Escucha el artículo ahora…
Septiembre tiene esa energía positiva de los comienzos de curso y de arrancar proyectos. Pero también tiene una contrapartida menos amable: cuando volvemos a sentarnos en la mesa, y allí continúan muchas de las piezas de los rompecabezas que dejamos antes del verano.
En materia laboral, la mesa está especialmente llena. Encontramos iniciativas en trámite sobre prevención de riesgos laborales, despido, registro de jornada, transparencia retributiva, trabajo en plataformas o democracia en la empresa, entre otros. El Plan Anual Normativo de 2026 prevé, de hecho, dieciséis iniciativas solo del Ministerio de Trabajo y Economía Social.
No nos faltarán, por tanto, normas de qué hablar. Normas que pueden dar muchos titulares y abrir muchos debates, pero que difícilmente, por sí solas, resolverán algunos de los grandes problemas del mercado de trabajo, que empiezan a actuar como verdaderos condicionantes estructurales de la capacidad de las empresas para crecer, competir y generar empleo.
El absentismo es un ejemplo. Las horas de baja por incapacidad temporal en España se han más que duplicado en la última década, según refleja el informe de Pimec. Pero también lo son la falta de mano de obra y la dificultad para encontrar determinados perfiles profesionales. Y ninguna de estas cuestiones es solo laboral.
En el absentismo intervienen necesariamente la salud, el sistema sanitario, la prevención o el papel de las mutuas. En la falta de profesionales, hay que hablar de formación, del desajuste entre las competencias que necesitan las empresas y las que somos capaces de generar, de demografía o de inmigración.
"Una empresa necesita personas formadas, comprometidas y capaces de desarrollar su potencial"
Y esta es una de las piezas que a menudo acaba faltando en el rompecabezas de los debates sobre el mercado de trabajo: abordar los problemas desde su complejidad. Corremos el riesgo de ir generando nuevas normas sin saber casi cómo encajará cada una con la siguiente.
Y todavía hay una pieza más importante: hacerlo superando el relato que contrapone sistemáticamente los intereses de las personas a los de las empresas. No es esta la realidad que viven cada día la mayoría de departamentos de recursos humanos, ni tampoco el grueso del tejido productivo de las pymes.
Una empresa necesita personas formadas, comprometidas y capaces de desarrollar su potencial. Y las personas necesitan empresas productivas y competitivas, capaces de generar empleo, salarios y proyectos profesionales con futuro. Son piezas del mismo rompecabezas que pretenden un entorno laboral saludable.
Por eso necesitamos una normativa laboral que proteja derechos y dé respuesta a las transformaciones del trabajo. La reforma de la prevención de riesgos laborales, por ejemplo, incorpora expresamente realidades que hace años habrían quedado mucho más desdibujadas, como los riesgos psicosociales, y amplía la mirada sobre los daños derivados del trabajo a los ámbitos cognitivo, emocional, conductual o social.
"Las personas necesitan empresas productivas y competitivas, capaces de generar empleo, salarios y proyectos profesionales con futuro"
Pero también necesitamos preguntarnos si cada una de las nuevas obligaciones que generará realmente contribuirá a solucionar los problemas que tenemos de salud mental o acabará, como ha pasado en normativas anteriores, solo añadiendo una nueva capa de complejidad a su gestión.
La normativa laboral es una pieza imprescindible del rompecabezas, pero no debería ser el rompecabezas en sí. Y si continuamos intentando completarlo solo a base de obligaciones formales, nos encontraremos con que el próximo junio podemos volver a suspender las mismas asignaturas pendientes.
Añadir VIA Empresa como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad