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Mathew, la plataforma de IA santcugatense que ya usan las escuelas catalanas

La compañía comercializa un 'software' para crear contenidos educativos y hacer evaluaciones con límites claros en las fuentes utilizadas y servidores exclusivamente europeos

Fotografía de equipo de Mathew | Cedida
Fotografía de equipo de Mathew | Cedida
Marc Vilajosana, periodista de VIA Empresa | Mireia Comas
Periodista
31 de Enero de 2026 - 04:55

Cuatro años antes de que OpenAI publicara ChatGPT y diera al mundo una nueva concepción de qué significaba la inteligencia artificial, el ingeniero Alan Fusté ya investigaba si esta tecnología podía tener un encaje en el mundo formativo. “Entonces trabajaba como investigador en un proyecto con fondos europeos, en el que colaboraban seis universidades, y el gran foco era entender si se podía aplicar IA en educación”, rememora.

 

Una vez cerrado el proyecto, Fusté decidió que quería convertir aquella investigación en un producto concreto, y dos años más tarde, junto con Xavier Velasco, decidió fundar Mathew para desarrollar y comercializar una plataforma que lo materializara. Y el resultado parece haber funcionado: desde el lanzamiento oficial en 2023, la compañía ya ha conseguido convencer a más de 100 centros educativos y que su propuesta sea utilizada por más de 100.000 estudiantes y profesores.

Fusté define Mathew como “un asistente educativo que busca ayudar a personalizar el proceso de aprendizaje, tanto desde la mirada del docente como del alumnado”. El programa persigue este objetivo a través de tres grandes pilares o conjuntos de herramientas: la creación de contenidos educativos, como ejercicios, tests o situaciones de aprendizaje; la evaluación automática de las tareas, siguiendo las pautas marcadas por el profesor; y el monitoreo continuado tanto del alumno individual como del grupo entero.

 

Fuentes de información delimitadas y blindaje en ciberseguridad

Para conseguir todo esto, la plataforma combina el uso de varios modelos de lenguaje comerciales, tanto privativos como de código abierto, con modelos de IA predictiva elaborados internamente por el equipo y otras técnicas algorítmicas. Sin embargo, a diferencia de otras herramientas basadas en inteligencia artificial, los resultados que pueden obtenerse con Mathew no provienen de multitud de fuentes de todas partes, sino que tiene muy limitado el contenido educativo que puede utilizar para cada situación. “A los centros a veces les choca, el hecho de tener que aportar contenido informativo a Mathew, porque están acostumbrados a herramientas genéricas de IA generativa. El retorno que tiene es muy positivo en términos de seguridad y de reducción de alucinaciones”, valora Fusté.

Esta delimitación de las fuentes educativas con las que se alimenta Mathew se lleva a cabo a través de dos vías. Por un lado, en los casos en que las escuelas trabajan con bibliotecas propias de recursos, la plataforma utiliza este material como base. “Todo lo que trabajamos para un centro es exclusivamente para él y no se mezcla con los de los demás centros”, deja claro el CEO y fundador de la empresa, instalada en Sant Cugat del Vallès. La otra vía llega a través de los acuerdos que han firmado con diversas editoriales de libros de texto, con las que han acordado introducir sus publicaciones como fuentes de información.

Los ejercicios y respuestas que genera Mathew se limitan al material académico aportado y delimitado por los centros educativos y los profesores

Pero más allá del material al que se recurre, el sistema también incorpora diversas capas tecnológicas para controlar las respuestas y evitar que el sistema busque información fuera del perímetro delimitado: “Antes de procesar una petición que tiene un alumno o docente, lo que hacemos es asegurarnos y revisar que, efectivamente, la tecnología no ha utilizado conocimiento que no esté disponible dentro de estas fuentes”. Este control también evita, por ejemplo, que el sistema ofrezca conocimientos del currículum de 4º de ESO a alumnos de 6º de primaria. “Mathew entiende qué conocimientos tiene accesibles cada alumno, contando que quien marca qué es accesible o no son los docentes y el mismo centro educativo”, remarca el CEO.

Otra de las prioridades que se marca la empresa es una exigencia en el cumplimiento normativo tanto del Reglamento General de Protección de Datos europeo (GDPR) como de la Ley de Inteligencia Artificial que entró en vigor en agosto de 2024. En cuanto al primer ámbito, la compañía cerró una alianza con el centro tecnológico Eurecat para definir la infraestructura de ciberseguridad de la plataforma, que se basa en la arquitectura de confianza cero (zero trust). Este criterio hace que “cualquier operación interna o externa que haga Mathew se considere no confiable, lo que nos da un estándar de seguridad muy alto”, explica Fusté.

Por otro lado, la firma trabaja exclusivamente con proveedores de infraestructura de nube y centros de datos establecidos en el espacio económico europeo para asegurar que la información personal almacenada se vea protegida por la exigente legislación del continente.

Alan Fusté (izquierda) y Xavier Velasco (derecha), fundadores de Mathew | Cedida
Alan Fusté (izquierda) y Xavier Velasco (derecha), fundadores de Mathew | Cedida

Una herramienta para profesores y alumnos

Marcando nuevamente distancia de la mayoría de herramientas basadas en IA generativa, los chatbots son un elemento minoritario dentro de la plataforma de Mathew. Este hecho se observa, por ejemplo, en las herramientas de creación de contenidos educativos, que se basan más en preguntas y respuestas que el profesor ha de ir seleccionando con el cursor para configurar cómo quiere que sea el material. El proceso guía al docente a través de diversas fases, en las cuales ha de escoger los conocimientos educativos que se quieren poner a prueba, las competencias que quiere que el alumno trabaje (siguiendo la Taxonomía de Bloom), los formatos de los ejercicios (respuesta libre, tipo test, verdadero o falso…), la lengua o si será en formato digital o en papel. A través de las elecciones, el sistema elabora los ejercicios teniendo en cuenta la información curricular del nivel académico y el territorio, los cuales pueden ser modificados libremente por el maestro.

Una vez preparados los ejercicios, llega la segunda fase del proceso, la evaluación. Esta etapa va coordinada con la primera, especialmente en lo que respecta a la elección del formato. Cuando son digitales, la traslación es directa, pero en el caso de los ejercicios en papel, las fichas generadas incluyen un código QR que el alumno o el maestro puede escanear para digitalizar las respuestas e introducirlas en el sistema. Además, desde el pasado mes de septiembre, la herramienta es también capaz de leer la letra manuscrita de los alumnos y transformarla en texto digital, lo que facilita la revisión automática.

Fusté: “Quien está en el aula no es Mathew, sino el profesor, y tiene que tener el control sobre qué se evaluará”

Una evaluación que, deja claro Fuster, se basa en todo momento en los criterios decididos por el tutor en la rúbrica: “Quien está en el aula no es Mathew, sino el profesor, y debe tener el control sobre qué se evaluará”. Esta corrección no solo es una calificación numérica, sino que también genera una propuesta de feedback personalizado que señala errores y puntos a mejorar. De nuevo, este texto no llega al alumno hasta que el profesor no lo revisa, complementa y decide que es válido. “Es un tema importantísimo, trabajamos con el paradigma de teacher in the loop. Es clave en todas las etapas, pero sobre todo en la evaluación”, remarca el fundador de Mathew.

Finalmente, el último vertical del sistema es el acompañamiento de los alumnos, un ámbito con varias herramientas asociadas que permiten al tutor tener una visión específica de la evolución de cada estudiante y de cómo avanza el grupo en conjunto, pero que también permite al joven estudiar y practicar autónomamente. Para los primeros, el sistema es capaz de detectar si hay un grupo de alumnos con carencias en determinadas competencias, en función de los deberes o exámenes, y enviar alertas al tutor en los casos que este decida que son importantes. “También tenemos una tecnología, desarrollada con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, para detectar riesgos en el rendimiento académico del estudiantado y riesgo de fracaso escolar”, añade Fusté.

En cuanto a los estudiantes, la plataforma ofrece funciones clásicas, como pueden ser la visualización digital de los apuntes o libros de texto, con función de lectura en voz alta. Pero también incorpora dos herramientas de autoestudio desarrolladas por el equipo. Una de ellas, aquí sí, un chatbot vinculado a los apuntes y libros de texto que permita al alumno resolver dudas, pedir ejemplos o hacer preguntas sobre partes específicas, con respuestas siempre acotadas a los contenidos marcados. Por otro lado, el equipo también ha desarrollado un módulo de práctica autónoma, como lo denomina Fusté, pensado para preparar lecciones o exámenes concretos. “Los alumnos establecen el tema que quieren practicar, Mathew va creando preguntas y, en función de cómo reacciona, se va ajustando en tiempo real en función de las necesidades del estudiante”, define el fundador de la empresa.

Facturación triplicada y presencia en tres países

Desde que la plataforma se lanzó en 2023, la compañía ha conseguido convencer a más de un centenar de centros educativos para que la implementaran en su funcionamiento interno. Un porcentaje importante se sitúa en Catalunya y en otros lugares del Estado, pero la empresa también ha conseguido entrar en los mercados de Colombia y México, y este 2026 tiene como objetivo comercial ampliar este último y adentrarse también en Italia y Polonia.

La solución se comercializa con una tarifa plana, al estilo de un software como servicio (SaaS), en la que hay un único precio por licencia de alumno y se incluyen la totalidad de los recursos del servicio, junto con las licencias para profesorado y administración y de las formaciones, que se intentan hacer siempre de manera presencial. “A veces la gente se sorprende de que una empresa de IA tenga este talante de trato cercano y humano”, confiesa Fusté, quien indica que en algunas ocasiones también trabajan directamente con las familias que quieren entenderlo. “Todo tiene riesgos, la inteligencia artificial también, e intentamos ser muy transparentes”, asegura.

Mathew se marca como objetivos para 2026 alcanzar el millón de facturación, reforzar la presencia en México y entrar en Italia y Polonia

Con el inicio del nuevo año, el equipo de Mathew afronta 2026 después de haber triplicado la facturación el año anterior y con el objetivo de alcanzar el millón de euros en el actual ejercicio. A escala de producto, en las próximas semanas lanzarán una nueva funcionalidad para poder hacer evaluaciones de respuestas en formato de audio y vídeo, y la idea es continuar aplicando cambios y mejoras a partir de los comentarios recibidos por parte de las escuelas. “Somos lo que somos hoy porque nos han compartido inquietudes, lo que les ha gustado y lo que no”, valora el fundador, que explica que casi medio equipo de la compañía está centrado en la mejora del producto.

Y más allá de las nuevas funcionalidades, la plataforma también tiene dos objetivos técnicos para este 2026: continuar mejorando la estabilidad del sistema para que soporte el crecimiento del número de usuarios y conseguir integrarse con las herramientas digitales que ya utilizan otras escuelas. “Poner una nueva solución o aplicación que no se entiende con el ecosistema es un problema y genera fricciones”, remacha Fusté.