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Estarellas: “Hay que prevenir que Europa sea un supermercado de propiedades intelectuales”

El Cercle d’Economia reúne tres casos de éxito de emprendimiento en un encuentro que denuncia las complicaciones legales y de financiación para crecer en Europa

Marta P. Estarellas, CEO de Qilimanjaro Quantum Tech, en el encuentro '¿Quién financia la innovación?' del Cercle d'Economia | cedida
Marta P. Estarellas, CEO de Qilimanjaro Quantum Tech, en el encuentro '¿Quién financia la innovación?' del Cercle d'Economia | cedida
Marc Vilajosana, periodista de VIA Empresa | Mireia Comas
Periodista
Barcelona
17 de Septiembre de 2026 - 05:48
Act. 17 de Septiembre de 2026 - 17:50

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La primera es una de las pocas empresas de Europa dedicadas al diseño y construcción de ordenadores cuánticos. La segunda, la creadora de uno de los softwares de gestión empresarial y de recursos humanos más empleados en el mundo. Y la tercera, una startup a las puertas de la fase clínica de un dispositivo médico que puede cambiar la manera en que funciona la reproducción asistida. Qilimanjaro Quantum Tech, Factorial y Lumiris Spectral Solutions son tres empresas que comparten ciudad (Barcelona), una fuerte apuesta por la innovación y, este jueves, también el auditorio de la sede del Cercle d’Economia. Ha sido en este escenario en el que el profesor de Iese Business School, Xavier Vives, ha reunido a tres de sus principales representantes para plantearles una cuestión: ¿cómo se puede crear y mantener un ecosistema de innovación repleto de proyectos como los suyos?

 

Esta mesa redonda, colofón final de la jornada ¿Quién financia la innovación?, organizada por el Cercle y SpainCap, ha recogido todas las ideas lanzadas en los debates anteriores, centrados en la financiación pública y privada, y las ha filtrado a través del punto de vista del destino de estos capitales: las empresas. Y lo ha hecho con una selección de firmas que, además, ha permitido conocer diversas realidades financieras.

Qilimanjaro Quantum Tech, por ejemplo, ha seguido un camino relativamente diferente al de otras compañías de tecnologías profundas (deep tech), generalmente dependiente del llamado “capital paciente”, debido a los largos periodos de desarrollo de estos negocios. “Nosotros, desde el día uno, tuvimos clientes grandes, como un centro de investigación de Abu Dhabi, y también ha sido muy importante la compra pública”, ha relatado la CEO de la firma, Marta P. Estarellas. Sin embargo, esto no quiere decir que Qilimanjaro no haya tenido que depender del capital privado, que empezó a llegar con una primera ronda de inversión “con una serie de notas convertibles”, que tuvo tanto inversores privados como públicos. En la actualidad, la empresa está a las puertas de una nueva serie A que Estarellas ha asegurado que es “más ambiciosa”, ya que el objetivo no es otro que “entrar en la carrera global de una tecnología que se está sobreacelerando”.

 

El caso de Factorial es diferente. “Nosotros históricamente hemos ido a buscar dinero fuera, en Estados Unidos, en el Reino Unido y en Europa”, ha confirmado el director de alianzas estratégicas del unicornio catalán, Marcel Queralt. En las múltiples rondas que ha levantado la compañía barcelonesa —la última ha sido una serie D de 150 millones este mismo septiembre, liderada por General Catalyst—, “nunca un fondo español ha liderado una”.

Fundada hace diez años, Queralt ha recordado que las startups especializadas en software informático perdían rápidamente el control accionarial en Europa entonces, una tendencia de la que en Factorial quisieron distanciarse rápidamente. En la actualidad, la firma supera los 2.500 millones de dólares de valoración y empieza a plantearse la salida a bolsa, aunque “todavía no hay nada”, ha avanzado el director de alianzas estratégicas. Lo que sí tienen claro es que el objetivo es continuar haciendo este crecimiento desde Barcelona: “No creo que haga falta irse a Estados Unidos. La suerte es que el dinero extranjero puede venir aquí muy fácilmente; se puede hacer perfectamente”.

Queralt (Factorial): “No creo que haga falta irse a Estados Unidos. La suerte es que el dinero extranjero puede venir aquí muy fácilmente”

La más novel de las tres es Lumiris, que se constituyó como empresa en el año 2024, aunque la investigación que encendió la chispa del emprendimiento se remonta hasta 2018. Nacida como una empresa derivada del Institut de Bioenginyeria de Catalunya (IBEC), la tecnología patentada de la startup combina maquinaria de fotónica con software propio e inteligencia artificial de análisis de datos. “Podemos medir el metabolismo de células vivas, en tiempo real y con un método no invasivo, para detectar cuál es el mejor embrión que se transmite a una mujer en reproducción asistida”, ha resumido la CEO y cofundadora del negocio, Anna Seriola. La compañía, fundada con un 75% de capital privado y un 25% de público, ha conseguido ya la validación tecnológica con prototipos y ahora se encuentran inmersos en una ronda de inversión para dar el paso a los ensayos clínicos. “El siguiente paso será la industrialización, certificación y regulatoria”, ha continuado Seriola, “y una salida al mercado secuencial y global a través de Europa, Estados Unidos y Japón”.

Las dificultades para captar grandes volúmenes de financiación

Marcel Queralt, director de alianzas estratégicas de Factorial, en el encuentro del Cercle d'Economia | Cedida
Marcel Queralt, director de alianzas estratégicas de Factorial, en el encuentro del Cercle d'Economia | Cedida

Aunque se encuentran en tres momentos diferentes del ciclo de vida, las tres compañías comparten muchos obstáculos comunes que una empresa europea de base tecnológica afronta en el mercado global. Estarellas, por ejemplo, ha apuntado hacia la dificultad de competir con la capacidad de captar volúmenes de inversión, tanto públicos como privados, de otros países (incluso europeos): “Compañías que empezaron a la vez que nosotros, y con una madurez tecnológica similar, han levantado capitales de 300 o 400 millones”.

Esta situación, que se da con firmas de Francia y Finlandia, deriva, según la CEO de Qilimanjaro, de una capacidad más alta de acceder a fondos de Estados Unidos. Y aquí entra en juego la “situación esquizofrénica” de los fondos soberanos europeos: “Si tú quieres hacer crecer el proyecto, estás forzado a buscar capital privado fuera de Europa y plantear unas salidas que van en contra de los mandatos de soberanía que tienen estos fondos”.

Queralt ha compartido el análisis de Estarellas, aunque ha matizado que “en diez años ha cambiado mucho todo”. Aun así, el director de alianzas estratégicas de Factorial ha identificado dos grandes puntos de mejora que, a su parecer, permitirían que el mercado europeo ganara competitividad con relativa facilidad. El primero de ellos es adaptar las normativas para promover el reparto de riqueza de las grandes scaleups con sus empleados en forma de participación accionarial: “En Estados Unidos, el capital se reparte mucho más con los trabajadores, y eso hace que el sistema cree nuevos fundadores”.

Seriola (Lumiris) pide que el desembolso de financiación pública se adapte a hitos demostrables y no a plazos temporales 

El segundo, también vinculado a la legislación, sería una unificación de los criterios legales para operar en los diferentes países europeos. “Google, en Estados Unidos, vende igual en Arizona que en San Francisco, porque solo hay un mercado. Pero en Europa, escalar un negocio es un problema enorme”, ha lamentado Queralt. “Podríamos ir mucho más rápidos si tuviéramos la misma fórmula en España, Italia y Alemania”, ha insistido.

Por su parte, Seriola ha apuntado que, especialmente en la financiación pública, los desembolsos de capital se llevan a cabo bajo unos periodos temporales que no necesariamente coinciden con las necesidades de las empresas. “La financiación va muy ligada a unos plazos, y sería interesante poder tener los pagos vinculados al logro de ciertos hitos: de esta manera, aunque haya pasado menos tiempo, te permitiría acelerar”, ha expresado la cofundadora de Lumiris.

El dilema del talento y la falta de formación legal

Anna Seriola, CEO y cofundadora de Lumiris, en el encuentro del Cercle | Cedida
Anna Seriola, CEO y cofundadora de Lumiris, en el encuentro del Cercle | Cedida

Eso sí, cuando han sido preguntados sobre factores contextuales, más allá de la financiación, que afectan el rendimiento de las compañías innovadoras, los tres invitados han coincidido en señalar el talento como el elemento más importante. Estarellas ha sido taxativa: “No tenemos nada que envidiar, en España y en Europa, respecto a otros países. En física cuántica e ingeniería producimos una barbaridad de talento; las personas que lideran la computación cuántica, también en Estados Unidos, son muchas de ellas españolas”. En el caso de Factorial, Queralt ha compartido una anécdota que ilustra bastante bien este hecho: “Tenemos en Barcelona perfiles de toda Europa y del mundo en nuestra oficina. Tengo un equipo que trabaja para Italia, y ahora hay competidores italianos, con un producto similar, que están abriendo oficinas para captar talento italiano… ¡en Barcelona!”.

Estarellas (Qilimanjaro): “Las personas que lideran la computación cuántica, también en Estados Unidos, son muchas de ellas españolas”

Y es precisamente por hechos como estos que Estarellas considera “una pena” que estos profesionales no trabajen hoy en la península. El problema sigue siendo el mismo: “Falta capital”. Eso sí, “ahora está cambiando”, ha dejado caer la CEO de Qilimanjaro, que ha puesto su caso personal como ejemplo. También en la empresa lo han experimentado de primera mano: “Hemos sido capaces de atraer a grandes expertos séniors de Estados Unidos, americanos o no, y no ha sido por poder pagarles lo que cobraban; de hecho, se lo han tenido que reducir bastantes múltiplos”. Seriola, por su parte, ha asegurado que “cuesta muchísimo mantener” el talento, pero que una de las vías importantes son las iniciativas en las que se trabajan: “El talento se mantiene por proyectos muy buenos y por tener las ganas de que lleguen donde tienen que llegar”.

Dificultades para acceder a grandes volúmenes de financiación, complicaciones legislativas, falta de reparto del capital con posibles nuevos emprendedores y encontrar alguna manera de aprovechar mejor el talento que ya producimos en Catalunya. Cuatro ideas a las que Estarellas ha querido añadir una última: la alarmante falta de formación en el mundo científico sobre propiedad intelectual. “A mí, en la universidad, nunca se me enseñó qué era una patente. Y eso es un problema”, se ha lamentado la CEO de Qilimanjaro.

Para Estarellas, el mundo académico debe hacer un cambio de chip y darse cuenta de que “la prioridad no es publicar un paper científico, sino hacer una patente o proteger por otros medios” el conocimiento producido en las universidades. La directiva ha concedido que “es verdad que muchos centros están poniendo fuerza”, pero considera “fundamental” seguir presionando en esta dirección, porque si no “estaremos regalando una gran cantidad de conocimiento”. “Hay que prevenir que Europa sea un supermercado de propiedades intelectuales. Debemos conseguir que la única salida posible de compañías fuertes en generación de conocimiento sea la adquisición”, ha remachado. ¿Cómo hacerlo? Eso ya son deberes para los economistas que escuchaban con atención el encuentro.

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