Leemos, casi a diario, que el estado español está recaudando como hacía muchos años que no recaudaba. El déficit está por debajo del 3% y, como es habitual, la prensa del régimen se hace eco. De esta manera, el gobierno español puede financiar cosas a escondidas, ya que, al gobernar -ilegítimamente- sin presupuestos, va asignando partidas y ajustándolas como le da la gana. Como hace el de la Generalitat, que autoriza préstamos entre departamentos para poder financiar partidas injustificadas por la prolongación del presupuesto del 2023.
Del crecimiento del PIB del que se jactan los políticos ya he hablado otras veces usando el símil del roscón. El roscón de los festivos puede ser más grande este domingo, pero si los invitados crecen en proporción más alta que el roscón, tocaremos a “menos por morro” -como decía Joan Capri-. Ahora bien, adicionalmente, esta gente que se ha incorporado al mercado de trabajo -generalmente inmigrantes- generará otro problema de cara al futuro: como que reciben un salario miserable y no pagan suficientes impuestos, no podremos sostener las pensiones del futuro.
Sin embargo, si el gobierno español y el subsidiario de Catalunya recaudan a su antojo no es por casualidad. Con las debidas trampas. Una es sencilla y consiste en no incrementar los tramos de contribución del IRPF. Como hay, y ha habido, inflación, cada vez el trabajador tiene menos dinero disponible -aunque la empresa le aumente el salario en relación con el coste de la vida-. Ahora bien, al ganar más y no haber actualizado las tablas de contribución fiscal, este trabajador paga más impuestos. Esta podría ser la estafa número uno.
Pero atención, porque la picaresca española siempre ha sacado provecho, también, del turista. Ya se sabe que a los guiris que visitan Barcelona -además de servirles unos arroces incomibles llamados “paela”- los carteristas redondean la actividad robándoles relojes, móviles, etc. Pues, bien, el gobierno español no podía perder la tradición de estafar a los extranjeros, y se inventó la estafa de las subvenciones.
"El gobierno español no podía perder la tradición de estafar a los extranjeros, y se ideó la estafa de las subvenciones"
Me explico. A raíz de la pandemia, la Unión Europea (UE) puso en marcha el programa Next Generation (NextGen) que, con el dinero de los contribuyentes europeos -los extranjeros-, se orientaron a subvencionar a los de siempre, entre ellos España. Muchos países usan estos fondos para ayudar a la transición energética. Y los gobiernos trasladan el dinero de la subvención al ciudadano directamente. Quiero decir que si un coche eléctrico tiene una subvención de, pongamos 7.000 euros, el coche vale 7.000 euros menos en la tienda.
En toda Europa se ha hecho así. ¿En toda? ¡Noooo! En España -caso único- la subvención se da por atrasado -cuando ya se ha comprado el coche- y, si te la dan, es al cabo de dos años. Pero -¡atención!- se considera ingreso y, por lo tanto, cotiza a IRPF (en el caso de empresas, como subvención fiscalmente gravada). He aquí cómo el gobierno español se ha inventado un método de chupar dinero de unas subvenciones que vienen de Europa y que deberían ir al contribuyente sin ninguna carga ni intermediación dilatoria. Esta es la estafa número dos. Seguro que hay más. Dejémoslo aquí, de momento.
"El gobierno español se ha inventado un método de chupar dinero de unas subvenciones que vienen de Europa"
Todo junto, un caso como un canasto. El Vaquilla no lo habría hecho mejor. Y es que no conviene perder la tradición de la picaresca más hispana. Ep, y a todo esto, la Generalitat de lazarillo subsidiario. ¡Un gran país!