La inmigración es necesaria. La natalidad está disminuyendo en todo el mundo y especialmente en Europa. Según el Banco Mundial, la tasa de fecundidad mundial ha pasado de cerca de cinco hijos por mujer en 1960 a 2,2 en la actualidad. En la Unión Europea es de solo 1,38 hijos por mujer y en Catalunya, según el Idescat, de 1,17, lejos de los 2,1 necesarios para asegurar el relevo generacional.
Como consecuencia, tenemos cada vez menos personas en edad de trabajar mientras aumentan las necesidades de pensiones, sanidad y dependencia. En este contexto, la inmigración contribuye a sostener la actividad económica. Sin embargo, hay una realidad que invita a la reflexión: los inmigrantes acostumbran a cobrar menos que los trabajadores nativos. ¿Por qué ocurre?
Los inmigrantes cobran de media un 17,9% menos que los nativos. En España, la diferencia supera el 29%, la más alta de los países analizados
Un estudio publicado en 2025 en Nature, basado en el análisis de 13,5 millones de trabajadores de nueve países occidentales, concluye que los inmigrantes cobran de media un 17,9% menos que los nativos. En España, la diferencia supera el 29%, la más alta de los países analizados. Pero el dato más relevante es otro. Tres cuartas partes de esta diferencia no se explican porque inmigrantes y autóctonos cobren diferente haciendo el mismo trabajo, sino porque los inmigrantes tienen más dificultades para acceder a los puestos de trabajo que ofrecen salarios más elevados. Para explicar esta realidad podemos tener en cuenta diversos factores.
La concentración en determinados sectores
Una parte importante de los inmigrantes trabaja en sectores como la agricultura, el turismo, la logística o los cuidados. Son actividades esenciales para la economía, generan empleo, contribuyen al equilibrio territorial e impulsan muchos otros sectores. Además, su peso es especialmente relevante en territorios alejados de las grandes áreas metropolitanas. La realidad económica de Barcelona y su área de influencia no es la misma que la de muchas comarcas rurales o de ciudades medianas, donde estos sectores tienen un papel clave para mantener la actividad, el empleo y el arraigo de la población en el territorio.
Ahora bien, no se puede generalizar. En estos sectores hay empresas que han apostado por la innovación, la calidad y la productividad, y que ofrecen salarios y condiciones laborales muy competitivos. También hay otras que operan con niveles salariales más bajos. A pesar de esta diversidad, una parte importante de los inmigrantes se concentra en ocupaciones que, de media, tienen remuneraciones inferiores a las de otras actividades, hecho que contribuye a explicar una parte de las diferencias salariales.
La cobertura de puestos de trabajo esenciales
Muchos inmigrantes ocupan trabajos que las empresas tienen dificultades para cubrir. Según la OCDE y la Organización Internacional del Trabajo, la población inmigrante está especialmente presente en ocupaciones de difícil cobertura en la mayoría de países desarrollados. En algunos casos no hay suficientes trabajadores disponibles; en otros, una parte de los autóctonos opta por otras alternativas profesionales.
Las dificultades para aprovechar plenamente el talento
Las barreras lingüísticas, los problemas de homologación de titulaciones, la falta de redes profesionales o el desconocimiento del mercado laboral local dificultan el acceso a ocupaciones adecuadas a la cualificación de cada persona. Según la Comisión Europea, cerca del 40% de los inmigrantes no comunitarios con estudios universitarios trabajan en empleos que no requieren esta cualificación.
La movilidad del talento
Paralelamente, muchos jóvenes formados aquí se marchan al extranjero en busca de oportunidades profesionales y salariales que a menudo no encuentran en su país. Esto genera una paradoja: mientras algunas empresas tienen dificultades para encontrar determinados perfiles, una parte del talento formado aquí desarrolla su carrera fuera.
Las características del modelo productivo
Si queremos salarios más elevados, necesitamos más productividad, más innovación, más transferencia de conocimiento y empresas con mayor dimensión. Este es un reto que afecta tanto a los inmigrantes como a los trabajadores autóctonos.
El coste de desaprovechar el talento
La diferencia salarial entre inmigrantes y autóctonos no es solo una cuestión social. También es una cuestión económica. La OCDE recuerda a menudo que una de las principales fuentes de productividad es la capacidad de aprovechar bien el capital humano. Cuando una persona trabaja muy por debajo de sus capacidades, pierde ella misma, pero también pierden las empresas y el conjunto de la economía.
La inmigración es necesaria, pero para que se convierta en una oportunidad compartida hay que gestionarla bien
Menos aprovechamiento del talento significa menos productividad, menos innovación y menos crecimiento. Los datos, sin embargo, también ofrecen un mensaje esperanzador. El estudio de Nature muestra que la diferencia salarial se reduce hasta el 5,7% en la segunda generación. Esto indica que la integración funciona. La cuestión es cómo acelerarla.
¿Qué podemos hacer mejor?
La inmigración es necesaria, pero para que se convierta en una oportunidad compartida hay que gestionarla bien. Primero, adaptar los servicios públicos y las infraestructuras. Igual que una empresa no puede crecer indefinidamente sin reforzar sus recursos, un país tampoco. La educación, la sanidad, la vivienda y el transporte necesitan planificación e inversiones suficientes. En el caso de Catalunya, esto exige también disponer de más recursos. La reducción del déficit fiscal es una condición imprescindible para poder reforzar los servicios públicos, ampliar las infraestructuras y afrontar con garantías los retos derivados del crecimiento de la población.
Segundo, facilitar la integración. Acelerar la homologación de titulaciones, reforzar el aprendizaje de las lenguas y facilitar la incorporación al mercado laboral permitiría aprovechar mejor el talento disponible. La integración no es solo laboral; también es lingüística y cultural. El conocimiento y el uso de la lengua siguen siendo un factor esencial de cohesión social.
Adaptar los servicios públicos y las infraestructuras, facilitar la integración, impulsar la productividad y retener mejor el talento que formamos son claves para gestionar la inmigración
Tercero, impulsar la productividad. Más innovación, menos burocracia, empresas con mayor dimensión y una mejor conexión entre educación y empresa son condiciones necesarias para generar salarios más elevados. Cuarto, retener mejor el talento que formamos. Atraer talento es importante, pero también lo es crear las condiciones para que los jóvenes formados aquí quieran desarrollar su proyecto profesional.
Esto no significa ignorar los retos que también conlleva la inmigración. Cuando la llegada de población es intensa, aumenta la demanda de vivienda y de los servicios públicos. También pueden aparecer dificultades de convivencia si la integración no funciona adecuadamente. Por eso, la cuestión no es solo cuánta inmigración llega, sino también la capacidad de integrarla y generar oportunidades para todos.
Todo esto requiere una visión y una estrategia a largo plazo. La demografía, la educación, las infraestructuras, la vivienda, el mercado de trabajo o la integración no se transforman en pocos años. Por eso es necesario disponer de una estrategia compartida por las principales fuerzas políticas, económicas y sociales, con objetivos estables que vayan más allá de los ciclos electorales.
La inmigración es una realidad que, bien gestionada, puede contribuir a reforzar la competitividad, la cohesión social y la prosperidad. Pero cuando no se hacen bien las cosas, se desaprovecha talento, se tensionan los servicios públicos y se dificulta la integración. El reto no es solo acoger personas. El reto es crear las condiciones para que puedan desarrollar todo su potencial y contribuir al progreso colectivo.
