Ingeniero y escritor

¿Fomento? ¿Patronales? Mejor hablemos de Josep Pla

16 de Junio de 2026
Xavier Roig VIA Empresa

Si de verdad alguien quiere conocer a fondo el país en que vivimos, la mejor herramienta son los libros de Josep Pla. Conocía las raíces profundas de Catalunya y, por lo tanto, sus proyecciones de futuro acostumbraban a ser infalibles. Por eso fue un intelectual con una obsesión: dejarlo todo por escrito, como los notarios. Incluso conocía el mundo empresarial y burgués, sobre el cual quiso escribir algo y no pudo... porque, como tal -como cuerpo unido y con conciencia de clase- no ha existido nunca en nuestra casa.

 

De entrada hay algo que uno aprende al leer a Pla: el país es delgado. La distancia que va entre lo que se dice y lo que se hace, es enorme. Asumir este hecho lleva a nunca desilusionarse. No se pueden esperar según qué cosas. La segunda gran lección de Pla, cuando habla de Barcelona, es adivinar su carácter. Una ciudad que él califica de espíritu provinciano y cobardón. Y una tercera aportación del escritor es que, ante cualquier hecho dotado de cierta relevancia, siempre se pregunta: "¿esto quién lo paga?". Hay que saber los intereses de los organizadores.

Si uno analiza este mundo planiano, hace un cóctel y lo proyecta sobre el empresariado del postfranquismo -añadiéndole la realidad legislativa que establecieron los padres de la Constitución española y las regulaciones que se derivan de ella- aparece algo como Foment del Treball y otras patronales catalanas. Es decir, aprovechando una institución histórica, se pervierten sus objetivos para hacer ver que todavía representa aquello que ya no es. En cierto sentido, muy similar a lo que ocurre con la Generalitat, que dista mucho de lo que fue la Diputación del General y de los objetivos por los cuales fue instituida.

 

"Si el periodismo barcelonés en lugar de hacer ver que ha leído a Pla, conociera un poco el país, todos iríamos mejor"

El eje fundamental que da una idea de la tragedia consiste en responder a la planiana pregunta de “¿esto quién lo paga?”. En un artículo anterior (Estar a sueldo de los partidos no es un obstáculo para ser un revolucionario), ya les hablaba del amigo italiano que conocía bien Confindustria, la gran patronal italiana. Hablo del amigo que se escandalizó cuando le pregunté si la patronal italiana recibía subvenciones públicas –“si las recibiera, ¿cómo podría defender los intereses del empresariado?”-. La patronal Confindustria de Lombardía -que podría ser el equivalente territorial de Foment del Treball- factura unos 11 millones de euros al año y cuenta con unos 13.000 asociados. La totalidad de los ingresos corresponde a las cuotas de socio.

Miré las cuentas de Foment del año 2025 y comprobé que no se detalla el número de socios -tal como hacen los sindicatos-. Se explica, sin embargo, que los ingresos ordinarios (cuotas de socios) fueron de 3,1 millones de euros -atención 450.000 euros, sin embargo, son deudores, ergo, casi un 15% de los socios se rebelan y se niegan a pagar-. Agárrense porque, ahora, empiezan las curvas. 

Además, Foment ingresó 3,3 millones de euros de subvenciones de la Generalitat -más de lo que ingresa en cuotas de socios -hablo siempre del 85% que quieren pagar, claro-. Como los gastos, solo de personal (sueldos y salarios) fue de 3,2 millones de euros, se puede observar, fácilmente, que con las cuotas de socios -aquellos que quieren pagar, insisto- no se llega a cubrir la nómina de las 45 personas que trabajan en Foment. Es decir, con el empujón de la Generalitat, ¡problema solucionado! Y aún queda algún dinerillo para otros gastos, ¡que nunca se sabe lo que nos puede llegar! Con esto se responde a la pregunta de Pla: “¿Esto quién lo paga?”. De la respuesta se deducen las actitudes.

Si el periodismo barcelonés en lugar de hacer ver que ha leído a Pla, conociera un poco el país, todos iríamos mejor. ¿De quién habla este periodismo cuando califica de “empresariado catalán” a las patronales? Como instituciones de representación forzada -como los sindicatos- la triste realidad es que no representan a nadie más que a ellos mismos y sus intereses -además de los cuatro gatos que pagan cuota-. Siempre, claro, que no hagan enfadar demasiado, y no pongan en ningún compromiso, a quien realmente les pone el asado en la mesa.

Todo ello resulta muy triste para todos aquellos que, un día, creímos que Catalunya podía llegar a ser una especie de Lombardía. Principalmente en el ámbito empresarial y en su poder de representación e influencia sobre el poder político -aquello que ahora se conoce como hacer lobby-. Pla también tenía una respuesta para una escenificación que pretende representar lo que no es. Y es que cuando el escritor, alrededor de los años 1920, visitó Aranjuez por primera vez, escribió: “Es como Versalles pero con los muebles alquilados”.