Presidente de la Associació Catalana de Gestió Pública

La reforma de la Administración en las elecciones: un asunto ausente

24 de Octubre de 2026
Eladi Torres, presidente de la Associació Catalana de Gestió Pública

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Que yo recuerde, en ninguna de las elecciones celebradas en todo el período democrático, y son muchas, ha estado en la agenda de temas de debate cuál debe ser el modelo de nuestras administraciones. La cuestión no es menor, tal como estamos viendo en los últimos tiempos. La máquina de ejecución de las políticas públicas necesita un mantenimiento continuado para funcionar de manera óptima y dar las prestaciones exigibles para la sociedad actual.

 

Me he sorprendido al leer que un nuevo partido: Democracia 21, liderado por Míriam González, mujer del exviceprimer ministro del Reino Unido, Nick Clegg, ha situado la regeneración institucional, la lucha contra el clientelismo y la modernización del Estado como centro de su programa. Me parece que ni ocupará portadas de los medios de comunicación, ni llegará a disponer de los votos necesarios (solo se presenta por Madrid y Barcelona) para entrar en el Congreso.

El modelo actual de la Administración está a punto de colapsar. Es exageradamente ineficiente y está siendo un lastre para el dinamismo social. Incluso es un freno evidente para el desarrollo y la ejecución de las prioridades políticas de los diferentes gobiernos. Alcaldes que para aprobar un proyecto requieren la autorización de los “cuerpos nacionales”. Presidentes autonómicos secuestrados por órganos jurídicos sumergidos en la burocracia normativa. Departamentos ministeriales que ralentizan, fuera de lógica, cualquier proyecto de mejora normativa. Por no hablar de los problemas derivados de los diversos niveles competenciales y sus relaciones políticas y corporativas.

 

"El modelo actual de la Administración está a punto de colapsar; es exageradamente ineficiente y está siendo un lastre para el dinamismo social"

La diagnosis es compartida por un amplio grupo de profesionales públicos, académicos y gran parte de la sociedad civil organizada. Incluso por un grueso importante de políticos que lo están viviendo en carne propia en su actividad diaria. En círculos más pequeños el concepto es que los males de nuestras administraciones están hiperdiagnosticados. Lo que hace falta es pasar a la acción.

La pregunta obvia es: si lo tenemos claro, ¿por qué no actuamos?

En primer lugar, hay que decir que saber cuáles son los problemas no significa disponer de las soluciones.

En segundo, disponer de propuestas de solución, lo estamos viendo con el trabajo hecho por los grupos de expertos en el proyecto CETRA de la Generalitat, no significa automáticamente poder implementarlas. Menos en un tiempo razonable.

Y, en tercer lugar, hacer frente a las fuerzas reactivas a cualquier cambio no es fácil. Posiciones corporativas de funcionarios de peso. Normativas que hay que derogar o modificar en las cámaras legislativas. Sindicatos en defensa de “privilegios” a cualquier precio de los que ya están.

Por la magnitud de la empresa y las fuerzas de reacción se necesita un motor muy potente de cambio. Liderazgo claro, pacto político de Estado, lo que quiere decir que no sea un tema de combate político para desgastar al adversario y una dirección técnica potente que trabaje con cierta autonomía y aislada del ruido y las injerencias de los grupos de interés. El apoyo de la sociedad civil organizada, Cámaras de Comercio, organizaciones de empresarios, sindicatos no funcionariales, el tercer sector, colegios profesionales, asociaciones diversas que sufren la divergencia entre lo que vive la calle y lo que pasa la Administración.

No soy ingenuo y sé que el momento actual no ayuda en absoluto y que pedir a los partidos que piensen en grande, más allá de una legislatura y de la táctica inmediata del titular en las redes sociales es una quimera. Por lo tanto, el plan B debe ser una sociedad civil que se movilice de la mano de muchos servidores públicos innovadores y comprometidos.

Se trata de poner en evidencia que las mejoras que exigimos no pueden resolverse solo cambiando piezas, poniendo más recursos, haciendo cambios normativos puntuales o elaborando proyectos ad hoc.

"Se necesita una reforma integral que ponga al mismo nivel el 'garantismo' que lo sustenta con la evaluación del impacto y el resultado"

Sin romper lo mucho de bueno que también tiene nuestro sistema público, se necesita una reforma integral que ponga al mismo nivel el garantismo que lo sustenta con la evaluación del impacto y el resultado. Auditar la eficiencia de las organizaciones públicas, separar la función política, directiva y técnica, seleccionar a los nuevos servidores públicos con criterios competenciales y nuevos perfiles profesionales y estructurarla de acuerdo con el mundo digital y de la IA entre otros.

En esta campaña electoral no se hablará de todo esto. Tampoco nadie lo pedirá. La política actual basada en el día a día, titular a titular. Los nuevos gobernantes días después de tomar posesión de los puestos ejecutivos se darán cuenta de que la dificultad de gobernar, las piedras en el zapato, también están dentro de casa.

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