Escucha el artículo ahora…
La bahía de Llafranc, a un paso del Camí de Ronda que enlaza esta cala con Calella de Palafrugell y Tamariu, es ese lugar de postal veraniega que todos buscamos cuando subimos a la Costa Brava. Coronando esa bahía, el hostal Casamar, una casa de hoteleros y cocineros que ya va por la tercera generación, es el refugio para los que amamos visitarla también fuera de temporada.
Al frente, una pareja de hermanos bien avenidos. Presumen de que quizás ya tienen el relevo generacional por ambas partes atado (y nos alegramos por eso). María y Quim son la cara (la sala) y la cruz (la cocina) de un restaurante que no necesita estrellas para brillar. El restaurante Casamar tuvo una estrella Michelin durante una década, de 2011 a la edición de 2022, y la perdió en plena pandemia, sin visita de inspectores de por medio.
Lo cuenta el propio Quim si le preguntas, con cierta amargura. Pero no pasa nada. Hoy el restaurante luce un Sol Repsol y sigue siendo parada obligada para quien se tome en serio la gastronomía del Empordà. Una estrella da titulares, pero lo que mantiene lleno un restaurante es la cocina de día a día. Y en eso la familia Casellas es imbatible: compromiso por la cocina bien hecha y el buen servicio.
"Una estrella da titulares, pero lo que mantiene lleno un restaurante es la cocina de día a día"
Lo natural es llegar a Casamar con el salitre pegado a la piel, después de una buena caminata entre pinos y calas. Los Casellas han sabido conservar el aire de casa familiar (la casa donde está hostal y restaurante la compraron sus abuelos paternos en los años 50 para convertirla en un hotel) pero no se quedaron anclados en la nostalgia. Una remodelación en 2025-2026 para celebrar su 70 aniversario ha puesto sus habitaciones al nivel de los mejores hoteles boutique de este rincón de Catalunya donde la tramontana mece y despeina.
Pero volvamos a la cocina. La mesa de Casamar bebe directamente del Mediterráneo que tiene delante y entra por los generosos ventanales de un cristal con el que se enmarca el mar. Casellas se formó junto a chefs como Jean Luc Figueras, Carles Gaig o Fermí Puig (en la etapa del Drolma en el Hotel Majestic). Y eso se ve en su forma de entender la cocina y la sala. Hay técnica en los platos de Quim, pero una técnica puesta al servicio del producto, sin aspavientos ni filigranas. El restaurante, que ofrece dos menús degustación y una carta, forma parte, además, del colectivo de La Cuina de l'Empordanet y del movimiento slow food.
Su nuevo menú nos ofrece unos bocados para empezar que homenajean al Camí de Ronda que va a Calella. Comienza con un crujiente de pan neutro con un tartar de corvina, el nigiri (crujiente de alga nori brandada de merluza) y un bombón de mejillones en escabeche. También, llega a la mesa la clásica magdalena casera, horneada con romero, olivas negras y queso y el aceite de argudell (variedad local ampurdanesa) de Can Salellas, una almazara de Cantallops.

El primer plato es la sencillez de la temporada con un toque francés: unos camagrocs (rebozuelos) levemente salteados con una holandesa noissette. La gamba de Blanes asoma en la siguiente elaboración. Sus cabezas salteadas y flambeadas, lo justo para extraer el jugo de sus cabezas en una reducción que será la salsa del plato. Las colas, confitadas en aceite de oliva, guardan el dulzor y la suavidad de su fina textura. Se saltean con ajo un minuto y se sirven con ajo en varias texturas: alioli, flor de ajo y el ajo frito. Antes, un tiradito de pez de roca, vinagreta y kumquat confitado.
Joel Cobalski, catalán de familia polaca, asiste la mesa para seleccionarnos algunos vinos locales como el Clos Jóncols, una garnacha blanca biodinámica de una única viña ubicada en el corazón del parque natural de Cabo de Creus, o una malvasía oxidativa de Marta Arenas de una pequeña viña familiar plantada en Vall-llobrega fermentada en damajuana. Acompaña a otro de los clásicos de la casa, el canelón (hecho con pasta wonton) con farsa de puerro con beurre blanc, cigalas salteadas y queso de la granja familiar artesanal y ecológica dedicada a la ganadería de ovejas de raza autóctona ripollesa Mas Marcè. Acabamos con un arroz muy meloso coronado con la noble señora, la Aristeus antennatus, en un nuevo despliegue de producto ampurdanés. Icono gastronómico y turístico de primerísimo nivel, la gamba roja siempre encuentra sito en el establecimiento.

Una refrescante crema de limón con granizado de apio (limón en diferentes texturas con crumble de frutos secos, granizado de apio y un toque efervescente) pone el sello al menú como postre. Además del menú degustación al uso, conviene no pasar por alto lo que cambia cada día. Fuera de carta llegan pescados de lonja, como la dorada, el Sant Pere o el dentón, hechos a la brasa y servidos con gamba de Palamós, además de una escórpora frita que justifica por sí sola una visita al restaurante.
Si tienes un regalo pendiente, o si te lo debes a ti mismo, cualquiera de sus dieciocho habitaciones (muchas con balcón o terraza al mar), un menú degustación y un desayuno viendo amanecer sobre la bahía, es una experiencia para cualquier gourmet que se precie.
Casamar
Dirección: Carrer del Nero, 3, Llafranc (Palafrugell).
Precio: 105 euros el menú degustación / 450 euros experiencia completa (Pack dos Menús Punta d'en Blanc más una noche de hotel).
Añadir VIA Empresa como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad