1.- Desde 2004, Polonia ha multiplicado por 4 su PIB y por 4,5 su PIB per cápita, reduciendo rápidamente las distancias con los países más desarrollados. El PIB per cápita polaco ha pasado del 45% al 80% de la media de la Unión Europea (UE) en solo veinte años. Angela Merkel visitaba a menudo Polonia cuando era canciller, diciendo que “Polonia será la Suecia de Europa en el siglo XXI”.
Radosław Sikorski, ministro de Asuntos Exteriores, explica que Polonia ya es la quinta economía de la UE y la vigésima del mundo: “Por primera vez en 300 años, más polacos vuelven que se van... y muchos vuelven de EE.UU y de Israel”.
“Hoy somos la economía más dinámica de Europa. Somos una historia de éxito en cuanto a la seguridad y al crecimiento económico. Los salarios aumentan, la industria funciona a pleno rendimiento y las inversiones llegan de todas partes. Los polacos vuelven porque encuentran mejores trabajos y salarios más altos en casa que fuera”.
Marcin Piątkowski, lead economist en el World Bank, explica que Polonia dio el gran salto cuando entró en la UE, en el año 2004. La UE no “hizo rica” a Polonia: le proporcionó un marco estable —mercado único, normas previsibles, fondos europeos, credibilidad y seguridad jurídica—, para que las reformas “pudieran desplegar todo su potencial de crecimiento”.
2.- Polonia eligió la vía rápida y llevó a cabo una serie de reformas en los años noventa: liberalización inmediata de los precios, convertibilidad del zloty, apertura al comercio internacional, eliminación de subsidios a las empresas públicas, disciplina presupuestaria e independencia del banco central a imitación del Bundesbank. Leszek Balcerowicz, el ministro arquitecto de aquellas reformas, solía decir: “Polonia eligió absorber las penalidades más pronto que tarde.” Este es el primer gran factor diferencial respecto a otros países postcomunistas.
La venta de empresas públicas y la llegada de multinacionales supuso la entrada de tecnología punta y nuevas formas de gestión, mientras el acceso a los mercados europeos aumentaba la productividad. Volkswagen, Fiat, LG, Samsung, Dell, Bosch o Michelin establecieron allí grandes centros de producción.
"Adoptar la legislación europea y aplicarla bien es un detalle invisible, pero es condición necesaria para que las leyes hagan posible el crecimiento económico"
Para atraer inversión extranjera no basta con salarios bajos. Los inversores deben confiar en que los contratos firmados se cumplirán, los jueces serán independientes y los derechos de propiedad serán protegidos. Polonia adaptó rápidamente la legislación europea (“caudal comunitario” o “acquis communautaire”). Adoptarla y aplicarla bien es un detalle invisible, pero es condición necesaria para que las leyes hagan posible el crecimiento económico.
La adhesión a la UE actuó también como una “escuela de buena administración”, que sirvió para modernizar la administración tributaria, la gestión aduanera, la regulación financiera, los organismos supervisores y las agencias de competencia.
Por otro lado, Polonia también se descentralizó. Desde 1999, los gobiernos regionales gestionan el desarrollo regional, las infraestructuras, la innovación, las universidades y muchos programas europeos. Hoy se reconoce que la gestión regional de los fondos comunitarios ha facilitado enormemente su absorción.
Finalmente, la reforma educativa ha sido la clave para atraer empresas tecnológicas. Las pruebas PISA han mostrado una gran mejora de los estudiantes polacos, al ampliar la enseñanza obligatoria y modernizar currículos, reforzando matemáticas y ciencias y la formación profesional.
Sin las reformas de los años noventa y sin la integración en la UE, los fondos europeos no habrían tenido en Polonia un impacto tan grande y el país no habría convergido tan rápidamente.
“Nobody falls in love with a Common Market”, dijo Jacques Delors. Y hay que poner en valor cómo el mercado único europeo, con todas sus imperfecciones, ha permitido el gran salto adelante de Polonia. Los progresos materiales, sin embargo, no garantizan por sí solos la adhesión emocional a un proyecto político. En Polonia, a pesar de todo el apoyo mayoritario a la permanencia en la UE, también han aparecido tensiones sobre la soberanía nacional, el estado de derecho, la política migratoria y los valores sociales.
"Polonia será el gran éxito europeo si logra convertir los beneficios económicos de la integración europea en estima y apoyo a la UE"
La prosperidad económica no elimina los debates sobre identidad y democracia. Los ciudadanos no se enamoran de un mercado; es necesario también que cuaje un proyecto colectivo que ofrezca un propósito compartido, unos valores comunes y un sentimiento de pertenencia. Polonia será el gran éxito europeo si logra convertir los beneficios económicos de la integración europea en estima y apoyo a la UE.
3.- En cuanto al impacto de los fondos europeos, es interesante la comparación entre Polonia y España. Cuando esta entró en la Comunidad Económica Europea en 1986, Europa todavía estaba construyendo el mercado único, pero cuando Polonia entró en la UE el mercado único ya funcionaba plenamente, ya existían las cadenas globales de valor y Alemania ya estaba deslocalizando buena parte de su industria. Polonia se integró mucho más rápidamente en la industria europea.
España, salvo las economías exportadoras de Cataluña y del País Vasco, tiene un modelo económico muy orientado a la demanda interna, a la construcción y al turismo, con lo cual genera mucho empleo de valor añadido medio y bajo. Polonia, en cambio, se ha centrado más en la productividad, gracias a su industria exportadora, la logística y la tecnología, de la mano de una muy fuerte integración con Alemania.
"En Polonia, los fondos de la UE se han dirigido a aumentar la capacidad productiva persiguiendo aumentos de productividad"
En cuanto a la gestión de los fondos europeos, España tuvo que aprender a gestionarlos desde cero. Polonia, a su vez, pudo aprovechar toda la experiencia acumulada en la Comisión Europea, creando agencias especializadas, sistemas de evaluación y mecanismos de seguimiento exigentes.
En España los fondos de la UE financiaron infraestructuras: autovías, AVE... una vez hechas, sin embargo, el retorno marginal de las siguientes inversiones disminuyó rápidamente. En Polonia, sin embargo, los fondos se han dirigido a aumentar la capacidad productiva persiguiendo aumentos de productividad. Según la OCDE y el Banco Mundial, entre 2000 y 2020 la productividad laboral de Polonia creció tres veces más deprisa que la media de la OCDE. En España, en cambio, los crecimientos de productividad son de los más bajos de Europa occidental.
El Banco Mundial afirma que Polonia ha sido el país más eficiente en la absorción de los fondos europeos. Estos fondos no crean por sí solos desarrollo económico, pero sí lo amplifican cuando el país ya dispone de instituciones sólidas, estabilidad macroeconómica y una estrategia económica eficiente.
En calidad institucional y democrática, en la eficacia de los mercados, en la capacidad de generar amplios consensos reformistas y en el cumplimiento de la ley de la UE (donde España lidera desde 2015 el ranking de los países incumplidores según los informes anuales de la Comisión Europea, hecho que aquí pasa demasiado desapercibido en los medios), todavía hay demasiada diferencia cualitativa entre el norte y el sur de Europa.
Polonia, en cambio, viniendo desde la cola de Europa, ahora está pasando a la cabeza del tren europeo por la vía de la integración con su vecino alemán, más que inspirándose en su histórico amigo y aliado francés, hasta ahora siempre más admirado culturalmente y políticamente.
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