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El impacto del cambio climático en las empresas cada vez es más evidente. Recientemente, el Vallès Oriental ha sufrido inundaciones que han provocado graves daños en la ciudad de Granollers y en los polígonos industriales de la zona y que han obligado a muchas empresas a detener su actividad. Según los datos del Ayuntamiento de Granollers, entre el sábado 3 y el miércoles 7 de octubre, la ciudad acumuló más de 360 litros por metro cuadrado. Una cantidad de lluvia extraordinaria que ha dejado al descubierto hasta qué punto estos episodios pueden afectar a las empresas.
Por supuesto, las consecuencias de este episodio han ido más allá de los desperfectos en las instalaciones. Durante más de una semana, las empresas han visto cómo todos sus esfuerzos se centraban en retirar barro, limpiar los espacios de trabajo e intentar recuperar la normalidad. Algunas han perdido stock; otras han sufrido daños en matrices industriales o han visto cómo se oxidaban materiales del sector del metal. Todavía es pronto para calcular el coste económico total del temporal al que hay que sumar los días sin producción y las dificultades para volver a trabajar con normalidad.
Una de las prioridades que tenemos ahora es que el Consejo de Ministros declare Granollers y los polígonos industriales dañados como zona gravemente afectada por una emergencia de protección civil. Esta medida facilitará la activación de ayudas para las empresas que han sufrido daños durante el temporal, ya que debemos tener en cuenta que, en muchos casos, no bastará con reparar las instalaciones para recuperar la actividad, ya que las pérdidas acumuladas también pueden dificultar la recuperación económica. En este sentido, desde la Unión Empresarial Intersectorial (UEI) estamos trabajando para que esta declaración salga adelante y las empresas afectadas puedan acceder a los recursos que necesitan.
Por otro lado, y lamentablemente, habrá nuevas emergencias climáticas, y tanto las empresas como las administraciones deben tener preparados planes para afrontar estos episodios. Las empresas necesitan saber cómo proteger las instalaciones, qué hacer si tienen que detener la producción y cómo reanudar la actividad lo antes posible. Las administraciones, por su parte, deben disponer de protocolos claros para responder con rapidez y coordinar las actuaciones. Cuando estas decisiones ya se han previsto, es más fácil evitar improvisaciones en un momento en que cada hora es muy importante.
"Habrá nuevas emergencias climáticas, y tanto las empresas como las administraciones deben tener preparados planes para afrontar estos episodios"
Además de las inundaciones, el cambio climático comporta otros riesgos para las empresas. Las olas de calor y los periodos de sequía también pueden afectar la producción, el transporte de mercancías o la disponibilidad de agua y energía. Una incidencia en el suministro o en las comunicaciones puede acabar teniendo consecuencias sobre los plazos de entrega y el compromiso con los clientes. Son problemas que quizás no se producen dentro de las instalaciones de una empresa, pero que igualmente pueden acabar condicionando su actividad.
Además, no todas las empresas tienen la misma capacidad para afrontar estos riesgos. Para muchas pymes, invertir en la protección de las instalaciones o adaptar los procesos productivos puede ser difícil, especialmente cuando también tienen que hacer frente a los costes de una parada. Por ello, disponer de información y asesoramiento es importante para identificar los puntos más vulnerables y decidir qué medidas conviene priorizar. No todas las empresas necesitarán las mismas soluciones, pero sí que deben poder valorar qué riesgos pueden afectar más directamente a su negocio.
Las empresas deberán incorporar estas cuestiones a su planificación. Revisar los seguros, buscar alternativas si falla un proveedor o prever cómo mantener la actividad ante una incidencia son decisiones que pueden ayudar a limitar las consecuencias de un episodio extremo. Prepararse no evita que se produzca una emergencia, pero puede marcar una diferencia importante a la hora de recuperarse.
Desde las primeras horas del fatídico domingo, desde la UEI hemos estado en contacto con las administraciones locales y con el Departamento de Empresa y Trabajo de la Generalitat de Catalunya. La predisposición a ayudar ha sido patente en todo momento. Pocos días después de la catástrofe, el presidente de la Generalitat anunció un paquete de 75 millones de euros entre ayudas a las administraciones locales y a las empresas y créditos vehiculados a través del Institut Català de Finances (ICF). Una respuesta necesaria y bienvenida, pero que debe traducirse con urgencia en recursos disponibles para los afectados. La eficacia de las medidas dependerá, en buena parte, de la rapidez con que lleguen.
Recordamos que más del 95% de nuestro tejido empresarial está formado por empresas de menos de diez trabajadores y que, si añadimos las de menos de cincuenta, superamos el 98%. Muchas tienen poco margen financiero para soportar una parada prolongada.
"Las empresas necesitan recursos para reanudar la actividad mientras se tramitan las indemnizaciones de los seguros"
La liquidez es el oxígeno de las empresas. Cada día sin actividad consume los recursos que necesitan para recuperarse. Por eso hay que habilitar políticas públicas de emergencia que permitan hacer llegar ayudas directas y financiación en condiciones favorables con trámites ágiles, plazos breves y criterios claros. Hay que financiar tanto la reparación de los daños como las necesidades de circulante derivadas de la parada. Las empresas necesitan recursos para reanudar la actividad mientras se tramitan las indemnizaciones de los seguros.
La urgencia también exige adaptar los procedimientos administrativos. Hay que facilitar anticipos, evitar que las empresas tengan que presentar repetidamente la misma documentación y reforzar la coordinación entre administraciones. La comprobación y el control de los recursos públicos son imprescindibles, pero se tienen que articular de manera que sean compatibles con una respuesta rápida. Una falta puntual de liquidez puede acabar comprometiendo la continuidad de una empresa viable y los puestos de trabajo que dependen de ella.
"Las empresas tendremos que incorporar la prevención y la continuidad del negocio a nuestra planificación, y las administraciones tendrán que reforzar el mantenimiento y la adaptación de las infraestructuras"
En este contexto, las patronales locales como la UEI tenemos una responsabilidad muy concreta: estar al lado de las empresas, conocer de primera mano las afectaciones y trasladar sus necesidades a las administraciones. Hacemos de interlocutores, orientamos a las empresas sobre los recursos disponibles y las acompañamos para que puedan acceder a ellos con la máxima rapidez. Esta proximidad también nos permite detectar obstáculos en la tramitación y reclamar soluciones.
Al mismo tiempo, nos tenemos que preparar para afrontar nuevos episodios extremos. Las empresas tendremos que incorporar la prevención y la continuidad del negocio a nuestra planificación, y las administraciones tendrán que reforzar el mantenimiento y la adaptación de las infraestructuras, especialmente en los polígonos industriales. También hay que prever dotaciones presupuestarias y mecanismos de emergencia que se puedan activar con rapidez cuando se produzca una catástrofe.
Actuar a tiempo es preservar empresas, empleo y capacidad productiva. La recuperación exige que el ritmo de la respuesta pública se ajuste a la urgencia de las empresas, ya que cuando lo que falta es oxígeno financiero, cada día cuenta.
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