Profesor de la UPF Barcelona School of Management

¡Feliz año nuevo a todos!

04 de Septiembre de 2026
 EVA7486

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El calendario gregoriano establece que el año empieza el 1 de enero. Pero para muchas personas la vida funciona con una cronología un poco diferente. Quizás porque el ritmo escolar ha modelado durante décadas la manera de organizar el tiempo o porque buena parte de la actividad profesional continúa condicionada por las vacaciones de verano, la sensación de empezar una nueva etapa es especialmente intensa estos días. Volvemos al trabajo, recuperamos rutinas, estrenamos agendas y reencontramos a personas que hacía semanas que no veíamos. Y todo ello genera una extraña pero estimulante sensación de volver a empezar.

 

La psicología ha estudiado este fenómeno y lo ha bautizado como fresh start effect. Los investigadores Hengchen Dai, Katherine Milkman y Jason Riis observaron que determinadas metas temporales, como el inicio de un semestre, un aniversario o el regreso después de un periodo de vacaciones, aumentan nuestra predisposición a plantearnos nuevos objetivos. Estas fronteras simbólicas nos ayudan a separarnos mentalmente de nuestro yo anterior y nos ofrecen una oportunidad para mirar la vida con un poco más de perspectiva. Por eso septiembre puede ser un magnífico momento para preguntarnos qué querríamos hacer mejor este curso, qué conversación continuamos aplazando, qué nos gustaría aprender o qué hábito profesional deberíamos empezar a cambiar.

De hecho, esta energía renovada no tiene por qué limitarse a los propósitos individuales. Las organizaciones también pueden aprovechar esta sensación colectiva de recomenzar para impulsar proyectos pendientes o atreverse con innovaciones que la inercia cotidiana había ido aplazando. La investigación ofrece alguna pista interesante en este sentido. 

 

Diversos estudios han observado que la recuperación durante las vacaciones puede favorecer posteriormente la creatividad y la flexibilidad cognitiva de los profesionales. Una investigación longitudinal publicada en Frontiers in Psychology detectó, por ejemplo, que los participantes se percibían más creativos dos semanas después de volver de vacaciones que antes de marcharse. Quizás, pues, septiembre y octubre no son solo meses para reanudar la actividad, sino también una buena ventana para intentar hacerla de otra manera.

Naturalmente, empezar de nuevo no significa querer cambiarlo todo. Este es probablemente el error que cometemos cada enero, cuando llenamos los primeros días del año de propósitos que a menudo no sobreviven mucho más que el entusiasmo que los vio nacer. Las transformaciones importantes suelen necesitar menos grandilocuencia y más constancia. En este sentido, puede ser más útil volver de vacaciones con dos compromisos realistas que con una lista interminable de buenas intenciones. Y lo mismo ocurre con las empresas. Un proyecto concreto que finalmente se pone en marcha puede transformar más una organización que una nueva presentación corporativa cargada de prioridades, objetivos y promesas.

"Puede ser más útil volver de vacaciones con dos compromisos realistas que con una lista interminable de buenas intenciones"

El calendario seguirá diciendo que el año empieza el 1 de enero. Pero para muchos de nosotros la vida vuelve a empezar un poco cada septiembre. Y no está nada mal disponer de una segunda oportunidad anual para dejar atrás algún automatismo y decidir qué queremos hacer mejor durante los meses que tenemos por delante. Individualmente y colectivamente. Así que aprovechemos la energía del regreso, antes de que la rutina vuelva a ocuparlo todo. Y ahora sí: ¡feliz año nuevo a todos!

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