Exdecano del Colegio de Economistas de Catalunya

Cañones o mantequilla

02 de Enero de 2026
Francesc Raventós | VIA Empresa

La Unión Europea (UE) afronta un momento de inflexión. Dos hechos recientes han sacudido los cimientos de su seguridad: la invasión de Ucrania por parte de Rusia y el regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. La Rusia expansionista sueña con recuperar la “Gran Rusia”, y el mensaje procedente de Washington es inequívoco: ni los EE.UU ni la OTAN que controlan garantizan automáticamente la protección del continente ante una posible agresión rusa.

 

De repente, Europa ha visto cómo emergían algunas de sus fragilidades estructurales, especialmente la falta de una defensa propia y de disponer de una fuerza militar operativa. La inquietud se ha disparado en los países más cercanos a Rusia –Polonia, Finlandia y los países bálticos–, pero también en Alemania, que observa con alarma el nuevo escenario. En este contexto, los miembros de la UE han acabado cediendo al chantaje político de Trump: dedicar el 5% del PIB a defensa para mantener el paraguas protector estadounidense, aunque Washington evita comprometerse formalmente.

La UE debe decidir hasta qué punto se toma en serio la amenaza rusa –o si considera que esta es inverosímil– y de dónde saldrán los recursos para armarse. El debate recuerda la vieja dicotomía económica que el premio Nobel Paul Samuelson resumía con la expresión “cañones o mantequilla”: invertir en seguridad o en bienestar. Muchos estados europeos ya arrastran deudas elevadas, déficits persistentes y un crecimiento económico modesto. El incremento del gasto militar podría traducirse en impuestos más altos y en recortes en servicios públicos como pensiones, educación, sanidad o inversiones estratégicas.

 

Pero ¿es realista pensar que Rusia está en condiciones de invadir un país de la UE? Vladímir Putin preveía ocupar Ucrania en ocho días; más de tres años después la guerra continúa y ya ha provocado mucha destrucción, cientos de miles de muertos y ha golpeado la economía rusa. Esto alimenta la sospecha de que, detrás del relato de una amenaza rusa, pueda haber otros intereses geopolíticos, como el de reforzar la OTAN en la disputa de los EE.UU con China.

"El incremento del gasto militar podría traducirse en impuestos más altos y en recortes en servicios públicos como pensiones, educación, sanidad o inversiones estratégicas"

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, fiel escudero de Donald Trump, acaba de hacer unas declaraciones afirmando que el próximo objetivo de Putin es atacar a la UE en los próximos cinco años. El clima bélico que se está creando, recuerda, en cierta manera, el ambiente previo a la invasión de Irak en 2003, cuando la justificación para la invasión fue que Irak producía “armas de destrucción masiva”. Cuando Estados Unidos y sus aliados ocuparon Irak no encontraron rastro alguno, a pesar de que el presidente de EE.UU George W. Bush, el primer ministro británico Tony Blair, y el presidente del gobierno español José María Aznar habían afirmado que disponían de pruebas contundentes de su existencia.

Hoy, los ciudadanos tampoco pueden saber con certeza si la amenaza rusa es real o si está siendo amplificada por el interés de reforzar el poder militar estadounidense y la compra de armamentos en EE.UU En este escenario, el sentido común apunta hacia una conclusión: la UE necesita una autonomía de defensa real, una política militar única y un ejército europeo capaz de proteger el continente y contribuir a las misiones de paz de las Naciones Unidas. Sin duda, habrá que reforzar la capacidad defensiva; pero esto no debería significar renunciar al modelo social europeo, que es, en última instancia, la esencia del proyecto europeo.