Hay una cosa que la investigación te acaba enseñando tarde o temprano: el conocimiento no es un proceso ordenado. El conocimiento raramente avanza en línea recta. Más bien se mueve haciendo círculos, acumulando contradicciones y volviendo constantemente sobre sí mismo. Quizás por eso investigar es también aprender a convivir con la sensación de no acabar de entender nunca del todo aquello que estudias.
Es curioso cómo algunas preguntas siempre te acaban esperando en el mismo lugar. El conocimiento es circular porque muchas veces nos obliga a volver al punto de origen. Siempre hay una pregunta que reaparece, una raíz a la que acabas retornando aunque el tema parezca completamente nuevo. Ahora mismo estoy estudiando los urban smart water meters en Ciudad del Cabo, pero hace semanas que tengo la sensación de que la pregunta de fondo no es tecnológica. La pregunta es: ¿por qué el ser humano ha ideado la técnica? Y para intentar responderla he tenido que volver, entre otras lecturas, a Meditaciones sobre la técnica de José Ortega y Gasset, un libro que había estudiado durante el grado en Filosofía. Es extraño darse cuenta de que parte del conocimiento que hoy utilizo en el doctorado ya estaba, de alguna manera, en lecturas antiguas que parecían haber quedado atrás. El conocimiento vuelve sobre sí mismo y nosotros volvemos con él.
"El conocimiento raramente avanza en línea recta. Más bien se mueve haciendo círculos, acumulando contradicciones y volviendo constantemente sobre sí mismo"
Cuanto más intentas entender una cosa, más cosas aparecen por medio. En este sentido, el conocimiento, más allá de circular, también es confuso. Cuando intentas responder a una pregunta, en realidad lo que haces es abrir muchas otras. Una cuestión aparentemente concreta se desmonta rápidamente en dimensiones políticas, materiales, emocionales, filosóficas y técnicas que se acaban interponiendo las unas sobre las otras. Todo conecta con todo. Y en medio de este proceso, investigar consiste también en seleccionar. Decidir qué dejas fuera, qué profundizas y qué abandonas por falta de tiempo, de recursos o simplemente porque es imposible llegar a todo. Hay una parte inevitablemente desordenada en cualquier proceso de conocimiento.
Pero la cualidad que a mí me parece más sorprendente del conocimiento es el hecho de que es extremadamente repetitivo. Hace siglos que seguimos haciéndonos las mismas preguntas: ¿quién es el ser humano? ¿Qué es la vida? ¿Cómo llegamos al mundo? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué es y por qué pensamos? ¿Qué nos hace diferentes del resto? Y podría seguir así toda la tarde. Hace siglos que formulamos preguntas similares sobre la tecnología, el progreso, el poder o la manera como vivimos. Muchas veces tenemos la sensación de estar intentando responder cosas que ya se han pensado miles de veces y que, aun así, continúan abiertas. También repetimos el método. Leemos, observamos, contrastamos, corregimos y volvemos a empezar. Sabemos que es un método limitado, pero también sabemos que solo a través de repetirlo una y otra vez podemos llegar un poco más lejos.
"Hace siglos que formulamos preguntas similares sobre la tecnología, el progreso, el poder o la manera como vivimos"
Quizás conocer no consiste tanto en encontrar respuestas definitivas como en aprender a convivir con preguntas que vuelven constantemente. Y quizás investigar es precisamente eso: aceptar que entender el mundo es un proceso circular, confuso y repetitivo.