El Informe Fènix tiene el valor de poner sobre la mesa una serie de carencias de nuestra economía que no se están abordando adecuadamente. En este sentido, le preocupa la productividad de la economía que, tal como señala, está empeorando. Denuncia las políticas de inmigración, o la falta de estas, que están poniendo en tensión servicios públicos esenciales tales como la vivienda, la enseñanza y la sanidad. Aporta el concepto de sector altamente subvencionado para aquellos que sus salarios medios están por debajo de cierto nivel, de tal manera que los impuestos derivados de tal actividad no consiguen cubrir los costes de los servicios públicos puestos a su disposición. Consecuentemente, el incremento de los salarios forma parte de las estrategias propuestas. En general, el informe ha obtenido un extraordinario eco que está propiciando un debate abierto que el país necesitaba.
En términos generales, sin embargo, querría expresar mi sorpresa sobre el tono extraordinariamente negativo del informe. Un tono que ha sido recogido por los medios de comunicación con expresiones como que “el país se desangra”, “que avanza hacia el colapso”. Esta visión catastrofista es claramente exagerada e imprudente. No ayuda en absoluto a la solución de ningún problema. Vivimos unos años en que la crispación se ha instalado en la política española y catalana. La falta de aceptación de los resultados de las elecciones democráticas por parte de la oposición política está inflando una imagen negativa que a fuerza de repetirse se ha instalado en el imaginario colectivo. No es bueno que Fénix sume en esta dirección.
Indicadores y realidad
El informe sitúa el PIB como indicador clave de bienestar y prosperidad. Para explicarlo, utiliza un “ejemplo paradigmático”: comparando tres trabajadores de McDonald’s de Ciudad de México, Barcelona y Zúrich. Los tres empleados hacen lo mismo y, por lo tanto, deberían tener el mismo poder adquisitivo, pero no es así. Según los autores del informe, “estas enormes diferencias no tienen nada que ver ni con el sector, ni con la eficiencia del proceso, ni con la formación, la diligencia o la dedicación del trabajador. La respuesta a esta paradoja es complicada, pero se puede encontrar la pista principal en el PIB per cápita (PIBpc) en cada uno de los países”.
La respuesta, desde mi punto de vista, no es suficientemente correcta. No es el PIB de México lo que determina las diferencias. Las diferencias las determinan la estructura empresarial y sectorial diferente, el grado de innovación tecnológica, la calidad de las infraestructuras, el talento a partir de una mejor formación, la estabilidad política, la calidad de los servicios públicos, etc. Puede parecer indiferente, ya que son estos factores recién enunciados los que determinan el PIB. Pero el orden de las cosas es muy importante: si nos fijamos en el indicador, perdemos de vista la realidad que determina este y no afinamos tanto con las soluciones, las cuales las dirigimos principalmente a forzar la modificación del indicador en vez de abordar los problemas desde su raíz. Es decir, priorizar el acento en las políticas migratorias, políticas educativas, políticas de vivienda, impulso de las infraestructuras viarias, desarrollo de las tecnologías de información y comunicación, simplificación de los procesos de la administración pública, equidad de los recursos provenientes del Estado, etc.
Si ponemos por ley aquí los salarios de Suiza, no convertiremos el país en un gemelo de Suiza, sino que podemos comprometer la economía
Dado que lo que importa es el indicador, se toman opciones dirigidas a cambiar el indicador como si el cambio del indicador modificara la realidad. Una de las propuestas es “el aumento del salario mínimo interprofesional hasta que se detenga el crecimiento de los puestos de trabajo poco cualificados”. De manera simple, si ponemos por ley aquí los salarios de Suiza, no convertiremos el país en un gemelo de Suiza. Antes al contrario, decisiones alejadas de la realidad como el incremento de sueldos de manera desvinculada de la dinámica de los mercados, puede comprometer la economía del país. No se trata de disfrazar indicadores, se trata de cambiarlos a partir de abordar las causas que los determinan.
Los sectores altamente subvencionados
Al poner el énfasis en los salarios se acaba defendiendo un falso silogismo: si estos son altos, habrá más PIB. Pero los salarios responden a las dinámicas del mercado, obviar este hecho tiene impactos en la competitividad de las empresas, aunque la mejora de salarios sea un buen objetivo dentro del ámbito de la justicia social. En todos los sectores, hay sueldos altos y sueldos más bajos, entre ellos, una parte cobra el salario mínimo. Si no contamos con la existencia de estos trabajadores el sector no funciona. Esto es así en todos los sectores, no solo en el sector cárnico o en el turismo, sectores a los que el informe pone la mirada.
La mejora de las condiciones laborales y la reducción de la desigualdad son objetivos de justicia social a defender dentro del complejo marco de una realidad competitiva, pero con los tiempos y con las realidades que los acompañan. Pero culpabilizar, de hecho, a los trabajadores con peores sueldos de no aportar suficiente en relación con los servicios que reciben es, a mi parecer, no entender los caminos de la desigualdad, de la injusta desigualdad. Bajo el concepto de salario altamente subvencionado, por el hecho de no poder contribuir lo suficiente a los servicios públicos a los que tiene derecho, se pueden estar escondiendo formas muy mercantilistas de las relaciones sociales que pensaba que ya habíamos superado.
Repito: los salarios mejorarán si se mejoran los sistemas educativos, si se impulsa la innovación, si se construyen y mantienen las infraestructuras necesarias, si se articulan las estructuras empresariales de manera más eficiente y sinérgica, si las fuerzas políticas y sindicales generan relaciones de consenso hacia los objetivos esenciales, si nos desenganchamos del pesimismo. Si se hace esto, los salarios mejorarán, y el PIB también. Pero el orden de las cosas es importante, incluso decisivo.
La industria cárnica como culpable
El informe indica que:
- “El énfasis debe situarse en la neutralización del crecimiento de los sectores que están restando productividad al conjunto y lastran la prosperidad del país”
- “Con este objetivo, el informe se centra en los sectores productivos en los que el salario medio es tan bajo” ... Que no genera los recursos fiscales para financiar los servicios públicos de los que disfruta. Es decir, que está obteniendo una “subvención encubierta”
- “El crecimiento de estos sectores es perjudicial, pero especialmente pernicioso si el beneficiario último es alguien que no reside en Catalunya” (es decir si el producto se exporta)
- Los sectores económicos que tienen estas características se sitúan, sobre todo, en el ámbito del turismo – particularmente el de sol y playa- y de la industria cárnica
En resumen, baja productividad, salarios bajos y cantidad de inmigrantes que afecta “sobre todo” al turismo de sol y playa y la industria cárnica.
¿En qué país está pensando Fènix? ¿En una Catalunya sin ganadería, con poca agricultura, pendientes y atemorizados por la siguiente guerra?
Con el fin de añadir objetividad a la realidad del sector cárnico, expongo a continuación algunas informaciones y comentarios.
- El sector agroalimentario (primario+industria) es el primer sector industrial de Catalunya. Esta afirmación a veces es desconocida o incluso negada. En este sentido, sugiero la lectura del artículo “el PIB misterioso de la agroalimentación”. Contemplando el amplio clúster agroalimentario, con todos los sectores que arrastra, Prodeca estima su PIB en el 19% sobre el total. Pero, refiriéndonos al VAB directo, este es el 4%. Seguido de la industria química que es el 2,43% y de la fabricación de coches y material de transporte que es el 1,93%.
- Catalunya tiene una baja autosuficiencia alimentaria, por debajo del 50%. Una de las estrategias posibles es contar con otros sectores con alto valor añadido que le permitan comprar los alimentos fuera. Pero esta opción aboca al país a una gran dependencia en un tema crítico desde un punto de vista estratégico como son los alimentos. En este sentido, es clarificador el caso de Suiza, un país con enormes recursos provenientes de sectores con alto valor añadido. Este país ha optado, después de los resultados de un referéndum, a destinar recursos para reforzar su autosuficiencia alimentaria como prioridad estratégica.
- Catalunya, como Suiza, ha demostrado que este tema le importaba y ha desarrollado una estrategia inteligente. Dada su falta de tierra cultivable y agua suficiente ha importado, de manera virtual, la tierra y el agua que no tenía en forma de materias primas alimentarias (soja, maíz, etc.) de países que tienen tierra y agua en abundancia. Es decir, ha importado materias primas para alimentar su ganadería intensiva, transformando estos productos a través de la cría de animales y la industria cárnica. Finalmente, exportando productos de mayor valor añadido para equilibrar su balanza comercial.
- El sector cárnico ganadero se ha desplegado mediante el sistema de integración ganadera. Este sistema, nacido en Catalunya, es un acuerdo win-win entre la empresa integradora y los ganaderos, que ha dado solidez y estabilidad a este sector. El integrador, una empresa con cierta dimensión, asume el riesgo de mercado, mientras que el integrado, es decir, una granja, asume los riesgos propios de la producción.
- Este despliegue industrial ha sido acompañado de un importante desarrollo tecnológico. Desde el inicial Centro de Tecnología de la Carne a la creación del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) y el establecimiento de la red consorciada con las universidades catalanas, se ha implementado una infraestructura tecnológica que ha sido el motor del ejemplar impulso de la I+D alimentaria en Catalunya.
- El sector cárnico-ganadero está en plena transformación tecnológica con la incorporación de las herramientas de la automatización digital o robotización. Actualmente, con el despliegue de las plantas de biogás se han de mejorar, aunque tarde, los procesos productivos desde un punto de vista medioambiental y contra el cambio climático. Como ejemplo de ello, una de las grandes empresas de este sector (BonÀrea de Guissona) realiza, desde siempre, turismo industrial mostrando, sin miedo y con orgullo, sus instalaciones de transformados cárnicos.
- Desde la solidez de la agroindustria alimentaria se han impulsado un conjunto de subsectores industriales, tecnológicos (genética y sanidad animal, por ejemplo) y servicios que necesitaba. Permitiéndoles, así, alcanzar unas escalas suficientes para competir en el mercado global. A modo de ejemplo, un laboratorio catalán (la empresa Hipra) dedicado a la sanidad animal ha sido capaz de desarrollar la vacuna Bimervax contra la covid-19.
- No tiene sentido atribuir la categoría de sector que “lastra la prosperidad del país” a un segmento del conjunto (sector cárnico). La cadena alimentaria tiene un proceso inseparable. Obviamente, si no contamos con la industria cárnica la ganadería no puede dar salida a su producto y debería buscar su salida fuera de Catalunya, algo disfuncional cuando las mejores industrias cárnicas de España están en Catalunya. Pero, aún más, si no hubiera ganadería intensiva, los secanos de Catalunya no habrían tenido capacidad para competir y habrían pasado a tierra yerma y bosque. La ganadería intensiva es un demandante de tierra para dar salida a las deyecciones en calidad de fertilizantes orgánicos y es, a la vez, consumidor de los cereales producidos en las tierras de secano, aunque con una producción más limitada.
- Se habla de bajos salarios. En primer lugar, los salarios medios que se detallan en el informe no son peores en el sector cárnico que en otros sectores. ¿Por qué, pues, dirigirse casi solo al sector cárnico? Además, en el cálculo no están contados los servicios externos cualificados que dan apoyo necesariamente al sector (veterinarios, higienistas, por ejemplo) no tiene sentido no tenerlos en cuenta en la ecuación. La transformación alimentaria es un proceso mucho más complejo que, por ejemplo, producir coches o fabricar muebles.
- Todo el proceso productivo está integrado por diferentes actividades, con una complejidad diferente todas ellas. Pero no podemos analizar un segmento de un sector escogiendo determinadas partes e identificado el sector con las partes que nos ayudan a construir el discurso. En las industrias cárnicas trabajan directa o indirectamente profesionales altamente cualificados y, al mismo tiempo, trabajadores de base. Esto mismo ocurre en las empresas de la producción de energía o de la industria química. Todas ellas tienen personal no cualificado con sueldos bajos. Para hablar de sueldos hay que hablar del conjunto. En caso contrario nos estamos equivocando. Como nos equivocaríamos si pensáramos que un país puede prosperar solo con empresas de alto nivel tecnológico.
- Al Informe Fènix le preocupan los inmigrantes. En veinte años, Catalunya ha incrementado su población con más de dos millones de personas, la mayoría inmigrantes. Esto está causando serios desequilibrios, escasez de servicios públicos y vivienda. Pero, ¿qué tiene que ver el sector cárnico en esto? En dos décadas —del 2000 al 2020—, el sector cárnico ha pasado, según las estadísticas oficiales de Idescat, de 21.411 personas ocupadas a 32.820 personas. Es decir, ha aumentado el 53% su plantilla, pero esto quiere decir un repunte de 11.409 personas, una cifra insignificante al lado de los dos millones de incremento de la población catalana.
- Se apunta a la baja productividad y se mira al sector cárnico. El volumen de negocio de este sector ha pasado del 2000 al 2020, según los datos de Idescat, de facturar 3.528 millones de euros a 10.079 millones. Es decir, el volumen de negocio se ha casi triplicado (un aumento del 185%) cuando el volumen de ocupados solamente se había incrementado un 53%. El progreso en productividad ha sido muy importante y extraordinariamente evidente.
- Se habla de exportación como una desviación de recursos propios hacia otros países. Es una manera de verlo. Las exportaciones de carne responden a una demanda real y la posibilidad de hacerlo responde a la competitividad del sector. Esto forma parte de los equilibrios para garantizar la misma posición en el seno de un entorno comercial global muy competitivo. Si se exporta carne, subvencionamos otros países; si exportamos vehículos, es una muestra de nuestra competitividad. Quizás se necesita la misma medida.
Como reflexión final, ¿en qué país está pensando Fènix? ¿En una Catalunya sin ganadería, con poca agricultura, pendientes y atemorizados por la siguiente guerra, que nos dificultará el abastecimiento alimentario y que multiplicará los precios de los alimentos y nos hará más pobres? ¿Queréis decir? Suiza existe, pero Catalunya y España progresarán desde sus limitaciones.
Tal como nos decía el poeta Salvador Espriu: "Oh, qué cansado estoy de mi cobarde, vieja, tan salvaje tierra, y cómo me gustaría alejarme de ella, norte allá, donde dicen que la gente es limpia y noble, culta, rica, libre, despierta y feliz! Pero no he de seguir nunca mi sueño y me quedaré aquí hasta la muerte. Pues soy también muy cobarde y salvaje y amo además con un desesperado dolor esta mi pobre, sucia, triste, desdichada patria".
