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Biogás para ordenar y sanear el país

El biogás permite transformar los residuos orgánicos que animales y personas producimos, los cuales tienen un alto potencial de insalubridad y contaminación, convirtiéndolos en una múltiple solución

Una planta de biogás en mitad de un paisaje natural | iStock
Una planta de biogás en mitad de un paisaje natural | iStock
Francesc Reguant | VIA Empresa
Economista, experto en estrategias de la agroalimentación
26 de Agosto de 2026 - 04:55

En los últimos años, en Via Empresa, me he referido en dos ocasiones a la importancia de impulsar el biogás: biogás en el país del no a todo y llega el biogás con una mochila llena de soluciones, allí exponía la necesidad medioambiental de su implantación. El biogás es una herramienta eficaz de la bioeconomía circular para ordenar y sanear el territorio. Permite transformar los residuos orgánicos que animales y personas producimos, los cuales tienen un alto potencial de insalubridad y contaminación, convirtiéndolos en una múltiple solución. Es decir, convirtiendo un residuo en un producto de valor; reduciendo o eliminando emisiones de gas metano CH₄, un gas con alto efecto invernadero; produciendo energía renovable; produciendo fertilizantes homogeneizados e higienizados y otros productos de utilidad industrial, química, farmacéutica y alimentaria. Incluso, en procesos de depuración complementaria, obtener agua fertilizante para usos agrícolas.

 

Además de los nuevos productos obtenidos, las plantas de biogás deben permitir quitar el mal olor de los campos agrícolas y reducir o eliminar la contaminación del suelo y del agua provocada por la actividad agrícola. Las plantas de biogás son herramientas para nuestra salud y bienestar. Es una alternativa adoptada desde hace años en toda Europa, Estados Unidos y países emergentes. No nos podemos entretener más, hay que adoptar esta solución.

El país en pie de guerra contra el biogás

Hoy la construcción de plantas de biogás en Catalunya ya está sobre la mesa; ya hay proyectos construidos (pocos todavía), pero algunos en construcción y otros en proyecto avanzado. Como consecuencia, también se han incrementado las protestas de la población afectada. Pero especialmente me han sorprendido las respuestas inflamadas de algunos ayuntamientos y alcaldes. A veces, la mirada a las siguientes elecciones puede generar respuestas irresponsables. Sería bueno que la población valorara a aquellos alcaldes valientes que piensan en el futuro de la población, no en el resultado de las elecciones. Pero, para que esto fuera posible, sería necesario que la población fuera igualmente responsable de su futuro colectivo.

 

¿Cuáles son las quejas más frecuentes?

  • Que el lugar no es el adecuado. Este argumento puede ser válido, puede ser fruto de una inadecuada planificación. Pero la queja sobre la inadecuación del lugar escogido para edificar la planta debería ir acompañada de criterios y propuestas para una mejor ubicación. Al contrario, si todas las propuestas de ubicación fueran descartadas haría pensar que estaríamos ante otro tipo de problema, de un fenómeno Nimby.
  • Que su dimensión es demasiado grande. También se puede discutir la dimensión de la planta de biogás, pero hay que saber que la opción de pequeñas plantas de biogás vinculadas a granjas cercanas es una opción más costosa y con más problemas de viabilidad. Esta opción de pequeñas plantas ha estado siempre abierta, pero no se ha concretado casi ninguna iniciativa a partir de la iniciativa de los granjeros o integradores. Cabe mencionar, sin embargo, la excepción de Alcarràs Bioproductors que precisamente han precisado formar una amplia unión de granjas para abordar un proyecto de dimensiones económicamente viables y técnicamente eficientes. Es decir, han convertido en grande el proyecto para que este fuera posible. Asimismo, hay una pequeña planta de biogás promovida por la cooperativa Agrocat, vinculada a una granja de bovino y que es presentada como planta piloto.
  • Que huele mal. Este es un argumento que hay que contradecir. Precisamente, lo que hace una planta de biogás es quitar el olor agresivo de los productos orgánicos en descomposición. El olor moderado de una planta de biogás no trasciende más allá de una corta distancia.
  • Que contamina. También hay que contradecir el argumento, ya que lo que hace es eliminar o limitar los potenciales de contaminación.
  • Que rompe la imagen del pueblo. Este es un elemento de sensibilidad difícil de objetivar. En Dinamarca muestran los molinos de viento como atractivo turístico.
  • Que provocará el paso de muchos camiones pestilentes por el medio de las poblaciones. Los camiones pueden y deberían ir cerrados y las carreteras hoy se van alejando cada vez más del paso por el centro de las poblaciones. El ayuntamiento puede arbitrar las vías para el tráfico de camiones.
  • Que la población ya tiene el impacto de otras actividades de interés para el país (energía, industria, comunicaciones, etc.) que generan impactos negativos. Este argumento puede tener todo el sentido. El Plater debería equilibrar impactos de diverso tipo y, si es necesario, compensar, como se hace, por ejemplo, con las localidades cercanas a centrales nucleares.

¿Realidad o insolidaridad?

De todas maneras, siempre es difícil establecer la línea exacta que separa la real inadecuación del proyecto de la mera insolidaridad o perfeccionismo exagerado. La actitud “en mi casa no” es universal. La oposición a proyectos colectivos a menudo se identifica con actitudes insolidarias, pero no siempre es así. Hay proyectos que son inadecuados, mal hechos y fuera de lugar. Por eso es tan difícil y siempre discutible el acierto de algunas actuaciones contra proyectos de transformación. Sin embargo, en Cataluña los movimientos de oposición sistemática a toda transformación nacen por todas partes y obtienen una especial atención de los medios de comunicación.

Precisamente, en el momento que escribo estas líneas, leo en el diario que un colectivo de residentes en determinada población está planteando una protesta por el ruido que genera el juego de petanca de unos jubilados. Hace poco, otro grupo de vecinos protestó con contundencia por el ruido del patio de una escuela infantil. También, hace unos meses, una noticia “importante” publicada en TV3 hacía referencia a la protesta de unos vecinos por el ruido que hacía el bus turístico al pasar por su calle, ya que este había modificado su recorrido y ahora les afectaba a ellos (se supone que por las otras calles por donde pasaba antes no hacía ruido. O daba igual; de lo que se trataba es de que no hiciera ruido en su calle). Todo esto me recuerda el cuento de la princesa del guisante.

Vivimos en una comunidad y esto conlleva compartir una serie de “incomodidades” por el bien de la colectividad

Vivimos en una comunidad y esto conlleva compartir una serie de “incomodidades” por el bien de la colectividad. Por ejemplo, soportando o disfrutando con alegría el ruido, a las once de la mañana, de niños jugando en la escuela de al lado de casa. A la vez, somos beneficiarios de servicios que “incomodan” a otros miembros de la comunidad. No hay palacios para vivir sin compartir los inconvenientes de hacer colectivo, de la misma manera que compartimos las ventajas.

Responsabilidad

Todos generamos basura y todos, hombres y animales, generamos residuos orgánicos. Criterios de higiene y salubridad exigen una gestión adecuada de estos, en principio, residuos. Hasta ahora, la no adecuada gestión de estos ha generado contaminación en el suelo, en el agua y en el aire. Las tecnologías modernas nos ofrecen soluciones eficientes para dar una buena solución al tema. Estas soluciones pasan indudablemente por plantas de biogás y biotransformación para el aprovechamiento selectivo de los diferentes productos contenidos en los residuos orgánicos. Tener la casa ordenada nos da satisfacción y seguridad sanitaria. Y esto significa biogás.

Un ejemplo en paralelo, pero bastante representativo, es el de la gestión del agua. Hace años, pero muy cercanos, los ríos bajaban sucios y contaminados; las aguas que llegaban al mar contaminaban nuestras playas. Pero esto ha cambiado. Hoy disfrutamos de ríos y playas con aguas limpias. El cambio ha sido muy importante.

Hemos aceptado las depuradoras y hemos ganado aguas limpias, higiénicamente tratadas y con vida natural recuperando biodiversidad

La causa de este cambio ha sido, sin duda, la buena gestión de la Agencia Catalana del Agua pero, en concreto, gracias a la multiplicación de depuradoras de agua. Hemos aceptado las depuradoras y hemos ganado aguas limpias, higiénicamente tratadas y con vida natural recuperando biodiversidad.

Hoy necesitamos las depuradoras de nuestros residuos orgánicos para poder disfrutar de un suelo, unas aguas y un aire más limpio y saludable. Y esto significa: biogás.

Visitando dos plantas de biogás

Dicen que una imagen vale más que mil palabras y me ha parecido oportuno añadir una foto realizada durante mis visitas a las dos plantas de biogás mencionadas.

Planta de Biogàs d’Alcarràs Bioproductors a Alcarràs (1)
Planta de Biogàs d’Alcarràs Bioproductors a Alcarràs | Cedida
Planta de Biogàs de la Cooperativa Agrocat a Monistrol de Calders (1)
Planta de Biogàs de la Cooperativa Agrocat a Monistrol de Calders | Cedida

Se trata de dos instalaciones diferentes en dimensión. Alcarràs puede gestionar 70.000 tn de deyecciones y otros substratos para la digestión anaerobia, mientras que la planta de Agrocat gestiona solo las deyecciones de una granja bovina. Son también diferentes en finalidad, productiva en Alcarràs y, además de productiva, como planta piloto en Agrocat.

La visita es cómoda, hay un olor propio, pero nada agresivo, el cual desaparece a unos 100 metros de la planta. Probablemente, el fomento de estas visitas podría ayudar a mejorar el conocimiento y la valoración de estas instalaciones tan necesarias.

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