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Pasta Sanmartí, nueve generaciones catalanas haciendo pasta desde el 1700

Desde Caldes de Montbui, esta familia catalana mantiene un método artesanal único, con agua termal y armarios de madera, y lleva sus productos a Dubái, Estados Unidos o China

Pasta Sanmartí elabora pastas desde Caldes de Montbui siguiendo su método tradicional y único | Cedida
Pasta Sanmartí elabora pastas desde Caldes de Montbui siguiendo su método tradicional y único | Cedida
Bernat Bella
Periodista
16 de Febrero de 2026 - 05:00

Cuando se piensa en pasta, la imagen viaja automáticamente hacia Italia. Pero en un pueblo de Catalunya, en Caldes de Montbui, la familia Sanmartí hace más de tres siglos que elabora este alimento: es uno de los fabricantes de pasta más antiguo del mundo. 326 años después de sus inicios, mantiene su método tradicional y artesanal y lleva sus productos a Dubái, Estados Unidos, China o Reino Unido. Además, utilizan el agua termal de Caldes de Montbui, un hecho que los hace casi únicos. 

 

Esta historia sorprendió especialmente a Alessandro Cafiero, de origen italiano y que gestiona la empresa conjuntamente con su pareja, Berta Sanmartí, novena generación de Pasta Sanmartí. "Cuando me lo dijo, no era fácil de creer que hubiera una empresa tan antigua de pasta en Catalunya. Cuando hablas de pasta, piensas en Italia, no en un pueblo perdido en Catalunya que hiciera pasta desde 1700. Me lo creí cuando lo vi", recuerda Cafiero.  

Haciendo pasta desde el 1700

La historia comienza con Isidre Sanmartí en 1700. Fue el primero en experimentar con la mezcla de la harina y el agua caliente, consiguiendo una masa que, tratada de determinada manera, podía ser consumida. Aun así, quedaba rígida e incomestible en pocas horas. Para resolverlo, Isidre inventó un aparato de madera con unos orificios de salida por los cuales, apretando muy fuerte, la masa salía en forma de unos filetes, actualmente tallarines o espagueti. Una vez seca, se podía guardar y, cuando se hervía, se ablandaba y se podía comer.

 

"Vio que gustaba a la gente y al principio intercambiaba aquellos fideos por pan y otros productos, en una economía casi de subsistencia", relata Cafiero. Con el paso de las generaciones, el negocio fue creciendo hasta que en 1831, con la cuarta generación, la familia se registró oficialmente como fabricante de pasta y comenzó a distribuir por Barcelona y otros municipios. En 1912, la sexta generación transformó el obrador en una pequeña fábrica, incorporando la tecnología más avanzada del momento, lo que permitió incrementar la producción. 

Macarrones en una máquina de un siglo

Aunque la familia Sanmartí ha ido renovando la maquinaria a lo largo de las décadas, siempre ha apostado por mantener un proceso artesanal y tradicional. Prueba de ello es que elaboran la pasta prácticamente con dos máquinas, una de las cuales de 110 años de antigüedad. Y todavía hoy en día, con un permiso especial de la Generalitat, secan la pasta en armarios de madera: "Somos los únicos que lo hacemos en el mundo".

Cafiero pone de ejemplo la elaboración de los espaguetis: "Todo el proceso es manual, desde la producción hasta el envase. Lo cortamos manualmente, lo ponemos en las cañas y lo secamos en los armarios de madera, que le dan un gusto especial". A este proceso se le añade el hecho de utilizar agua termal de Caldes de Montbui. Todo ello hace que Pasta Sanmartí sea de los pocos fabricantes en el Estado español que pueden garantizar pasta sin ninguna traza de huevo, soja o lactosa; un reconocimiento que les hace llegar pedidos particulares de todas partes. Sémola de trigo de primera calidad y agua termal de Caldes como elementos inalterables a lo largo de sus tres siglos.

El salto internacional: pasta catalana en Dubái

Pasta Sanmartí ha sido siempre una empresa familiar y pequeña. Su mercado histórico ha sido Catalunya y las tiendas de barrio y especializadas. En 2011 entra Berta como novena generación y asume la responsabilidad en la administración, mientras que Cafiero se incorpora en 2015 con la mirada puesta en la exportación y el crecimiento. Todavía ahora con la ayuda de la generación anterior, Carles Sanmarti.

Desde 2016, la empresa ha crecido un 45% y han abierto nuevos mercados, como Dubái, China, Estados Unidos, Alemania o Reino Unido. A pesar de ello, la exportación todavía representa poco menos de un 15%. "Las claves del crecimiento son mucho trabajo y picar piedra. Modernizarnos a nivel digital, hacer muchos contactos e ir a ver a muchos clientes", resume Cafiero. Además, desde la pandemia han entrado también en grandes superficies y han notado que cada vez hay más gente interesada en el consumo de kilómetro cero: "Nos han venido a buscar supermercados, porque si haces un espacio de producto catalán, Pasta Sanmartí no puede faltar". Pero con una premisa muy clara: no dar ningún trato de favor a los grandes grupos, ya que son las tiendas de barrio las que han "dado de comer" durante siglos a los Sanmartí. 

Cafiero: "En Catalunya la gente nos conoce, por nuestra calidad y por la forma artesanal de trabajar"

"En Catalunya la gente nos conoce, por nuestra calidad y por la forma artesanal de trabajar. Y gusta mucho a la gente", afirma Cafiero. Pero en el mercado internacional no todo es tan sencillo. La pasta italiana tiene la partida de la imagen ganada y vender bajo el sello de Catalunya es más complicado. En cambio, la historia y el relato de Sanmartí no tiene competidor posible: tres siglos elaborando pasta, con agua termal y un método totalmente artesanal y único. "Es fácil de explicar y de vender; lo que es difícil es mantener a los clientes. Y nuestros clientes repiten porque la pasta está muy buena, no por nuestra historia", enfatiza.

Otra de sus peculiaridades es que prácticamente no tienen stock y la pasta que elaboran llega en diez o quince días a las tiendas. Y hacen mucha variedad, con pocas cantidades. "Para nosotros lo más importante no es la cantidad, sino la calidad. Seguramente podríamos hacer más, pero preferimos mantener nuestra línea y no renunciar a nuestra identidad por 500 kilos más a la semana", cuenta Cafiero. En las épocas más fuertes pueden llegar a elaborar unos 1.500 kilos al día. 

Cafiero: "No somos una empresa normal"

"No somos una empresa normal", celebra Cafiero, que es plenamente consciente de su responsabilidad: "Liderar una empresa de más de 300 años es una gran responsabilidad. Cada generación lo tiene más difícil y nadie quiere ser el que se cargue la empresa". Por ahora, celebra que la décima generación parece garantizada: "Nuestro hijo de diez años ya tiene claro que quiere continuar".