Dejando de lado qué es aquello que las provoca, es evidente que estamos ante una ola de efectos meteorológicos que son inhabituales en el periodo que llevamos. Cuando digo que dejamos de lado el origen del fenómeno es porque la memoria es frágil y la opinión, como queda demostrado, es gratis. Que estamos en un proceso de cambio climático, no hay duda. Que esto que sufrimos estos últimos años sea la consecuencia, es otra cosa.
Muchos científicos ya empiezan a ponerlo en duda cuando se incluyen en el análisis otros fenómenos como El Niño o algunas explosiones volcánicas que han tenido lugar la última década. Con todo esto quiero decir que si seguimos prestando atención al sensacionalismo periodístico de moda y a las tonterías de los hombres del tiempo catalanes de TV3, podríamos llegar a la conclusión de que los pies planos también son consecuencia del cambio climático. Por lo tanto, mejor abandonemos la tendencia a hacer de adivino de pacotilla y miremos de analizar algunas consecuencias de las olas de calor.
"Que estamos en un proceso de cambio climático, no hay duda. Que esto que sufrimos estos últimos años sea la consecuencia, es otra cosa"
Lo primero que conviene hacer es no engañarse con las cifras de gente muerta. La mayoría sufren problemas preexistentes permanentes. Por ejemplo, tensión alta o insuficiencia cardíaca. ¿Que sin la ola de calor, seguramente, no hubieran muerto todas de golpe? ¿Quizás a lo largo de los próximos meses o semanas? Probablemente. Pero ya estaban enfermas antes. A menudo, el calor sirve para acelerar hechos inevitables o poner en evidencia problemas que no estaban detectados.
Una cosa parece cierta: el calor hace disminuir la productividad. ¿Cuánto? Un cálculo bastante creíble nos lo aportan las aseguradoras que, al fin y al cabo, están obligadas a medir y cuantificar la actividad de la salud humana, ya que muy a menudo, el tema les cuesta dinero. Parece ser que por cada grado por encima de los 30 Celsius, la productividad disminuye un 3%. Y los costes energéticos se incrementan un 1,2%. Los alemanes, que se las piensan todas cuando se trata de prever, han calculado que en el año 2030 las olas de calor podrían afectar su economía en 100.000 millones de euros. Pronto es dicho. Dos veces el presupuesto inexistente de la Generalitat.
"Los alemanes han calculado que en el año 2030 las olas de calor podrían afectar su economía en 100.000 millones. Dos veces el presupuesto inexistente de la Generalitat"
La mejora en la transición hacia energías renovables es una necesidad. Debe ayudar a reducir el impacto que la actividad humana provoca -además de los cambios naturales que, parece, tienen lugar-. Pero en mi opinión, la adopción de energías de fuente renovable debe ayudar a un hecho definitivo: reducir drásticamente el coste de la energía. Y aquí sí que se deben acelerar las acciones. Para tener todas las infraestructuras equipadas para combatir las olas de frío y de calor de manera eficiente.
Por ejemplo, una bomba de calor nos soluciona la climatización tanto en verano como en invierno. ¿Sequías? No debería haberlas. El mar es una fuente casi ilimitada e integrada en el ciclo natural meteorológico. Solo necesita grandes cantidades de energía para convertirla en potable. Hay otros ejemplos.
La conclusión es que, para avanzar, siempre resulta imprescindible cuantificar. Las cosas, los efectos, los costes, etc. ¿Hace mucho calor? ¿Hace mucho frío? No lo sé, eso son sensaciones. La verdad, la realidad, nos la da el termómetro. El resto son opiniones.