La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y el que más cambia. Cada minuto de nuestra vida perdemos entre 30.000 y 40.000 células de piel muerta, que son sustituidas por otras nuevas. Hasta el punto de que la mayor parte del polvo que tenemos en casa es de piel humana. Y aún más curiosidades: a partir de los 25 años, el cuerpo empieza a disminuir la producción de colágeno, acelerándose a partir de los 40-45 años. El resultado es la aparición de arrugas, reducción de la elasticidad y más flacidez en general.
Luchar contra el paso del tiempo es imposible y, de hecho, poco recomendable, pero la medicina regenerativa ha encontrado fórmulas para estimular la capacidad natural de la piel para repararse y regenerarse. Dicho de otra manera, mantener una piel facial sana y atractiva el máximo de tiempo es posible gracias a la capacidad que tienen los tejidos para repararse ellos mismos.
El perfil de la persona que acostumbra a visitarse para hacer un tratamiento regenerativo es el de una que de por sí ya se cuida y que cuida la alimentación y la dieta. Normalmente, está conforme con su aspecto físico, pero —igual que cuida el resto de aspectos de su vida—, también quiere cuidar la apariencia de su piel. Tal como hemos dicho, esta puede regenerarse y la medicina estética regenerativa reúne una nueva línea de tratamientos que estimulan y potencian esta capacidad.
Medicina regenerativa, medicina personalizada
El camino de la medicina estética va hacia la medicina personalizada y se orienta hacia tratamientos muy ajustados a las necesidades específicas de cada paciente. La terapia de luz pulsada intensa (IPL) es una manera de —mediante un único tratamiento— cuidar muchos aspectos de la piel, ya que mejora la homogeneidad del color, le aporta hidratación, luminosidad… Es un tratamiento que indirectamente mejora la sensación de flacidez de la piel y permite incidir de forma global en su aspecto.
La máquina de IPL trabaja con unos filtros que actúan sobre nuestros cromóforos, que serán los objetivos, para mejorar las manchas y lesiones vasculares que van formando un mosaico de colores en nuestra piel, como parte del proceso de fotoenvejecimiento. Hay pacientes que con una sesión tendrán suficiente y hay otros que pueden necesitar hasta tres. Aun así, es cierto que con la luz pulsada en la primera sesión el paciente ya nota un cambio espectacular.
Tenemos también el microneedling: con agujas minúsculas se hacen pequeños canales a escala de la piel y seguidamente se emplean principios activos en función de lo que se quiera tratar. Las miniagujas facilitan la apertura de canales para que haya una mejor penetración de los activos. Por ejemplo, con la vitamina C podemos efectuar un tratamiento antioxidante y podemos poner tranexámico en el caso de querer incidir en la hiperpigmentación.
Y para cerrar el top 3 de tratamientos faciales nos tenemos que referir al EXO-REGENE. En este caso, se trabaja con material biológico del paciente. Se extrae la máxima esencia de este material para introducirlo dentro de la piel y hacer que el microsistema que hay en la piel sea lo más adecuado posible. Esta circunstancia posibilita que la célula sea mucho más eficaz y productiva, con lo cual se puede disfrutar de una piel con hidratación y luminosidad, así como con producción de colágeno, de elastina, de ácido hialurónico…
Interés generalizado y creciente
A una paciente joven interesada en el cuidado de su piel hay que educarla para que haga una skin care correcta en casa que incluya limpieza de piel, hidratación y fotoprotección solar. Con pieles más maduras convendría decantarse más por la implicación en la medicina estética y regenerativa. Y también se debe valorar el estilo de vida individualmente: una persona que, por ejemplo, hace mucha actividad al aire libre, será una persona que acelerará su envejecimiento.
Independientemente del género, la gente joven ya tiene cada vez más presente el cuidado de su aspecto. La piel de un hombre y la de una mujer es diferente: el hombre tiene una piel más gruesa y una densidad de colágeno mayor, pero también necesita cuidarse y requiere un buen asesoramiento. Y conviene no confundir piel saludable con piel morena. A veces pensamos que el aspecto más saludable consiste en que la piel esté muy morena, y a menudo esto es una agresión del sol. En este sentido, conviene matizar que el sol es necesario para la vitamina D, pero un abuso de este no es saludable.
Un buen profesional debe saber plantear al paciente el tratamiento más adecuado y valorar que el “riesgo-beneficio” esté bien compensado. Cuando el riesgo es más alto que el beneficio hay que alertar que no es un buen tratamiento. Es decir, siempre hay que buscar que el riesgo sea bajito para aportarle un buen resultado.
Sin embargo, es muy importante no hacer tratamientos innecesarios, así como disponer de un diagnóstico específico de nuestra piel, porque no hay dos iguales. Y cuanto más personalizados son los tratamientos, mejor suelen ser los resultados. La última recomendación es acudir siempre a centros médicos con profesionales contrastados y con la tecnología adecuada para la realización de los tratamientos más efectivos e innovadores.