La pregunta del titular no es nada capciosa. El 2026 es mucho más relevante de lo que mucha gente puede creer. Cuando en 2019 el viquipedista Àlex Hinojo, en el documental Llenguaferits, reclamó poder hablar en catalán con la tostadora, fue ridiculizado hasta el punto de convertir la afirmación en un meme de internet. Pero en perspectiva, Hinojo fue un visionario, ya que alertó de que los derechos lingüísticos se disputaban también en relación con la tecnología.
Poder comunicarse o no en catalán con la tecnología dice tanto de los dispositivos como de sus usuarios. Porque es el resultado de las decisiones tomadas en un extremo y el otro de la ecuación. Google, Apple o Microsoft, cualquier fabricante de hardware, desarrollador de software, plataforma de servicios o empresa de gran consumo no toma las decisiones de usabilidad y diseño por simpatía. Deciden por uso y volumen, según los estímulos que reciben de sus audiencias, las señales detectables que, de manera consciente o no, les envía el mercado.
Poder comunicarse o no en catalán con la tecnología dice tanto de los dispositivos como de sus usuarios
En resumen, hay muchos más catalanohablantes de los que la tecnología ve. Somos más de lo que parece, un argumento circular y bastante perverso. Como hay menos dispositivos configurados en catalán de los que correspondería al volumen real de la comunidad lingüística, las empresas líderes en el mercado perciben menos demanda. Como perciben menos demanda, priorizan otras lenguas. Como priorizan otras lenguas, los usuarios se acostumbran a vivir digitalmente, sobre todo en castellano o en inglés. Y una vez asumido el hábito, el catalán envía una señal aún más débil y los usuarios que quieren seguir usándolo se enfrentan cada vez a una fricción mayor.
Este es uno de los problemas invisibles del catalán, pero quizás de los más decisivos para su uso cotidiano y su futuro. “Un colega valenciano me decía que su hijo tenía el móvil en castellano porque no podía hablarle en catalán. Pequeños gestos como estos son una putada. Siempre nos piden un punto de activismo para normalizar la situación del catalán en la red”, se quejaba Hinojo en una entrevista aquel 2019. La buena noticia es que en 2026, a diferencia de muchos otros retos estructurales que enfrentan la lengua y la cultura catalanas, este se puede resolver, parcialmente al menos, de manera autónoma y bastante inmediata.
Es tan sencillo como usar el catalán siempre que sea posible, también en el ámbito digital. Más fácil de decir que de hacer, pero con mucha menos fricción y probablemente más fructífero que hacerlo en la calle. Las señales que emitimos en nuestra lengua a través de la configuración de los dispositivos, de los navegadores, de los sistemas operativos, de las cuentas de usuario, también en las búsquedas, los clics y nuestros patrones de consumo digital llegan de manera clara e inequívoca a nuestros interlocutores para que dimensionen de manera precisa la comunidad catalanohablante.
Y a la inversa. Cuando un usuario catalanohablante tiene el móvil o el ordenador en castellano, el navegador web en castellano, la cuenta de correo en castellano y las aplicaciones en castellano, por mucho que use el catalán en su entorno físico, consuma contenidos en catalán en la radio o la televisión lineales o vote a favor de todas las políticas de promoción lingüística imaginables, será invisible para las empresas tecnológicas y quedará disuelto en un mercado mucho más grande y será contado dentro de una comunidad que ya tiene todas sus necesidades lingüísticas atendidas.
Cuando un usuario catalanohablante tiene el móvil o el ordenador en castellano, es invisible para las empresas tecnológicas y queda disuelto en un mercado mucho más grande
No es un ámbito excluyente, sino complementario, en paralelo con la reivindicación y las medidas de presión que se abanderan desde la sociedad civil. Pero mientras que la defensa y la promoción del catalán en el ámbito físico dependen de legislaciones y dotaciones presupuestarias, con grados de compromiso y cumplimiento variables y con incontables actores implicados en un equilibrio tan complejo como frágil, en el ámbito digital las políticas lingüísticas son mucho más transparentes y se puede incidir con acciones concretas.
Configura.cat, una campaña para pasar de los derechos a la señal
Para enfrentar este reto, Accent Obert, Òmnium Cultural, Plataforma per la Llengua y Softcatalà, en el marco de la Alianza por la Presencia Digital del Catalán, impulsan la campaña Configura.cat. Albert Cuesta, uno de los primeros promotores de la catalanización de servicios digitales y actual portavoz de la Alianza, resume el objetivo de esta iniciativa recordando que “las grandes tecnológicas no especulan con sentimientos, cuentan señales. Cada dispositivo configurado en catalán es una manera inequívoca de hacerles saber que existimos, que somos un mercado atractivo para ellas. Es el único lenguaje que entienden”.
El punto de partida de la campaña es la asunción del resultado de auditoría que nos debería incomodar colectivamente. “La mayoría de los dispositivos, aplicaciones y servicios digitales más habituales ya permiten usar el catalán en algún grado, pero demasiados usuarios que lo defienden y lo hablan habitualmente continúan navegando con sus aparatos configurados en castellano o en inglés, sea por elección, desconocimiento o, en el peor de los casos, por omisión”, resume Cuesta. La Alianza calcula que de los 25 millones de teléfonos, ordenadores y tabletas que hay en los territorios de habla catalana, solo cinco millones tienen el catalán como preferencia.
Cuesta: "Las grandes tecnológicas no especulan con sentimientos, cuentan señales. Cada dispositivo configurado en catalán es una manera inequívoca de hacerles saber que existimos"
La web Configura.cat ofrece una solución fácil a esta situación anómala, poniendo a disposición herramientas para escoger el catalán como lengua para los dispositivos y servicios digitales que usamos cada día. El funcionamiento es simple: hay que escoger el dispositivo o servicio que se quiere cambiar y seguir las instrucciones. Como dice Cuesta, “no hay que tener conocimientos técnicos, ni instalar nada, ni contratar ningún servicio. El cambio se hace desde las opciones de configuración habituales, con plena seguridad y en muy poco tiempo”.
Configura.cat acorta la distancia que demasiado a menudo hay entre las buenas intenciones y su materialización. Configurar en catalán no cuesta dinero ni obliga a renunciar a otras lenguas si también se quieren mantener como opciones secundarias. Es un gesto rápido, gratuito y fácil de compartir y replicar, en casa, en la escuela, en el trabajo o en una organización entera. Y lo más importante, una vez hecho, tiene efectos inmediatos: mientras el usuario se puede comunicar en su lengua habitual, la hace más visible a los ojos de las plataformas que miden nuestro comportamiento en la red.
La empresa catalana como multiplicador de la señal
La campaña puede alcanzar un nuevo orden de magnitud en la medida que pase de ser percibida como una responsabilidad individual de los ciudadanos y se implique el tejido empresarial del país, junto con el resto de la sociedad civil organizada. Si hasta ahora Configura.cat ha servido para catalanizar miles de dispositivos, la empresa catalana puede hacerla saltar de escala y aumentar de manera significativa la proporción de 1 dispositivo configurado en catalán de cada 5 dispositivos existentes en los territorios de habla catalana.
Una persona puede cambiar un teléfono, una tableta, un ordenador. Pero una empresa puede cambiar cientos o miles de dispositivos de manera simultánea, junto con cuentas corporativas, navegadores, sistemas internos, ordenadores de trabajo, tabletas comerciales o herramientas de ofimática. Hay una diferencia notable entre la suma de preferencias individuales y una política de empresa.
Las lenguas medianas no pueden permitirse el lujo de ser invisibles en los lugares donde hoy se decide la inversión, el desarrollo de producto o la segmentación publicitaria
La idea de fondo que deben comprender las empresas catalanas es que configurar en catalán, aparte de ser un gesto de coherencia cultural es, sobre todo, inteligencia de mercado. Si una compañía ya atiende y se comunica con sus clientes, socios y proveedores en catalán, si defiende la autenticidad y la proximidad como valor de marca, tiene muy poco sentido que su parque digital interno continúe hablando otra lengua por defecto. Si las empresas quieren ser más eficientes, deben poder disfrutar de herramientas y servicios que operen de acuerdo con las preferencias y expectativas de sus clientes y empleados. Y solo estarán disponibles con la calidad y los costes óptimos si estos proveedores tecnológicos han recibido las señales adecuadas con el volumen suficiente y de manera sostenida.
Una empresa que configura su tecnología en catalán se suma a hacer visible una demanda que ya existe, pero que demasiado a menudo no queda registrada. Convierte una convicción socialmente extendida pero difusa en un dato concreto y comprensible. Y los datos, en la economía digital, circulan, se agregan y son la base sobre la que se toman las decisiones de negocio relevantes. Las lenguas medianas no pueden permitirse el lujo de ser invisibles en los lugares donde hoy se decide la inversión, el desarrollo de producto, la segmentación publicitaria, el entrenamiento de herramientas de inteligencia artificial o la disponibilidad de interfaces.
“El catalán está, pero no está lo suficiente”, decía Genís Roca, presidente de Accent Obert, en la presentación de la campaña. Configurar en catalán es hoy más necesario que nunca. Y también es más sencillo. Hacerlo no garantiza nada de manera automática. Pero no hacerlo sí que asegura que el catalán en el ámbito digital siga percibiéndose más pequeño de lo que realmente es.
