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1.- Las elecciones generales en Suecia de hace diez días han dibujado una realidad muy diferente de las elecciones regionales en la Alemania del este del domingo. En Suecia, la ultraderecha de los Demócratas Suecos (SD) ha retrocedido, bajando del 20,54% de los votos de 2022 al 17,48% de 2026; ha perdido el 15% de los votos y ha bajado de 73 a 62 diputados, sufriendo su primera caída notable. La ultraderecha esperaba entrar en el gobierno y aspiraba a liderarlo por primera vez, dado que hace cuatro años ya fue la segunda fuerza del país y el primer partido dentro del bloque de centroderecha.
Ahora, sin embargo, el partido Moderado del primer ministro Ulf Kristersson ha superado a la ultraderecha y es la segunda fuerza del país, liderando el bloque de centroderecha. Este bloque, sin embargo, ha perdido las elecciones: ha retrocedido hasta los 173 escaños, frente a los 176 del bloque de centroizquierda, al cual no será fácil formar gobierno alrededor de los socialdemócratas de Magdalena Andersson.
En Alemania, en cambio, este septiembre se ha votado en tres estados del este, donde se ha producido un aumento de los votos a los partidos de extrema derecha y de extrema izquierda y una erosión notable del partido central de la política alemana, la CDU.
Su líder, el actual canciller Friedrich Merz, no conecta con la gente y no consigue generar un vínculo emocional como el que supieron crear Merkel o Kohl. Estos cancilleres, si tenían que aplicar medidas impopulares o reformas proausteridad, sabían comunicarlas con convicción clara y ponían toda la empatía a pie de calle. Este talante parece casi imposible para el actual canciller, que proviene del mundo frío y distante de las altas finanzas.
"Si tenían que aplicar medidas impopulares o reformas proausteridad, Merkel y Kohl sabían comunicarlas con convicción clara y ponían toda la empatía a pie de calle"
Alemania sigue siendo uno de los países más productivos del mundo y ella sola genera el 30% del PIB de la zona euro. La riqueza agregada de un país, sin embargo, no siempre se distribuye equitativamente entre sus habitantes, y la percepción individual de progreso del país va por barrios. Hace años que la OCDE observa que la renta disponible de la clase media, tal como ocurre en muchos países, crece en Alemania modestamente desde la reunificación.
En cuanto al ascenso de AfD (Alternativa para Alemania), hay mucha literatura económica alrededor del concepto “Losers of globalization”. En Alemania hay evidencia sobre las personas que se perciben como perdedoras del proceso de globalización económica: tienen una probabilidad muy superior de votar a la AfD. Esto explica por qué sus resultados electorales son muy superiores en los estados más deprimidos del país, los del este. Esta percepción también está relacionada con ingresos bajos, menor nivel educativo y trabajos de menor cualificación.
Las reconversiones industriales en el este de Alemania no solo alteran salarios: hacen perder valor a las profesiones tradicionales y afectan la forma de vivir y la identidad social. El diario Die Zeit explica que el éxito de la AfD no se puede entender únicamente a partir de una menor renta disponible: incorpora también el miedo a perder el estatus y a perder oportunidades laborales futuras, en un contexto de muy rápida digitalización, transición energética y transformación de la industria.
Alemania ha sido uno de los grandes ganadores de la globalización. Su modelo económico se ha construido sobre la industria, las exportaciones, las cadenas de valor europeas y el comercio internacional. Durante décadas, todo el país compartía un mismo anhelo: vender al mundo permite mantener el nivel de vida alemán y su estado del bienestar.
Esta apertura a la economía global, sin embargo, ha producido ganadores y perdedores. Un país puede beneficiarse enormemente del libre comercio y, a la vez, generar amplios grupos sociales y territoriales que sufren la globalización y la perciben como una amenaza. Desde el sector público no se ha sabido, y esto vale para toda Europa, compensar de manera eficaz las deslocalizaciones industriales sufridas por las bolsas de “perdedores” de la globalización.
"Un país puede beneficiarse enormemente del libre comercio y, a la vez, generar amplios grupos sociales y territoriales que sufren la globalización y la perciben como una amenaza"
2.- En Suecia, en cambio, las elecciones continúan mostrando diferencias territoriales entre zonas urbanas, de mayor renta, más educadas e internacionalizadas, y algunas áreas rurales o periféricas, donde pesa más la distancia respecto a los centros más dinámicos, que en Suecia son las zonas costeras del sudeste.
Artículos recientes basados en los últimos ciclos electorales suecos muestran cómo los votantes más educados y con renta más alta tienden a preferir menos barreras al comercio: los residentes urbanos son más favorables al libre comercio y menos partidarios de las barreras a la inmigración que los residentes rurales. Esto encaja bastante bien con la geografía económica sueca.
El libre comercio es un buen marcador de cosmopolitismo económico, pero ahora no es la variable que mejor explica el crecimiento de los votos a la ultraderecha sueca. La inmigración hoy funciona de manera emergente: las actitudes sobre inmigración tienen un componente que no queda explicado simplemente por renta, educación o ideología económica. El “conflicto” percibido sobre la inmigración es lo que explica una parte más directa del voto a los SD.
En Suecia, finalmente, hay también un elemento que la agencia Reuters ha detectado: entre 2022 y 2026, la ultraderecha ha pasado a ser parte integrante de la mayoría parlamentaria que sostenía el gobierno de Kristersson. Algunos dirigentes de los SD han reconocido después de las elecciones cómo el hecho de pasar de partido outsider a socio de gobierno había erosionado una parte de sus votantes antisistema.
"La ultraderecha ha perdido el 15% de los votos en Suecia por haber compartido la responsabilidad de gobernar"
La ultraderecha ha perdido el 15% de los votos en Suecia por haber compartido la responsabilidad de gobernar. Tal como ha pasado en Finlandia dos veces desde 2011, cuando la ultraderecha gobierna o apoya al gobierno se convierte en un partido como los demás y pierde el aura de partido inmaculado e infalible. No hay soluciones mágicas ni fáciles cuando se gobierna un país.
El cordón sanitario no parece funcionar para detener el auge electoral de la ultraderecha. Los países escandinavos (Suecia, Dinamarca, Finlandia) muestran que es posible contenerla y cómo hacerla retroceder.
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