En más de una organización se repite la misma escena. Después del comité de dirección llega una nueva reunión: no para tomar decisiones, sino para explicarlas. Alguien redacta una nota, alguien más la revisa para que "quede bien alineada", y comunicación interna la distribuye con el tono adecuado. Hace tiempo que nadie se pregunta por qué hay que explicar tres veces una decisión para que se entienda una sola vez.
En Cuando un buen discurso esconde una mala dirección, hablábamos del líder que fabrica ambigüedad a conciencia porque le da control. Aquí está la pieza que falta: este líder no sostiene solo la confusión. La sostienen los mandos intermedios, que dedican horas a reinterpretar, matizar y traducir mensajes que nunca deberían haber necesitado este esfuerzo. No lo hacen por deslealtad ni por falta de criterio. Lo hacen porque, mientras lo hacen, la organización sigue funcionando y nadie les puede atribuir la culpa de nada.
"Hace tiempo que nadie se pregunta por qué hay que explicar tres veces una decisión para que se entienda una sola vez"
Aquí está el beneficio que nadie dice en voz alta: diagnosticarlo como "un problema de comunicación" no señala a nadie. Redactar una nota mejor, convocar otra reunión, pulir el relato -todo esto es trabajo visible y sin riesgo-. Decir "aquí alguien decide no decidir, y le sale gratis" exige señalar a alguien con nombre y apellido, normalmente alguien por encima de ti. Por eso es más fácil mejorar un mensaje que confrontar a quien se beneficia de que no haya ninguna clara.
Y esto tiene un coste que no aparece en ningún informe: horas invertidas en aclarar aquello que debería haber estado claro desde el principio, reuniones que existen solo porque la anterior no resolvió nada, prioridades que cada uno interpreta a su manera porque nadie ha fijado una.
La prueba es sencilla e incómoda a partes iguales. Cuando la respuesta a la confusión sea "comuniquémoslo mejor", detente y pregunta otra cosa: quién debería decidir esto, y por qué no le cuesta nada no hacerlo. Si la respuesta sale enseguida, tenías un problema de comunicación. Si nadie la sabe, o la sabe y calla, el problema -y el beneficio de quien lo mantiene- era otro desde el principio.
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