Hay informes que pasan desapercibidos y hay otros que consiguen algo mucho más valioso: generar conversación. El Informe Fénix pertenece a esta segunda categoría, y eso es alentador.
Desde su publicación, se ha hablado mucho de él. Algunos comparten sus conclusiones; otros las cuestionan. Se han debatido datos, metodologías y propuestas. Y eso, lejos de ser un problema, me parece una magnífica noticia.
Porque el principal mérito del informe quizás no es tener todas las respuestas, sino que nos obliga a hacernos preguntas que hacía demasiado tiempo que evitamos. ¿Cómo queremos que sea la Cataluña de los próximos veinte años? ¿Qué modelo económico aspiramos a construir? ¿Qué papel deben jugar nuestras empresas? ¿Qué oportunidades tendrán los jóvenes que hoy deciden emprender?
Como presidente de la Aijec tengo la suerte de hablar cada semana con jóvenes empresarios de sectores muy diversos. Personas que han decidido asumir riesgos, crear empleo, innovar y construir proyectos empresariales en Cataluña. Y, cuando escuchas muchas historias diferentes, acabas descubriendo que todas comparten una misma preocupación: la sensación de que cada vez hay que hacer más esfuerzo para conseguir los mismos resultados.
No hablamos solo de fiscalidad o de burocracia, hablamos de acceso al talento, de productividad, de financiación, de capacidad para crecer y competir en los mercados internacionales. Hablamos, en definitiva, de cómo conseguir que crear una empresa siga siendo una opción atractiva para las nuevas generaciones.
A menudo reducimos el debate económico a las cifras de crecimiento. Pero crecer no siempre significa prosperar, y eso, desde la empresa, se tiene muy claro.
"Una economía puede generar más actividad y, al mismo tiempo, perder competitividad"
Una economía puede generar más actividad y, al mismo tiempo, perder competitividad. Puede crear más riqueza sin que esta se traduzca en mejores oportunidades para quien quiere emprender, innovar o desarrollar una carrera profesional de alto valor añadido.
Por eso, creo que el verdadero debate no debería centrarse en defender o rechazar el Informe Fénix, debería centrarse en cómo construimos una economía más fuerte, más productiva y más preparada para competir en un mundo que cambia a una velocidad extraordinaria.
Como idea que considero fundamental, pienso que la productividad no nace de un decreto, sino que nace del talento. Nace de empresarios que innovan, de profesionales bien formados, de universidades conectadas con la empresa, de una administración que facilita en lugar de complicar, de financiación para crecer y de una cultura que entiende el fracaso como una parte natural del aprendizaje y no como un estigma.
Cuando hablamos de productividad, en realidad estamos hablando de personas.
"El verdadero debate no debería centrarse en defender o rechazar el Informe Fénix, debería centrarse en cómo construimos una economía más fuerte, más productiva y más preparada para competir"
En la Aijec lo vemos cada día: jóvenes empresarios que desarrollan tecnología desde Cataluña para todo el mundo; empresas industriales que exportan innovación; startups que compiten en los mercados globales y empresas familiares que se reinventan para seguir siendo competitivas.
Este talento existe. La pregunta es si estamos construyendo el entorno adecuado para que quiera quedarse aquí y crecer aquí. Porque el talento es extraordinariamente móvil; va allí donde encuentra oportunidades, estabilidad, seguridad jurídica y un ecosistema que acompaña el crecimiento en lugar de frenarlo.
Quizás esta es la reflexión más importante que deberíamos extraer del debate que ha abierto el Informe Fénix. Que no se trata de escoger entre crecimiento económico y cohesión social, porque, plantearlo así, es un falso dilema. Las sociedades más cohesionadas acostumbran a ser también aquellas capaces de generar empresas competitivas, empleo de calidad y salarios más elevados. Una cosa alimenta la otra. Desde la Aijec defendemos precisamente esta idea de equilibrio: no aspiramos a crecer por crecer. Aspiramos a crecer mejor.
"Desde la Aijec defendemos precisamente esta idea de equilibrio: no aspiramos a crecer por crecer, sino a crecer mejor"
Queremos una Cataluña donde sea posible emprender con menos obstáculos, innovar con más apoyo, atraer y retener talento, facilitar el relevo generacional de nuestras empresas y recuperar la ambición económica que históricamente ha caracterizado nuestro país. Porque hablar de empresa no es hablar únicamente de beneficios. Es hablar de oportunidades, de movilidad social, de innovación, de empleo, pero sobre todo, de futuro.
Quizás dentro de unos años nadie recordará cada una de las conclusiones del Informe Fénix, pero ojalá recordemos que fue uno de esos momentos en que Cataluña decidió volver a hacerse las preguntas importantes.
Las respuestas podrán ser diferentes. Es legítimo que lo sean, lo que ya no nos podemos permitir es dejar de formularlas.
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