máquina, le estás regalando tu conocimiento. Es como dárselo todo al diablo a cambio de la gratuidad”, relata.
Maite.ai funciona justo al contrario de lo que ocurre con muchas IA generalistas: no guarda nada de lo que le explicas, no utiliza las consultas para entrenarse y trabaja en un entorno cerrado. Sin embargo, el equipo realiza pruebas internas para detectar cuándo el modelo puede fallar y reforzarlo. Otro punto que sorprende a los usuarios es la flexibilidad lingüística. “Puedes hablar con Maite.ai en catalán, subirle un documento en inglés y pedir la respuesta en alemán”, explica Castellano. Hasta ahora, esta capacidad no había abierto la puerta a hacer un uso internacional. Pero esto está a punto de cambiar porque la reciente fusión de Maite.ai con la francesa Doctrine, una de las plataformas de IA jurídica más potentes de Europa, sitúa el proyecto en otra liga.
Español: "Siempre digo que Maite.ai te da alas, pero también quita el techo. Aquí entran abogados y salen superabogados”
La operación, de la cual no han trascendido detalles económicos, es la quinta adquisición de Doctrine en solo tres años y marca su entrada formal al mercado español. Con Maite.ai, el grupo ya da servicio a 27.000 clientes en Francia, Alemania, Italia, España y Luxemburgo. A la vez, la fusión pretende ser una "unión de campeones europeos". Cada empresa domina su mercado y, juntas, forman un grupo capaz de ofrecer servicios jurídicos digitales en múltiples jurisdicciones. “Tiene sentido coger a los mejores de cada país, ponerlos juntos y construir un grupo que pueda dar servicio a todo el mundo”, subraya Castellano.
En definitiva, el efecto Maite.ai ya no solo se ha hecho un hueco en el mercado internacional, sino que también ha redefinido qué pueden asumir (y hasta dónde pueden crecer) muchos despachos. "Siempre digo que Maite.ai te da alas, pero también quita el techo”, señala Castellano. "Hay despachos que hasta ahora solo se centraban en la rama del derecho mercantil y que, con Maite.ai, se han visto capaces de asumir casos laborales", añade. "En Maite.ai entran abogados y salen superabogados”, concluye.