Una de las funciones que más me gusta de la tecnología es cuando salva vidas: marcapasos con Bluetooth, aquel abuelo que se cayó por las escaleras y el Apple Watch llamó automáticamente a la familia… Es uno de los motivos por los que me fascinan los gadgets. Y este 2026 lo hemos estrenado con una baliza conectada que envía un mensaje a la nube de la DGT, anonimizado y obediente (siempre que haya cobertura). Las nuevas balizas V16 son eso: una tecnología con potencial de mayordomo… Utilizada como si fuera un timbre. ¡Ding-dong!
Es cierto que las balizas son un avance respecto a los triángulos: evitan que el conductor salga del vehículo y reducen atropellos en situaciones de riesgo. Además, ayudan a actualizar aquellos carteles luminosos de la autopista, y que los datos sean anónimos quiere decir que se sabe la localización del vehículo en la carretera, pero no se sabe qué ocupantes había, ni la matrícula, ni la póliza de seguros, y por eso tenemos este mapa, público, con información interesante para saber dónde se encuentran las incidencias con vehículos.
"Las nuevas balizas V16 son esto: una tecnología con potencial de mayordomo… Usada como si fuera un timbre. ¡Ding-dong!"
Hasta aquí, todo correcto, pero a mí me falta una fase 2. Porque hoy, cuando se activa una baliza, la información solo va en una dirección: hacia la administración. La DGT lo sabe. Pero el conductor continúa solo y podríamos aprovechar para darle una mano y gestionar aquellas cosas que ponen nervioso.
Yo no sé casi nada de coches, aunque ahora estoy a punto de comprarme uno y ya sé que muchos incorporan sistemas de eCall que, en caso de accidente grave, llaman automáticamente a los servicios de emergencia, envían la ubicación exacta y reducen de manera crítica el tiempo de respuesta. Otros vehículos avisan directamente al seguro, activan asistencia en carretera o informan al conductor del tráfico del entorno en tiempo real. Todo esto existe. Y, teóricamente, funciona. Mi pregunta es: ¿Este sistema no lo podíamos haber incorporado a la baliza? Así, los coches que no tienen este sistema, ahora ya tendrían uno similar. Como cuando los televisores que no tenían TDT o aplicaciones usaban una extensión para hacerlos smart.
Los sistemas de emergencia del coche, además, solo funcionan mientras el coche tiene batería. Pero precisamente por eso las balizas conectadas tienen sentido: porque funcionan cuando el vehículo no puede. Cuando el coche está averiado, apagado o directamente inutilizado. Ahora bien, si tu coche ha dado tres vueltas de campana, ha quedado destrozado, y tú estás dentro esperando asistencia, lo último de tus preocupaciones es activar la baliza o si tu coche tendrá suficiente batería. Lo que quieres es que alguien lo sepa, que alguien venga y que alguien gestione la situación con rapidez.
Este trasto, que no es un sistema para mejorar la visibilidad, queda claro, es hoy solo un disparador de servicios para la DGT. A mí me falta que sirva para avisar sistemas de navegación para que redirijan el tráfico, activar automáticamente la asistencia en carretera, contactar con el seguro sin que el conductor tenga que desbloquear el móvil con las manos temblando o, en casos graves, avisar a un contacto de confianza para que no se entere del accidente por terceros.
"Si tu coche ha dado tres vueltas de campana, ha quedado destrozado, y tú estás dentro esperando asistencia, lo último de tus preocupaciones es activar la baliza o si tu coche tendrá suficiente batería"
Y todo esto pasa mientras el margen de mejora sí que es urgente. Según datos del Servei Català de Trànsit, en 2025 en Cataluña cerramos con más de 144 personas muertas en las carreteras en 134 accidentes, un 6% más que en 2024. Y 2026 no ha empezado precisamente con buenas noticias. Los accidentes graves continúan afectando especialmente a colectivos vulnerables y conductores jóvenes. En este contexto, cada minuto de respuesta es vital, y el diseño de las comunicaciones también.
El debate está en la privacidad. Pero confundir protección de datos con renuncia al servicio es una decisión ideológica, no una obligación legal. Aceptamos que un reloj inteligente llame a emergencias si detecta una caída. Aceptamos que el coche haga una llamada automática si detecta un impacto grave. Pero nos da miedo que una baliza conectada haga un poco más de lo que hace ahora y sea realmente revolucionaria.
Al final, lo que tenemos es una infraestructura que sabe que algo va mal, pero que podría ser realmente una ayuda al conductor y no solo a la DGT. Las balizas conectadas son lo que son. Pero utilizarlas solo para informar al Estado es quedarse muy lejos de lo que la tecnología puede ofrecer. Si de verdad queremos carreteras más seguras, quizás tendremos que aceptar que la conectividad no es solo para recoger datos, sino para dar servicio cuando todo falla. El resto es digitalizar el silencio.