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Pere Valls, la papelera catalana que hace papel desde el año 1527

Nació hace cinco siglos en un molino papelero en Sant Pere de Riudebitlles y hoy es la última gran superviviente de los antiguos molinos de la zona gracias a una estrategia basada en la innovación, la diversificación y la sostenibilidad

Pere Valls, una de las empresas más antiguas de Catalunya | Cedida
Pere Valls, una de las empresas más antiguas de Catalunya | Cedida
Bernat Bella
Periodista
03 de Agosto de 2026 - 05:00

La papelera Pere Valls tiene el honor de ser una de las empresas más antiguas de Cataluña. Sus orígenes se remontan a 1527, cuando el abad de Montserrat firmó un permiso de obra para la construcción de un molino en Sant Pere de Riudebitlles. Medio milenio y once generaciones después, este molino es el símbolo de una compañía que fabrica 15.000 toneladas de papel al año, genera unos 12 millones de euros y da trabajo a casi cincuenta trabajadores gracias a valores como la innovación, el servicio y la motivación de mantener un legado familiar único. Todo ello en una zona que durante siglos fue el epicentro de la industria papelera catalana, con decenas de molinos a orillas del río, de los cuales no queda prácticamente ninguno en activo.

 

Del papel a la harina: un molino de subsistencia

"El molino nació para atender las necesidades del pueblo: cuando había hambre se hacía harina y, cuando había más alimentos, se hacía papel de estraza para guardarlo", explica Jordi Valls, actual administrador de la empresa. El primer documento que tienen guardado es aquel permiso de obra de 1527 del abad de Montserrat, en latín. Sin embargo, hay un vacío informativo hasta el siglo XVIII, cuando se tiene constancia por primera vez de la relación de la familia Valls con el oficio papelero. De hecho, para celebrar los próximos 500 años, han encargado a dos investigadores que profundicen en la historia familiar y empresarial para conocer todos los detalles.

Durante décadas y siglos, el negocio papelero se mantiene muy artesanal en Pere Valls. Un nombre que, por cierto, tampoco saben a ciencia cierta cómo surge. Jordi Valls explica cómo los traperos traían alpargatas, sacos y ropa usada que se utilizaba para hacer el papel. Así resume un proceso que se ha perdido: "Se trituraba y trinchaba con grandes muelas, se hacía una pasta y se elaboraba el papel de manera manual. Finalmente, se colgaba en ventanas para secarlo al aire".

 

La decisión que salvó cinco siglos de historia: "Somos los únicos que sobrevivimos"

Pere Joan i Jordi Valls, cosins i onzena generació familiar, al molí històric | Cedida 
Pere Joan y Jordi Valls, primos y undécima generación familiar, en el molino histórico | Cedida 

Fue durante la segunda parte del siglo XX cuando la industria papelera y Pere Valls vive su auténtica revolución, a pesar de que durante el siglo XIX y principios del veinte ya había habido una evolución y mecanización importante por el cambio de materias primas. "La industrialización es muy reciente y la vivió mi padre", descubre Jordi, que relata que la clave es la aparición del cartón ondulado, fundamental para envases y embalajes. En este momento, Pere Valls toma una decisión que será vital para su supervivencia: ven que sus clientes empiezan a hacerse su propio papel y embalajes. "Era una amenaza muy potente y empezamos a buscar otras aplicaciones del cartón ondulado", destaca.

Una de las primeras fueron los tubos para el papel higiénico o de cocina. La mayoría de las papeleras de su entorno no hicieron esta evolución y hoy en día no queda ninguna: "Somos los únicos que sobrevivimos". Todos los históricos molinos fueron cerrando uno a uno, perdiendo un legado y una cultura que hizo de Sant Pere de Riudebitlles un ecosistema único en el país.

La clave del éxito: la innovación

Esta mentalidad de adelantarse a los cambios del mercado y del sector es lo que ha garantizado la supervivencia de Pere Valls: "Siempre hemos estado innovando, es nuestro ADN. Cuando un producto se convertía en un producto básico, nosotros buscábamos nuevos". Otro ejemplo fue la apertura de una nueva división de manipulados, hace ya 25 años y que hoy representa casi el 30% de su negocio. Fabrican papel manipulado, como kraft o gofrado, que se acaba utilizando en sectores como la alimentación, la agricultura o la industria. Por ejemplo, en las bandejas de fruta o comida. "Nos abre muchos mercados y sectores diferentes, fue una diversificación brutal", enfatiza Jordi.

Paralelamente, hacen una apuesta clara por la sostenibilidad y ya a principios del siglo XXI empiezan a fabricar papel kraft sostenible. Hoy, su kraft reciclado se utiliza para la elaboración de bolsas de papel: es el 75% de su producción. Decenas de miles de bolsas de papel del país están hechas con su producto y grandes marcas de moda y de alimentación las utilizan. Todo ello ha servido para superar los malos momentos de un sector muy volátil, donde el margen y las crisis de los precios tienen un impacto directo. Ahora, el viento "sopla a favor", en un contexto donde el papel se ve como una alternativa sostenible. "La gracia es ser una empresa versátil y flexible para poder surfear todas estas olas", destaca Jordi, que también pone el servicio como uno de los pilares fundamentales para cualquier negocio. 

El papel más sostenible del mundo

Hace unos años no era así y el sector papelero estaba mal visto y se señalaba como muy contaminante por la generación de residuos, consumo de agua y contaminación del entorno. Ya a principios de los 2000, Pere Valls son pioneros en iniciativas como cerrar los circuitos de agua para no hacer vertidos a los ríos. En 2014 son la primera empresa del sector en poner una caldera de biomasa y eliminar el gas natural. También consumen menos agua que la media del sector. "No es marketing, lo tenemos corroborado con datos", defiende. Por eso, presumen de elaborar "uno de los papeles reciclados más sostenibles del mundo". 

Un legado familiar como orgullo

El hecho de ser una empresa familiar pequeña también otorga una "ventaja competitiva" a Pere Valls: "De hoy para mañana podemos cambiar la producción para servir a cualquier cliente". Una filosofía familiar que también ha servido para mirar siempre a largo plazo, pero con prudencia. "No podemos fracasar en las inversiones, siempre hemos dado pasos seguros para ir creciendo. Quizás hemos desaprovechado oportunidades, pero hemos garantizado el futuro", resume Jordi. Un reto actual es avanzar en la profesionalización directiva, pero manteniendo el espíritu de empresa cercana y basada en el servicio: "La falta de profesionalización ha sido uno de los pecados de todas las empresas familiares. El mercado te exige ser excelente en los procesos".

Pero tienen claro el valor de un legado familiar de cinco siglos de historia que los ha convertido en supervivientes: "Somos papeleros de toda la vida y siempre hemos tenido ese sentimiento inquieto y curioso por buscar nuevas aplicaciones al papel". Para celebrar sus 500 años, la familia remodelará precisamente aquel primer molino autorizado en 1527 para convertirlo en las nuevas oficinas y en un pequeño museo. Cinco siglos después, el lugar donde empezó todo volverá a ser el centro de la empresa.

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