Abogada laboralista, mediadora en conflictos laborales y vicepresidenta de Pimec

El descanso nos incomoda

15 de Abril de 2026
Act. 15 de Abril de 2026
Emma Gumbert | VIA Empresa

El descanso nos incomoda. Y eso merece una reflexión. ¿Vivimos en la sociedad del cansancio? Probablemente sí. Pero lo más relevante no es el cansancio en sí, sino el valor que le hemos dado.

 

Decir que estamos agotados se ha convertido en un síntoma de éxito, en una necesidad de demostrar, de no quedarse atrás. El cansancio deja de ser una señal de alerta para convertirse en una medalla invisible que, cuando cala dentro de una organización, se transforma en cultura y en clima. Y aquí es donde aparece una confusión peligrosa: confundir cansancio con productividad. La cuna del burnout.

En realidad, todos sabemos que trabajar más no es necesariamente trabajar mejor. Como apunta el filósofo Byung-Chul Han, autor de La sociedad del cansancio o Vida contemplativa, sin pausa no hay pensamiento profundo, creatividad ni criterio. Según Han, el cansancio nos hace más individuales, más reactivos, menos capaces de relación. Y esta realidad ya tiene un impacto directo en las empresas que a menudo pasamos por alto: menos colaboración, menos confianza y más conflicto. No entendemos por qué los malentendidos escalan más rápido, por qué las conversaciones se vuelven más duras, por qué la calidad de las relaciones se deteriora.

 

Quizás lo más inquietante de todo es que somos tan poco conscientes de ello que, incluso, el cansancio recibe reconocimiento social dentro de muchas organizaciones. Un reconocimiento que a menudo enmascara deficiencias de gestión: prioridades poco claras, reuniones ineficientes, procesos engorrosos, conflictos de rol o la confusión entre disponibilidad y compromiso, entre presencia y rendimiento.

"Decir que estamos agotados se ha convertido en un síntoma de éxito, en una necesidad de demostrar, de no quedarse atrás"

Cuando una organización está bien gestionada, el cansancio deja de ser un indicador de éxito para volver a ser lo que siempre debería haber sido: una señal de alerta. Porque un cerebro cansado no es productivo. Un cerebro saturado simplifica. Un cerebro en tensión entra en conflicto.

Quizás por eso el descanso nos incomoda. Porque detenernos nos obliga a ver aquello que mientras corremos podemos ignorar.

Y quizás, sin darnos cuenta, con esta cultura del cansancio no solo nos estamos alejando del bienestar. También nos estamos alejando de la innovación y de la verdadera productividad. De la capacidad de pensar antes de actuar. Y esto en la era de la IA puede tener una factura muy alta.