"Sin agroalimentación no habrá ni comida, ni territorio, ni seguridad alimentaria ni transición verde posible". Ya hace casi dos meses desde que todo un referente de la agroalimentación en Catalunya -y colaborador de este medio-, Francesc Reguant, advirtiera que era necesario transformar el sector para garantizar su supervivencia.
Este lunes, el salón Alimentaria + Hostelco da el pistoletazo de salida de sus 50 años. Una cifra redonda que, si bien supone un motivo de orgullo y representativo de la Barcelona de congresos que conviene proyectar al mundo, no debe desviar la cuestión central que este año la rodea. Esta no se trata de ningún aniversario; más bien, de una responsabilidad. La de abordar, por fin, los elementos de riesgo que amenazan un sector que todavía hoy concentra el 19% del PIB catalán.
Pero no todos son domésticos. La edición de este año contará con un 25% de visitantes internacionales, especialmente de Europa, América del Norte y Latinoamérica. Es un cuarto del total de las 110.000 personas que caminarán por los pabellones del recinto Gran Via de Fira de Barcelona. La oportunidad de convertirse en el punto neurálgico de la agroalimentación durante cuatro días no debería ser desaprovechada. Especialmente, en mitad de un contexto internacional tenso y que avanza nuevos encarecimientos de los productos alimentarios en el territorio. Además de las exposiciones de las empresas de casa, cabe destacar la relevancia de acuerdos como el Mercosur o el más reciente con la India.
"La oportunidad de convertirse en el punto neurálgico de la agroalimentación durante cuatro días no debería ser desaprovechada. Especialmente, en medio de un contexto internacional tenso y que avanza nuevos encarecimientos de los productos alimentarios en el territorio"
Que Fira de Barcelona sea hoy el mejor rincón del mundo donde conectar a comerciantes catalanes con latinoamericanos o indios es un hito destacable. Y hay que preservarlo. Pero también explotarlo. Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el Govern ha espoleado a nuestras empresas a tejer nuevas alianzas comerciales. Eso que se llama abrir mercado. Ahora, el conflicto en Oriente Próximo acentúa esta circunstancia. Y Alimentaria permite estas reuniones de negocio: se han previsto más de 14.500.
Con todo, el mismo Reguant ha advertido repetidamente a VIA Empresa de la dependencia que sufre Catalunya de las importaciones provenientes del mercado global. Todo ello, a pesar de disponer de varios gigantes del sector agroalimentario a escala estatal. "Catalunya no es la primera de Europa en agricultura y agroalimentario, pero si se juntan ambos conceptos, se convierte en el primer clúster agroalimentario de Europa", exponía el experto hace solo unas semanas.
"Hace años que se ignoran las demandas del sector agroalimentario catalán, como la falta de relevo generacional -que lastra la viabilidad de nuestras empresas-, la mala gestión del regadío y la escasa visión a largo plazo"
Esta circunstancia es una paradoja evidente, pero a la vez puede derivar en elemento de riesgo en situaciones de conflictos comerciales o guerras como la actual. Hace años que se ignoran las demandas del agroalimentario, como la falta de relevo generacional -que lastra la viabilidad de nuestras empresas-, la mala gestión del regadío y la escasa visión a largo plazo que hay con las nuevas tendencias de consumo. Por cierto, este último ruego será, irónicamente, uno de los puntos estrella de Alimentaria + Hostelco 2026.
En medio de un conflicto a gran escala y la entrada en vigor de dos acuerdos comerciales de gran importancia, quizás la de este año es una edición ideal para que los responsables políticos observen el salón como algo más que una feria de 50 años en la que hacerse una foto oficial. El futuro de una quinta parte de la economía catalana se juega -y se debate- aquí, esta semana.