La publicación del PLATER (Plan Territorial Sectorial de Energías Renovables de Catalunya) ha creado un gran revuelo. Se discute sobre el uso de territorio agrícola para instalar plantas de producción de energía renovable. Y me parece bien el revuelo —habiendo tanto techo industrial que se podría aprovechar sin recurrir a espacios naturales—. Si nuestros gobernantes viajaran, se darían cuenta de que en los países que tenemos al lado han encontrado soluciones menos ofensivas con el territorio. Pero lo que quiero señalar hoy es que nos olvidamos de la precariedad en que vive nuestra economía agrícola y que, quizás, el PLATER puede agudizar.
En el país hablamos de las explotaciones agrícolas que nos permiten sacar pecho a la hora de exportar. Pero me temo que —igual que con la carne de cerdo o el turismo— exportamos sobre la base de unos salarios muy bajos. Con una diferencia: Catalunya no necesita tantos bares y hoteles. Tampoco tanta carne de cerdo —consumimos solo un 20% de la que sacrificamos—. Pero el campo y su mantenimiento son vitales. Otra vez se confunde competitividad —que se puede conseguir con salarios bajos— con productividad —que comporta pagar bien—. La semana pasada ya les hablaba del Penedès y de cómo se explota al payés pagándole unos precios de uva que no tienen comparación con ninguno de los que se pagan en Europa. Pura miseria que ha hundido toda una comarca entera.
Pero ahora me ha llegado información de un pueblo de la plana de Lleida que podemos tomar como ejemplo. Un pueblo con una renta per cápita que es del 75% de la media catalana. Donde un tercio de la población está formada por extranjeros, y solo un tercio ha nacido en el pueblo. Un pueblo donde la mitad de la población de entre 35 y 39 años —la gran fuerza de trabajo— es extranjera. En resumen, un lugar del que la juventud se marcha y es sustituida por inmigración. Eso sí: el paro es cero… pero por falta de gente bien pagada.
He recordado en otros artículos que en España —sobre todo en Catalunya— tenemos como especialidad principal la de pervertir modelos de comportamiento sociales y económicos. Y de negocio. En otras partes, la inmigración es utilizada para cubrir puestos de trabajo que la población autóctona no puede cubrir. Es decir, hacer trabajos —intersectoriales— que no se pueden llevar a cabo porque el paro técnico —el real, sin contar el tiempo entre que uno deja el trabajo mientras empieza otro— es prácticamente cero. Por eso se dice en estos países que la inmigración es necesaria. Y es cierto.
Nuestro modelo, insisto, ha sido prostituido. Llamamos inmigración para sacar adelante negocios que, todos ellos, no son viables sin los salarios que se pagan a la inmigración. Por eso sufrimos fugas de gente joven formada que se marcha a Europa y mantenemos un paro que está, en Catalunya, en el 8% —¡ojo!, y teniendo en cuenta que aquí existe un tipo de contrato laboral, único en Europa, que se llama “fijo-discontinuo”; estos no cuentan como parados, aunque trabajen solo una parte del año— mientras en Europa está al 6%. Único caso en el mundo: ¡un país con elevado paro que llama inmigración!
"Llamamos inmigración para sacar adelante negocios que, todos ellos, no son viables sin los salarios que se pagan a la inmigración"
Insisto en el hecho, porque es muy grave y está destrozando el país: hay sectores enteros que solo pueden subsistir con gente inmigrada, ya que son los únicos que aceptan las condiciones salariales impuestas por las empresas del sector. Y es muy grave porque este hecho deprime todo el mercado laboral. Todos los salarios son bajos. Más bajos de lo que tocaría. Y, lo más escandaloso: los sindicatos ni pían. Todos están al servicio de quien gobierna y controla la propaganda.
La política de “papeles para todos” nunca ha sido un camino a seguir. Lo saben todos los países de todos los colores. Y de todos los tiempos. El desgobierno que lleva la península los últimos decenios —especialmente Catalunya— ha convertido este principio en práctica habitual. Y es así que se está destruyendo el futuro de todos juntos. Y en el caso de los catalanes, el hecho comporta, como vuelta, la desaparición del país. El de la ciudad, por supuesto. El del campo, también.
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