Uno de los errores que se cometen cuando se dice que el turismo catalán no sale a cuenta consiste en interpretar que quien esto asegura está en contra del turismo como actividad económica. Y este riesgo es el que se puede cometer al interpretar las consideraciones del Informe Fénix. El turismo, tal como se considera en los países evolucionados, es una especie de complemento económico que ayuda a que determinados sectores redondeen su economía. El del comercio de las ciudades, en cuanto al turismo urbano, y el de las economías agrarias, cuando hablamos de turismo rural.
En cualquier caso, siempre es un complemento que, en el ámbito de los estados, también ayuda a redondear la entrada de divisas y, por lo tanto, la balanza comercial. Cuando el turismo se convierte en un trozo demasiado importante de la economía, las cosas no funcionan. Me baso en el empirismo más evidente: ni Grecia, ni Tailandia, ni Costa Rica ni ningún país donde el turismo es dominante dejan de ser, en cierto modo, pobres. Y a la inversa, países fuertemente industrializados con turismo bajo (por ejemplo, Alemania) deberían ser pobres, y no es el caso.
Hemos optado por el turismo de bar y sangría. El que va asociado a vuelos baratos, no gastar para comer y buscar solo el sol y la playa
Ignoro cuál es la problemática del sector turístico de los otros países. En el caso de Catalunya, podríamos decir que estamos ante un exceso de oferta para el sector low cost del turismo internacional. Dicho de otra manera, hemos optado por el turismo de bar y sangría. El que va asociado a vuelos baratos, no gastar para comer, ya que te hartas en el desayuno anglosajón que sirve el hotel, buscar solo el sol y la playa aunque el lugar donde estás sea horripilante -como se han convertido la mayoría de pueblos de nuestra costa-, y cenas de juerga baratas donde el alcohol de baja calidad corre en abundancia. Todo esto que al turista le cuesta tan poco, alguien lo tiene que pagar. Miremoslo al detalle.
Algunas consideraciones previas
- En Catalunya no existen puestos de trabajo baratos. Hay salarios bajos, eso es cierto, pero un puesto de trabajo cuesta mucho dinero, independientemente del sueldo que gane el trabajador. La razón es simple: un trabajador recibe, además de su salario, servicios del estado del bienestar que son para todos igual -independientemente de cuál sea su salario-.
- Una actividad turística como la que tiene lugar fuera de la ciudad de Barcelona es, si no se presta atención, fuertemente estacional. Y más estacional cuanto más se sustente en playa y sol. Esta estacionalidad dificulta que los números salgan positivos.
- El turismo de calidad no existe. Existe el turismo caro. A pesar de todas las consideraciones morales que se quieran hacer, la calidad sin un precio elevado no existe. Y un turismo caro deja más beneficios para el país que un turismo barato.
Visto todo esto, ¿cuáles son las cifras económicas que maneja un hotel estándar de tres estrellas de la costa catalana? Veamos los parámetros del hotel (el ejemplo está extraído del Informe Fénix).
- Categoría: tres estrellas.
- Capacidad: 50 habitaciones (100 plazas).
- Actividad dividida en tres temporadas: alta (julio y agosto); media (mayo, junio, septiembre); baja (marzo, abril y octubre); cerrado (enero, febrero, noviembre y diciembre).
- Pernoctaciones anuales: 16.013.
- Empleados y patrón de contratación: como el empresario quiere asegurarse la disponibilidad de la plantilla, su patrón de contratación es amplio: plantilla entera (veinte personas) durante cuatro meses; un poco más de media plantilla (quince personas) durante dos meses; una plantilla mínima (ocho personas) durante tres meses.
- De media, pues, un empleado del hotel trabaja 6,7 meses, disfruta de unas vacaciones pagadas por el hotel de diecisiete días y se beneficia de 66 días de prestación contributiva de desempleo por ser trabajador fijo-discontinuo; el resto –83 días–, recibe un subsidio de desempleo equivalente al 80% del IPREM.
Se asume que el salario medio por empleado es de 20.500 euros (del año 2024).
En Catalunya no existen puestos de trabajo baratos. Hay salarios bajos, pero un puesto de trabajo cuesta mucho dinero, independientemente del sueldo que gane el trabajador
Con estas premisas, cada trabajador, de media, habrá contribuido al erario público con 211.468 euros a lo largo de su vida. Por el contrario, el coste de los servicios básicos públicos (solo teniendo en cuenta enseñanza, sanidad, seguridad y justicia) que habrá recibido el trabajador serán de 418.106 euros a lo largo de su vida. Unos 5.438 euros al año. Dicho de otra manera, como los salarios están altamente subvencionados (ver el artículo ¿Qué es un sector de salarios subvencionados?) tener el hotel operativo del ejemplo le cuesta al erario público cada año 108.760 euros. En resumen, a la sociedad no le interesa que haya hoteles de este tipo.
Algunos dirán, por ejemplo, que esta gente que está trabajando en el hotel estaría en el paro y este hecho nos costaría más dinero a todos. Falso. Porque los trabajadores del hotel son mayoritariamente inmigrantes. Y este es el hecho perverso que ha generado la economía catalana: hemos llamado a la inmigración para hacer trabajos que no nos hacían falta -nadie necesita un hotel de tres estrellas que nos cuesta dinero-.
Gran diferencia con el modelo de inmigración del resto de países europeos, que viene a cubrir puestos de trabajo necesarios en trabajos que nadie quiere hacer. Pero aún hay más. Esta falta de control inmigratorio -no regularlo para que todos salgamos beneficiados: la sociedad y el inmigrante- ha generado un hecho laboral y económico especialmente terrible: se montan negocios que solo son viables con mano de obra inmigrada, independientemente de que el negocio sea necesario para el país o no.
Consecuencias importantes
- Estos recursos que nuestra economía debe emplear para mantener el hotel operativo, podrían ir a parar a sectores estratégicos y productivos. Se desvían recursos preciosos de todos para mantener una baja productividad y los beneficios de un supuesto empresario que lleva a cabo una actividad que no solo no le interesa al país, sino que, encima, cuesta dinero a todos y hace bajar el bienestar general.
- Alguien puede argumentar que el hotel sí que es necesario, pues vienen turistas a llenarlo. Efectivamente, vienen turistas porque, entre todos -con la subvención encubierta que tenemos que hacer para que los trabajadores reciban los servicios sociales que legítimamente les corresponden- hacemos que cada noche de hotel sea 6,8 euros más barata de lo que tocaría. Y con un agravante: esta subvención se la damos a un extranjero (el 80% de las ocupaciones hoteleras de Catalunya son de visitantes extranjeros).
- El exceso de flujo inmigratorio no planificado y de imposible gestión, crea problemas de todo tipo: sociales, de vivienda, de integración, de dilución de la nación, etc. Además del coste que ya hemos visto.
Todos estos detalles, y más, se pueden encontrar en el Informe Fénix. También se incluyen posibles soluciones. Ahora bien, no nos engañemos: en el caso del turismo cualquier solución pasa por, en una primera etapa, detener la apertura de nuevos establecimientos turísticos, y a largo plazo, reducir la oferta. Recuerden que no existe el turismo de calidad -cantinela utilizada ad nauseam por un sector que no tiene intenciones de cambiar-. Lo que sí que existe es turismo caro y, por lo tanto, lo que hace falta es reducir la oferta existente.
No existe el turismo de calidad. Lo que sí que existe es turismo caro y, por lo tanto, lo que hace falta es reducir la oferta existente
Querría dejar claro que el empresario que actúa de la manera descrita en el ejemplo no puede ser estigmatizado. La ley le permite hacerlo, y el ayuntamiento correspondiente le invita a abrir hoteles. Lo que falla es la gobernanza de Catalunya, que debería tener en mente un modelo de país que, por lo visto, nadie tiene. Catalunya, insisto, no necesita turismo de calidad -hecho inexistente-, pero sí que necesita empresarios turísticos de calidad. Y el legislador y el gobernante tienen la obligación de hacer la purga correspondiente.