Ingeniero y escritor

Practicar turismo no es un derecho social... por ahora

21 de Julio de 2026
Xavier Roig VIA Empresa

En algunas conversaciones que mantengo con gente diversa, se plantea el tema del turismo. Cuando explico que el turismo es subvencionado y, prácticamente, todo el mundo lo acaba entendiendo, siempre salta alguien que dice que la gente pobre también tiene derecho a practicar el turismo. A fuerza de ser interpelado, he desarrollado un argumentario que creo que puede resultar útil compartir con todos ustedes.

 

Turismo subvencionado. El turista que se aloja en un hotel de la costa de tres estrellas y 50 habitaciones recibe una subvención aproximada de siete euros por pernoctación. La subvención es indirecta y la recibe de pagar poco a unos empleados que gastan más servicios sociales de los que se cubren con los impuestos que pagan el empleado y el hotelero.

El beneficiario es, principalmente, un no-catalán. Como el 85% del turismo de costa es no-catalán, el principal beneficiario de la subvención es una persona que no reside en Cataluña. En consecuencia, los catalanes subvencionamos las vacaciones de este 85%. Como pueden ustedes deducir, un sin sentido.

 

El turismo en la Unión Europea (UE) debe ser caro. En la UE no existen los puestos de trabajo baratos. Existen los salarios bajos. Un puesto de trabajo en la UE implica unos servicios sociales (educación, sanidad, transporte, seguridad, etc.) que son caros. Si se paga un salario demasiado bajo, no se cubren costes sociales. En consecuencia, los servicios turísticos en la UE deben ser caros, sin duda.

La solución al problema del turismo catalán pasa por limitar licencias. Los pueblos y ciudades de Cataluña deben dejar de dar licencias para abrir establecimientos hoteleros y, sobre todo, bares y restaurantes -somos la región con más bares y restaurantes por habitante de toda Europa, incluyendo España-. Esta limitación debe favorecer la subida de precios y debe hacer cerrar los hoteles y bares de calidad aberrante que son los que dominan el panorama. Se deben restringir las licencias. Barcelona lo empezó a hacer y, ahora, los hoteles de Barcelona son caros. También se deben cerrar los apartamentos de uso turístico.

Entonces, ¿la gente más humilde no puede hacer turismo? Si no se lo puede pagar, no. Hace muchos años, todos ahorrábamos para poder viajar una vez al año. Los vuelos de bajo coste y los apartamentos de uso turístico han prostituido el concepto turismo y viaje. Ir dos o tres veces a Londres porque los vuelos son baratos, o ir a pasar un día en Venecia es una aberración económica, social y medioambiental. Hacer turismo debe constituir un hecho excepcional y no puede ser subvencionado. No mientras haya colas en la sanidad, médicos y maestros mal pagados, Rodalies que no funcionan, inseguridad en las calles, etcétera. Gobernar es fijar prioridades, y el turismo, hasta donde yo sé, todavía no forma parte de la lista de derechos sociales.

"Ir dos o tres veces a Londres porque los vuelos son baratos, o ir a pasar un día en Venecia es una aberración económica, social y medioambiental"

¡Pero eso no es justo! Lo que no es justo es que se practique el turismo barato que únicamente es posible porque se pagan salarios de porquería. Tanto en los hoteles, en los bares, como en las compañías aéreas que, de paso, no pagan impuestos sobre el combustible y reciben subvenciones por aterrizar en determinados aeropuertos. El derecho al turismo no se puede basar en un deseo frívolo que se sustenta en gente explotada. Tanto si lo practican los pudientes o los pobres.

Entonces, ¿qué hacemos con el turismo? Se debería empezar a asumir que el turismo de masas no es sostenible. Y el hecho de que, antes, algunos pocos lo practicaran no es excusa para aceptar que ahora lo pueden practicar todos. Viajar, poco y con sabiduría, no es turismo. Viajar debe constituir un ejercicio caro – como lo era hace 30 o 40 años-. Y hay que pensar en este hecho: ahorrar un tiempo para poder viajar razonadamente.

Resumen. Además de ser una actividad que contamina, explota trabajadores, degrada el medio ambiente y atenta contra los hábitats sociales, el turismo de masas es, contrariamente a lo que algunos piensan, una actividad absolutamente inculta. Hay que leer y releer a Josep Pla: “Si viajar diera cultura, los revisores serían las personas más cultas del mundo”.

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