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Presidente de la UEI-Cerclem y del Consell Territorial de la Pime de Foment

Los retos de la industria textil catalana para competir en un mercado global

16 de Septiembre de 2026
Act. 16 de Septiembre de 2026
Pep Garcia | VIA Empresa

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Actualmente, vivimos en un mundo de cambios continuos y profundos. Y el sector textil no es ajeno a estos cambios. Después de décadas con deslocalización de la producción y cambios en los hábitos de consumo, el sector del textil afronta una nueva realidad que va más allá de la moda. Cada vez más, se están implantando modelos de negocio basados en la velocidad, los precios bajos, la digitalización y la capacidad de producir en función de la demanda real. Todo esto nos sitúa ante un cambio de tendencia, de una actualización de las reglas de juego que obliga a la cadena de valor del textil a replantear su manera de trabajar para continuar compitiendo en un mercado cada vez más global.

 

En Catalunya, esta industria continúa teniendo una dimensión significativa. Los datos de Idescat, correspondientes a 2024, sitúan en 1.545 los establecimientos que integran las actividades propiamente textiles: la preparación e hilatura de fibras textiles, la fabricación de tejidos, el acabado de textiles, la fabricación de tejidos de punto y otros textiles, excepto ropa de vestir, y la fabricación de otros productos textiles no clasificados en otros apartados. En conjunto, estas actividades ocupan 16.373 personas y generan un volumen de negocio de 2.838 millones de euros. Una radiografía que pone de manifiesto que, a pesar de los profundos cambios que ha experimentado el sector durante las últimas décadas, el textil continúa formando parte del tejido industrial catalán.

En un mundo tan globalizado como el actual, no podemos entender un mercado en todo su conjunto sin mirar más allá de nuestras fronteras. La producción textil forma parte de una cadena de valor internacional en la que los costos, la capacidad productiva y la velocidad de respuesta tienen cada vez más peso. Si ampliamos el foco al conjunto de las actividades de textil, confección, cuero y calzado, según el Idescat, Catalunya importó 10.460 millones de euros en 2025, frente a unas exportaciones de 6.952 millones, con un saldo comercial negativo de más de 3.500 millones de euros.

 

En este escenario, grandes potencias como China ocupan una posición privilegiada. El país asiático se ha consolidado dentro de la industria textil gracias a una enorme capacidad productiva, una amplia red de proveedores y una elevada capacidad de adaptación a los cambios de la demanda. A esta ventaja industrial se ha añadido en los últimos años una apuesta decidida por la digitalización, que ha permitido conectar la producción con el consumo con una rapidez hasta ahora difícil de imaginar. El resultado es un modelo cada vez más orientado a producir rápidamente, ajustar la oferta en tiempo real y competir en precio.

Un buen ejemplo de esta nueva realidad lo encontramos en el crecimiento de Shein y en su aproximación a Inditex. Los datos del año 2025 muestran cómo, en volumen de negocio, la marca china ya supera los 36.000 millones de euros de ingresos y se acerca al grupo español, que ingresó 39.864 millones de euros. Esta proximidad, sin embargo, no se traslada a los resultados. La distancia entre los dos grupos aumenta cuando miramos la rentabilidad. Inditex cerró el 2025 con un beneficio neto de 6.220 millones de euros, con un margen del 15,6%, mientras que Shein no llega al 5%.

"Con el nuevo escenario, la industria textil catalana difícilmente podrá competir basando su estrategia exclusivamente en el volumen o en los costes"

Esta comparación nos permite ver que la transformación del sector no solo está cambiando las reglas de juego, sino que también está haciendo convivir modelos de negocio muy diferentes. Por un lado, empresas con una trayectoria consolidada, una estructura industrial desarrollada y una apuesta clara por la marca y la rentabilidad. Por otro, nuevos actores capaces de alcanzar una dimensión global en muy poco tiempo gracias a la digitalización, la velocidad y una capacidad de adaptación constante a la demanda.

Ante este nuevo escenario, la industria textil catalana difícilmente podrá competir basando su estrategia exclusivamente en el volumen o en los costes. Intentar replicar modelos sustentados en una capacidad productiva casi ilimitada, precios muy bajos y una enorme velocidad de comercialización nos situaría en una carrera difícil de ganar. El reto pasa, por lo tanto, por definir con claridad en qué segmentos queremos competir y qué valor diferencial podemos aportar al mercado.

Esto obliga a las empresas a revisar constantemente su modelo de negocio. No basta con fabricar un buen producto: hay que entender mejor al cliente, anticipar sus necesidades, reducir los plazos de respuesta e incorporar servicios que permitan construir relaciones más sólidas y duraderas. La digitalización, el análisis de datos y la inteligencia artificial pueden ayudar a prever la demanda, personalizar la oferta, optimizar los stocks y producir con más flexibilidad. Pero la tecnología solo será realmente transformadora si se integra en una estrategia empresarial bien definida.

"La diferenciación y la especialización deben ser dos de los grandes ejes de futuro; Catalunya dispone de conocimiento industrial, capacidad de diseño, talento creativo, centros tecnológicos y una larga tradición empresarial"

La diferenciación y la especialización deben ser dos de los grandes ejes de futuro. Catalunya dispone de conocimiento industrial, capacidad de diseño, talento creativo, centros tecnológicos y una larga tradición empresarial. Estos activos nos permiten competir en ámbitos en los que el precio no sea el único factor de decisión: los tejidos técnicos y funcionales, las soluciones para los sectores sanitario, deportivo, automovilístico o de la construcción, los productos de alto valor añadido, las series cortas, la personalización y la producción de proximidad.

La innovación también deberá ir más allá del producto. Hay que innovar en materiales, procesos, sistemas de producción, logística y comercialización. Al mismo tiempo, la sostenibilidad y la circularidad dejarán de ser únicamente una cuestión reputacional para convertirse en un factor de competitividad. Reducir el consumo de agua y energía, reutilizar fibras, mejorar la trazabilidad y diseñar productos más duraderos y reciclables será cada vez más determinante para acceder a los mercados y responder a las nuevas exigencias de los consumidores y de la regulación europea.

Todo esto requerirá dimensión empresarial, inversión y talento. Las empresas, especialmente las pymes, necesitan instrumentos que faciliten su modernización, la internacionalización y la incorporación de tecnología. También será imprescindible reforzar la colaboración entre empresas, universidades, centros de formación profesional, centros tecnológicos y administraciones.

El futuro del textil catalán no pasa por competir haciendo lo mismo que los grandes operadores globales a un coste inferior, sino por hacer cosas diferentes y hacerlas mejor. Debemos convertir el conocimiento, la innovación, la calidad, la proximidad y la capacidad de adaptación en ventajas competitivas reales. Catalunya tiene tradición industrial, talento y ecosistema para seguir ocupando una posición relevante en el sector. Pero preservar esta posición exigirá visión estratégica, inversión y una apuesta decidida por modelos de negocio con más valor añadido. En un mercado global, competir no significa necesariamente ser los más grandes ni los más baratos, sino saber en qué podemos ser los mejores.

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