• Un futuro en la cocina: jóvenes en riesgo de exclusión encuentran su camino en Villa Retiro

Un futuro en la cocina: jóvenes en riesgo de exclusión encuentran su camino en Villa Retiro

La escuela de cocina del restaurante Villa Retiro, con estrella Michelin, hace casi una década que forma jóvenes en situación de vulnerabilidad que buscan una oportunidad

Varios estudiantes de la escuela de cocina de Villa Retiro durante una formación | © Fundació ”la Caixa”
Varios estudiantes de la escuela de cocina de Villa Retiro durante una formación | © Fundació ”la Caixa”
20 de Mayo de 2026 - 04:53
Act. 20 de Mayo de 2026 - 16:53

La Escuela de Cocina Villa Retiro, en Xerta (Baix Ebre), es hoy un referente para jóvenes en riesgo de exclusión social que desean construir su futuro alrededor de los fogones. “Como empresa buscábamos hacer algo solidario y pensamos que era muy bonito ofrecer formaciones para que, al final, pudieran encontrar un camino en nuestra profesión”, explica el chef Fran López. En 2018, la Escuela de Cocina Villa Retiro empezó a colaborar con el programa de inserción laboral Incorpora, de la Fundació ”la Caixa”, alianza que supuso un nuevo impulso para el proyecto formativo de la escuela y permitió ampliar las oportunidades para jóvenes en situación de vulnerabilidad. Desde entonces, más de 200 jóvenes han encontrado una vía de entrada al sector de la restauración.

 

“Buscamos gente con motivación y ganas de trabajar realmente en este sector”, comenta el chef. “La cocina es un oficio que les permite viajar y trabajar en cualquier lugar del mundo. Es una gran oportunidad para ellos”, agrega.

Uno de los alumnos es Abdallah, un joven argelino de 17 años que solo hace siete meses que está en España. Descubrió el curso de cocina de Villa Retiro gracias a los educadores del centro de menores de Tortosa (Baix Ebre). “Desde que llegué expliqué a los educadores que quería trabajar en el mundo de la cocina”, explica el joven. Otro de los participantes es Zakaria, de 30 años, que llegó a Tortosa hace dos años desde Marruecos. Conoció la escuela a través de un amigo que ya había hecho la formación. “Siempre me ha gustado aprender cosas nuevas y mi objetivo ahora es coger mucha experiencia en la cocina”, comenta. Cada semana, con la chaqueta, el delantal y la gorra de cocinero, Abdallah, Zakaria y el resto de sus compañeros escuchan atentamente las explicaciones de los profesores y se esfuerzan por aprender el oficio. “Trabajamos y nos ayudamos entre nosotros como una familia”, afirma Abdallah.

 

A pesar de la distancia, Abdallah mantiene contacto con su familia y les explica todos sus progresos en el curso de cocina: “Mi madre quiere que me convierta en un buen cocinero”, asegura. “Me gustaría ser un chef de renombre y poder trabajar en Barcelona”, explica el joven con ilusión.

Delantal, vocación y ganas de aprender

La formación se estructura en dos niveles: el primero, de auxiliar de cocina, dura tres meses y ofrece una aproximación inicial al oficio; el segundo, de cocinero, se prolonga durante cuatro meses y permite especializarse y profundizar en los conocimientos culinarios. “Vemos tipos de corte, conocimiento del material, nombre de las técnicas y alimentos. También tratan diferentes cocciones e incluso tocan pastelería y masas”, explica el responsable de cocina de Villa Retiro.

La parte práctica se complementa con sesiones teóricas sobre otros aspectos de la restauración, como la relación con los proveedores o el conocimiento de diferentes productos. Los estudiantes también trabajan habilidades transversales como la puntualidad, la limpieza o el respeto que, como indica Fran López, son “aspectos importantes para que se puedan incorporar con normalidad en un puesto de trabajo”.

Además de orientar a las personas en riesgo de exclusión social que buscan trabajo, en Incorpora se lleva a cabo una tarea constante de sensibilización para animar a más empresas a ofrecerles oportunidades laborales. “Dentro de nuestra empresa no hay prejuicios. Es igual de dónde vengan, lo importante es que aporten al equipo”, afirma Fran López.

La colaboración entre el programa Incorpora y la Escuela de Cocina Villa Retiro contribuye a construir territorios socialmente más responsables. En entornos rurales como Xerta, donde las oportunidades laborales suelen ser más limitadas, iniciativas como esta generan dinámicas inclusivas que fortalecen el tejido social y económico. La implicación de empresas locales comprometidas no solo facilita el acceso al empleo de personas en situación de vulnerabilidad, sino que también impulsa modelos de desarrollo más equitativos, sostenibles y vinculados al territorio. “Cuando una empresa se implica en ofrecer oportunidades a personas que lo tienen más difícil, no solo transforma trayectorias individuales, sino que también contribuye a construir comunidades más cohesionadas y resilientes en el territorio. Este tipo de alianzas demuestra que la inclusión social también se puede convertir en una palanca de desarrollo local”, asegura Marc Simón, subdirector general de Social de la Fundació ”la Caixa”.

Trabajos que se convierten en oportunidades de vida

En cada una de las formaciones impulsadas por Incorpora en Villa Retiro, cerca del 70% del alumnado ha conseguido encontrar un trabajo. “El objetivo de estos cursos es que salgan de aquí preparados para entrar en el mundo laboral”, explica Fran López, que tiene varios exalumnos en su propio equipo. “Otros hoy ocupan cargos de responsabilidad en cocinas importantes del territorio”, añade.

Uno de estos exalumnos es Ba Yaya Darboe, de 25 años, que fue uno de los primeros estudiantes de la formación impulsada por Incorpora. Yaya llegó a España hace nueve años desde Gambia con la idea de encontrar un futuro mejor. Después de pasar por el centro de menores de Tortosa, insistió en buscar cursos que le permitieran empezar a trabajar. Aunque su intención era formarse como mecánico, una educadora le habló del curso de cocina en Villa Retiro y decidió probarlo. “Poco a poco me fui enamorando de la cocina, sobre todo de la repostería”, comenta.

La Escuela de Cocina Villa Retiro fue un impulso decisivo para él. Hoy es segundo de cocina del restaurante L’Algadir del Delta, donde trabaja junto con el chef Joan Capilla, galardonado con una estrella verde Michelin. “Villa Retiro me abrió el mundo laboral. Gracias al curso conocí a Fran y a Joan, y hoy sigo trabajando en la cocina gracias a ellos”, afirma Yaya. La estabilidad laboral le ha permitido establecerse en La Ràpita, donde ha formado una familia y tiene dos hijos, de uno y cinco años. Ahora empieza a pensar en el siguiente paso de su carrera: “En un futuro, me gustaría montar algo propio en Gambia y llevar la cocina de aquí hacia allá”, explica.

Aprender un oficio para arraigar

El ficus centenario que preside el jardín de Villa Retiro clava sus raíces en la bodega del restaurante y simboliza el arraigo y la conexión de la finca con el territorio. En cierto modo, quienes pasan por la escuela buscan también esto: establecerse, crecer, para arraigar en su nuevo entorno y construirse un futuro más sólido. Para Fran López, transmitir la pasión por la cocina y ofrecer una oportunidad real a personas que la necesitan es una satisfacción. “Es un orgullo que gente que ha empezado con nosotros, que se ha formado y que lleva el ADN Villa Retiro, ahora esté en cargos de responsabilidad”, afirma.

Los testimonios de Yaya, Abdallah y Zakaria reflejan la importancia de la labor del programa Incorpora de la Fundació "la Caixa", que impulsa cada año cerca de 40.000 oportunidades laborales para personas en situación de vulnerabilidad, entre las cuales más de 9.000 jóvenes con dificultades para acceder a un empleo. La iniciativa actúa como puente entre empresas con compromiso social, como Villa Retiro, y personas en situación de vulnerabilidad que necesitan una primera oportunidad laboral. Cuando se combina formación profesional, acompañamiento y opciones reales de empleo, el cambio deja de ser una promesa y se empieza a convertir en una trayectoria tangible y transformadora.