Abogada laboralista, mediadora en conflictos laborales y vicepresidenta de Pimec

¿La amistad en el trabajo es poco profesional?

19 de Junio de 2026
Emma Gumbert | VIA Empresa

¿Han oído alguna vez la frase “al trabajo no se viene a hacer amigos”? Pues, según el último Índice de Confianza de los Trabajadores de LinkedIn, para las nuevas generaciones tener vínculos de amistad en el lugar de trabajo es una necesidad creciente: así lo expresan el 65% de los centennials versus el 37% de los millennials.

 

No es una cuestión anecdótica. Durante demasiado tiempo hemos intentado separar emoción y profesionalidad, como si las relaciones humanas fueran incompatibles con el rendimiento. Pero la realidad de muchas organizaciones apunta justamente a lo contrario. El desgaste, el burnout o la desafección raramente aparecen solo por exceso de trabajo. A menudo tienen más que ver con la falta de confianza, con la dificultad de hablar con claridad o con entornos donde las personas se sienten aisladas a pesar de formar parte de un equipo.

Hace tiempo que sabemos que el liderazgo del “ordeno y mando” no funciona, pero con un tono más amable no es suficiente: hay que construir relaciones en las que se pueda confiar, discrepar y hablar claro sin miedo.

 

Margaret Heffernan, experta en liderazgo y organizaciones, defiende que los equipos más inteligentes no son necesariamente los formados por los individuos más brillantes, sino aquellos con una mejor calidad relacional. Desde esta perspectiva, ¿hay que hacer amigos en el trabajo?

No es tanto una cuestión de amistad como de confianza. Y la confianza no se construye desde la complacencia o una proximidad impostada, sino desde conductas mucho más consistentes: la escucha, la coherencia, la capacidad de poner límites claros, de sostener conversaciones difíciles y de gestionar tensiones sin evitarlas.

"El debate no debería ser si tenemos que hacer amigos en el trabajo, sino qué tipo de vínculos queremos hacer posibles dentro de las organizaciones"

Las relaciones de calidad —que no necesariamente de amistad— actúan a menudo como un factor protector ante el estrés, la rotación y el deterioro del clima laboral. Por eso, el debate no debería ser si tenemos que hacer amigos en el trabajo, sino qué tipo de vínculos queremos hacer posibles dentro de las organizaciones.

Quizás el mensaje de fondo no es que tengamos que hacer amigos en el trabajo, sino que tenemos que aprender a generar confianza. Porque la confianza no es una cuestión ornamental ni blanda: es una habilidad clave para el rendimiento, la colaboración y la adaptación en entornos cada vez más exigentes. Y si, además, nace una amistad, bienvenida sea.