La lengua de las herramientas con las que trabajamos demasiado a menudo no ocupa un lugar destacado en las decisiones de digitalización de una empresa. Comparamos precios, prestaciones y garantías de seguridad, pero asumimos que en muchos casos tocará adaptarnos a los idiomas por defecto que nos ofrece el proveedor. El Informe Galaxia de Accent Obert pone cifras por primera vez a esta situación anómala. Hoy podemos hacer en catalán aproximadamente el 42% de los usos digitales cotidianos, un punto de partida todavía insuficiente. Pero ahora también disponemos de un mapa preciso de los vacíos que todavía hay que llenar, y que el tejido empresarial catalán puede contribuir a resolver, tanto con las herramientas que desarrolla como con las que decide contratar.
Una empresa puede redactar un proyecto en catalán, compartirlo en la nube o convocar una reunión sin cambiar de lengua. Pero cuando llega el momento de repartir tareas, organizar un proyecto o automatizar procesos, las opciones lingüísticas se pueden ver reducidas. Una misma jornada laboral puede alternar entre herramientas que nos permiten trabajar con normalidad en nuestra lengua y otras que nos obligan a sustituirla por otras hegemónicas en el mundo digital, normalmente el inglés o el castellano. A menudo lo hacemos de manera casi inconsciente: hemos aprendido a adaptarnos a la tecnología que tenemos disponible, aunque esta tecnología no siempre se adapte a nosotros.
Hemos aprendido a adaptarnos a la tecnología que tenemos disponible, aunque esta tecnología no siempre se adapte a nosotros
El Informe Galaxia presentado por Accent Obert, a partir del proyecto galaxia.cat compartido con Softcatalà, pone datos a esta experiencia muchas veces frustrante. Hoy, solo el 42% de los usos digitales cotidianos se pueden hacer plenamente en catalán. Es la principal conclusión de un estudio que analiza 342 herramientas distribuidas en 70 casos de uso y once categorías, con resultados ponderados según el uso de las herramientas. Es una estimación de la cobertura lingüística de las herramientas que más utilizamos en nuestro día a día y que nos permite orientar mejor los esfuerzos para ampliarla.
“Medir no es una finalidad en sí misma, sino una condición previa para intervenir con criterio”, dice Genís Roca, presidente de Accent Obert. La cifra admite lecturas diferentes, pero probablemente la más útil de todas es tomarla como un punto de partida fiable. Hay tanto una base notable sobre la que seguir construyendo como una distancia igualmente considerable por recorrer. Para Roca, “vamos por el buen camino, pero hay que avanzar más deprisa”. El mapa que dibuja el informe ayuda a concretar cómo hacerlo: identifica dónde estamos presentes, dónde estamos ausentes y qué actores podrían tener capacidad para intervenir.
Las herramientas de productividad, por encima de la media
La lectura específica para las empresas es ligeramente más optimista. El contraste más revelador aparece en la categoría de productividad y gestión, donde la cobertura del catalán alcanza el 52,4%, por encima de la media general. En ofimática, calendarios o almacenamiento en la nube existe una oferta sólida gracias a herramientas de los gigantes tecnológicos como Google Docs, Microsoft Office, Google Calendar, Drive o OneDrive. En cambio, la gestión de tareas y proyectos registra un 0% entre las principales plataformas comerciales presentes en el informe, algunas tan conocidas como Trello, Asana o Monday, que no incorporan el catalán entre sus opciones. La web de galaxia.cat recoge alternativas existentes, como Microsoft Planner o Google Tasks, pero el vacío entre las herramientas dominantes en el mercado es evidente.
Esta heterogeneidad provoca situaciones extrañas: podemos elaborar un documento en catalán y tener que gestionar su aprobación en un entorno que no lo ofrece. Podemos celebrar una reunión en catalán y tener que gestionar las tareas que se deriven con una aplicación que las organiza en otra lengua. El contenido que generamos en prácticamente la totalidad de aplicaciones puede seguir siendo en catalán, pero las instrucciones, los menús o las interacciones que estructuran cómo nos relacionamos responden a otro marco lingüístico y cultural. Vivir plenamente en catalán depende también de estas piezas infraestructurales menos visibles.
Trasladar el criterio lingüístico a las decisiones de mercado
La buena noticia, sin embargo, es que las empresas tienen margen para intervenir. Cuando una empresa contrata software, examina el precio, las funcionalidades, la seguridad, el soporte o la compatibilidad con otros sistemas en uso. Incorporar el criterio lingüístico a una comparativa de proveedores ayuda a hacer explícita una necesidad que a menudo se acepta que quede fuera de la conversación. “Ser exigentes con las herramientas que usamos nos permite ampliar el alcance de la búsqueda de una alternativa adecuada y premiarla, antes de asumir el coste y el desgaste de tener que cambiar de lengua”, recomienda Adrià Angerri, responsable del informe.
No es un enfoque identitario, es un criterio que también tiene sentido práctico. Una empresa debe disponer de herramientas que resuelvan sus necesidades y que su equipo pueda utilizar con facilidad y confianza. Cuando varias soluciones ofrecen prestaciones equivalentes, la disponibilidad del catalán puede inclinar la decisión y enviar una señal al mercado de que aquella prestación es valorada y puede llegar a ser decisiva. Y si la herramienta escogida, o una herramienta sin alternativas viables, no la incorpora, se puede trasladar la demanda al proveedor, incorporarla a las conversaciones de renovación o preguntar si figura en las actualizaciones previstas del producto.
Angerri: “Ser exigentes con las herramientas que usamos nos permite ampliar el alcance de la búsqueda de una alternativa adecuada y premiarla, antes de asumir el coste y el desgaste de tener que cambiar de lengua”
La demanda que no se expresa difícilmente entra en las prioridades comerciales. Si los clientes se adaptan siempre, un proveedor puede interpretar que la lengua es irrelevante para su mercado y no tendrá incentivos para incorporarla en el futuro. Hacerla visible contribuye a corregir esta percepción. Una petición aislada puede tener poco recorrido, pero una necesidad compartida por empresas, asociaciones profesionales, patronales y organizaciones sectoriales puede adquirir otra dimensión, todavía más si se vehicula de manera colectiva. El tejido empresarial tiene capacidad para agregarla y convertirla en una interlocución sostenida.
Tomar la iniciativa
Hay, también, una segunda vía para intervenir, y que con la irrupción de la inteligencia artificial tiene unas barreras de entrada más bajas que nunca. Para las empresas que desarrollan tecnología, este informe tiene una lectura complementaria que permite explorar oportunidades de mercado. Allí donde falta oferta, puede haber espacio para nuevos productos y servicios. El informe apunta, por ejemplo, a la gestión de tareas y la productividad personal como ámbitos donde se podrían impulsar proyectos locales de alcance asumible, pero las oportunidades existen en muchas otras de las categorías analizadas. Es una invitación directa para que diferentes actores del ecosistema empresarial estudien necesidades concretas de los usuarios que ahora están desatendidas o son difíciles de resolver o tienen un sobrecoste.
El vacío lingüístico, por sí solo, no garantiza la existencia de un negocio. Hacen falta herramientas útiles, competitivas y sostenibles, con un servicio que responda ante sus usuarios. Pero la lengua puede formar parte de una propuesta de valor más amplia, vinculada al conocimiento experto de los usuarios y del contexto en que trabajan y viven. Un desarrollador que entiende las necesidades de un sector puede integrar también su realidad lingüística. Y un proveedor de servicios digitales puede ayudar a los clientes a encontrar, configurar y utilizar mejor las soluciones que ya existen.
Este trabajo requiere conexión entre quien detecta una necesidad y quien tiene capacidad para resolverla. Las empresas usuarias pueden aportar casos reales, probar herramientas y explicar las condiciones que facilitarían su adopción. Los desarrolladores pueden contrastar si la demanda es suficientemente compartida y si el proyecto tiene recorrido. Las entidades, las organizaciones empresariales y las instituciones pueden facilitar estos espacios y compartir costes y riesgos. Disponer de un diagnóstico común permite empezar la conversación desde un terreno compartido mejor delimitado.
Un mapa para orientar las decisiones
Galàxia.cat, en funcionamiento desde julio de 2025, ya permite encontrar herramientas con las que podemos trabajar en catalán con unos criterios de calidad fijados conjuntamente con Softcatalà. Lo que hace el informe es orientar los esfuerzos hacia los ámbitos que todavía quedan por cubrir. Para el tejido empresarial, estos recursos significan la oportunidad de aprovechar mejor la oferta disponible, hacer valer sus demandas ante los proveedores y explorar nuevos desarrollos cuando haya una necesidad y un proyecto viables.
No es una quimera: el Informe Galàxia señala herramientas y plataformas que ya incorporan lenguas con dimensiones y circunstancias comparables al catalán. La dimensión de la comunidad lingüística no explica, pues, por sí sola, estas ausencias. La diagnosis de Angerri es que en estos casos, “la ausencia responde a una prioridad empresarial, no a una limitación técnica ni a un rechazo cultural explícito; por lo tanto, hay suficientes elementos para reclamar su incorporación.”
Galàxia.cat, en funcionamiento desde julio de 2025, ya permite encontrar herramientas con las que podemos trabajar en catalán con unos criterios de calidad fijados conjuntamente con Softcatalà
“No todos los vacíos exigirán la misma respuesta”, advierte Roca. Para las empresas, esta distinción es relevante y es una de las claves principales del informe: no hay una solución universal a la situación del catalán en el mundo digital, pero ahora disponemos de una diagnosis precisa para actuar con más criterio y distinguir entre situaciones que demandan diálogo con un gran proveedor, necesidades que el mercado podría resolver por sí solo e incluso áreas donde el ecosistema local podría tomar la iniciativa.
El mapa permite valorar dónde conviene actuar y con qué capacidades. El 42% es solo la fotografía fija de este 2026. Hacerlo crecer también pasa por decisiones cotidianas de las empresas: qué contratamos, qué reclamamos y qué decidimos construir. Incorporar el catalán a estas decisiones es una manera de hacer que la tecnología se adapte mejor a las personas y organizaciones que la utilizan.
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