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Experto en comunicación y presidente de la Associació de Senadors JCI Catalunya

Liderar en tiempos de ruido: qué diferencia a Carney de otros estilos de liderazgo

31 de Enero de 2026
Carles Lombarte, experto en comunicación y presidente de la Associació de Senadors de JCI Catalunya | Cedida

El discurso de Mark Carney en el Foro Económico Mundial de Davos es relevante no tanto por lo que dice sobre geopolítica, sino por lo que enseña sobre cómo liderar cuando el ruido lo llena todo. Ruido mediático, ruido político, ruido en las organizaciones. Un contexto que muchas empresas y equipos directivos conocen bien.

 

Lejos de hablar de ciclos o transiciones suaves, Carney plantea una ruptura clara: el marco que hasta ahora daba estabilidad ya no garantiza seguridad ni resultados. Y lo hace con una combinación poco habitual de claridad, estructura y disciplina narrativa. No es un discurso para tranquilizar. Es un discurso pensado para preparar decisiones difíciles.

Liderar cuando el modelo de negocio ya no protege

Para explicar esta ruptura, Carney recurre a la metáfora de Václav Havel: el verdulero que cuelga cada día un cartel en el que no cree para evitar problemas. El sistema aguanta no porque funcione, sino porque nadie se atreve a cuestionarlo.

 

En clave empresarial, el paralelismo es incómodo, pero evidente: modelos de negocio, estrategias comerciales o relatos corporativos que se mantienen por inercia, aunque los indicadores ya no los avalen. Aquí es donde muchas empresas fallan. No porque no vean el problema, sino porque retirar el cartel tiene un coste inmediato, mientras que mantenerlo permite ganar tiempo. Y el tiempo, a menudo, se interpreta erróneamente como estabilidad.

"El sistema aguanta no porque funcione, sino porque nadie se atreve a cuestionarlo"

He visto este silencio cómodo más de una vez en entornos directivos cuando el riesgo de decidir parecía más alto que el riesgo de esperar. Liderar, en estos casos, no es optimizar el sistema existente. Es asumir que el sistema ya no juega a tu favor

Cómo decir decisiones impopulares sin perder autoridad

Uno de los momentos más efectivos del discurso llega cuando Carney aborda la tentación de adaptarse pasivamente: obedecer, no molestar, esperar que la complacencia compre seguridad.

La respuesta es seca:

No lo hará.

Dos palabras que resumen una realidad que muchas organizaciones prefieren evitar: la prudencia excesiva no protege, solo retrasa decisiones inevitables.

En comunicación directiva, la brevedad en el momento adecuado es una herramienta de poder. Las empresas no buscan líderes que lo maticen todo, sino líderes capaces de marcar límites claros y asumir el coste de hacerlo.

Estructuras claras para entornos inciertos. El discurso está construido sobre contrastes muy nítidos:

  • Ruptura, no transición
  • Valores sin capacidad / capacidad sin valores
  • Soberanía real / apariencia de soberanía

Este uso del contraste no es estético. Sirve para ordenar el pensamiento colectivo. En entornos inciertos, las empresas que no definen marcos claros generan confusión, parálisis y conflictos internos que a menudo acaban siendo más costosos que la decisión inicial.

Cuando el discurso entra en terreno operativo, Carney enumera ámbitos clave: energía, alimentación, minerales críticos, finanzas, cadenas de suministro. Este tipo de enumeraciones transmiten una idea fundamental también en la empresa: no basta con tener visión; hay que demostrar capacidad de ejecución.

Muchas organizaciones fallan no por falta de estrategia, sino porque el discurso va por delante de las capacidades reales. Y cuando esto ocurre, la credibilidad del liderazgo se erosiona rápidamente

Liderazgos en contraste: maneras diferentes de afrontar el ruido

El valor del discurso de Carney se entiende aún mejor cuando se pone en contexto con otros estilos de liderazgo muy visibles hoy. En algunos casos, como el de Donald Trump, la comunicación se convierte en un instrumento central de liderazgo. El mensaje es directo, simplificado y orientado a marcar agenda. Este enfoque puede ser eficaz para generar atención y movilizar apoyos, pero tiende a priorizar el impacto inmediato por delante de la construcción de estructuras estables a medio plazo.

En un registro diferente, Emmanuel Macron ejemplifica un liderazgo que asume el coste de decisiones impopulares con una comunicación menos ruidosa, pero claramente vertical. Las reformas impulsadas los últimos años muestran un estilo que no busca comodidad ni unanimidad, sino sostener una dirección en el tiempo. Trasladado a la empresa, recuerda que liderar también es aceptar desgaste cuando la estrategia lo exige.

"Macron ejemplifica un liderazgo que asume el coste de decisiones impopulares con una comunicación claramente vertical, un estilo que no busca comodidad ni unanimidad, sino sostener una dirección en el tiempo"

En otro plano, la gestión comunicativa de Óscar Puente ejemplifica un liderazgo basado en la presencia constante y la respuesta rápida ante los acontecimientos. Esta estrategia puede transmitir cercanía y sensación de control, aunque también plantea un reto habitual en las organizaciones: evitar que la comunicación reactiva sustituya la reflexión estratégica.

Carney adopta un enfoque diferente. No busca ni el impacto inmediato ni la hiperpresencia. Su discurso no responde al ruido del momento, sino que construye un marco para anticipar decisiones complejas y sostenerlas en el tiempo. Más que convencer en el instante, trabaja para generar credibilidad.

Un realismo que incomoda (y por eso es útil)

Carney no propone levantar muros ni aislarse, pero tampoco ofrece soluciones confortables. Asume que la autonomía, la resiliencia y la capacidad propia tienen un coste. Y este es un punto clave también para las empresas: no hay transformación sin renuncias.

Aquí está la fricción que muchos liderazgos evitan: retirar el cartel puede implicar perder ingresos a corto plazo, cuestionar decisiones pasadas o admitir que un camino ya no funciona. Pero no hacerlo suele salir mucho más caro.

La lección final para empresas y directivos

Este discurso funciona porque muestra algo esencial: liderar no es ocupar espacio ni generar ruido, es preparar la organización. Prepararla para un entorno más duro, más exigente y menos previsible.

"Retirar el cartel puede implicar perder ingresos a corto plazo, cuestionar decisiones pasadas o admitir que un camino ya no funciona, pero no hacerlo suele salir mucho más caro"

La forma importa tanto como el fondo porque la forma es parte de la estrategia. Cuando el discurso es coherente con la acción, genera credibilidad. Cuando no lo es, se convierte en ruido.

Las empresas no caen cuando retiran el cartel. Caen cuando lo mantienen demasiado tiempo, confiando en que alguien más sostendrá un sistema que ya no existe. En tiempos de ruido, liderar es esto: decir la verdad, asumir el coste y decidir antes de que el mercado decida por ti.