El pasado día 30 de junio el Col·legi d'Economistes acogió, organizado por el Diari Ara, un debate sobre el Informe Fénix. La asistencia fue multitudinaria. La sala se quedó pequeña y se tuvieron que habilitar accesos por vídeo y otras facilidades.
El señor Miquel Puig, que es uno de los redactores del Informe, hizo una breve presentación de los datos más relevantes. El resto de participantes no eran unos grandes entusiastas del documento porque, seamos claros, estamos ante un papel que arruina demasiados tópicos y biempensantes elementos que viven, o quieren vivir, en la inopia más viva. Aquello que explica el informe resistió el embate y nadie pudo atacar con éxito las cifras que presentó el señor Puig porque, lamentablemente, las cifras son las que son. Sin embargo, querría analizar un poco las aseveraciones y hechos más destacados que el resto de participantes vertió en la sesión del Col·legi d'Economistes.
"Estamos ante un papel que arruina demasiados tópicos y biempensantes elementos que viven, o quieren vivir, en la inopia más viva"
Las cifras hay que interpretarlas y darles un sentido. Ignoro cómo hay que interpretar que el PIB per cápita, hace un cuarto de siglo, estaba seis puntos por encima de la media europea y ahora está seis puntos por debajo. Un hecho similar al que ha tenido lugar con la productividad. Si alguien quiere interpretar las cifras de otra manera sugiero que llame a Eurostat para ver si le dan alguna pista. La media de los salarios del sector turístico y de los mataderos no cubren los servicios sociales de los que disfrutan sus empleados. No de algunos empleados, no. Hablamos de la media de todo el sector. Y hablamos del 35% de todos los trabajadores de Catalunya. Hace falta mucha imaginación para “interpretar” estas cifras de otra forma que no sea que el país no va bien.
El país no va mal y ha mejorado. Esta tesis fue la defendida por el representante de la Generalitat, el señor Lizoain. Su intervención fue la lógica que se esperaba del sesgo político dominante: Catalunya y España van bien. Según esta tesis no hay problemas en la sanidad, ni en la enseñanza, ni en la vivienda, ni en los trenes, ni en las autopistas, etc. La intervención del señor Lizoain estaba —¡no podía ser de otra manera!— teñida de la lógica del poder dominante: “Yo también soy inmigrante”, “el president Aragonès nos dejó las cosas bastante bien”, y otros clásicos de la tipología política catalana que nos ha traído a donde estamos hoy.
El Informe requiere un análisis y un debate profundo. Casi todos los ponentes finalizaban la intervención con esta frase que nunca compromete a nada: es necesario un debate profundo. Como bien remachó el señor Miquel Puig, esta actitud —por otra parte, tan común del poder político y de sus adláteres— es la típica sentencia para no hacer nada. Insisto, se pueden hacer muchos análisis, pero Eurostat dice que los catalanes nos hemos empobrecido doce puntos porcentuales respecto a los europeos en los últimos 25 años. Y si el informe ha tenido eco es porque este empobrecimiento es palpable en el día a día.
"Si el informe ha tenido eco es porque este empobrecimiento es palpable en el día a día"
El debate político. Personalmente, me temía alguna jugada malévola por parte de los organizadores. Durante el debate se proyectó un vídeo —en mi opinión, innecesario y poco profesional— donde se invitaba a los portavoces parlamentarios a opinar sobre el Informe —que, todo sea dicho de paso, no se habían leído, claro—. Si califico la acción de malintencionada es porque lo peor que puede hacerse con un informe que pone en cuestión buena parte del modelo económico —que los políticos consideran fantástico— es politizarlo. Y más en un ambiente político tan crispado y partidista. Es la mejor manera de neutralizar el Informe Fénix: hundirlo en el debate político. Espero que la acción de los organizadores no lo consiga.
Resumen. El Informe Fénix no entiende ni de partidos ni de bandos. Intenta ser un documento objetivo, con datos y cuantificaciones. El debate sobre las soluciones propuestas es abierto y subjetivo, sin duda. Los datos, no. Los autores del Informe tenemos sensibilidades diversas y hemos cumplido una misión: poner los intereses del país por encima de las preferencias individuales. Sería deseable que algunos de los elementos que se denominan en cualquier sociedad “fuerzas vivas” hicieran un esfuerzo similar. El mismo esfuerzo que se debería pedir tanto a los políticos como a los periodistas a los que subvencionan. Un mínimo de patriotismo no nos iría mal.
Xavier Roig es uno de los autores del Informe Fénix