BTR, una apuesta necesaria

En un momento de máxima urgencia se necesita una regulación que reme a favor, no en contra

Un cartel de alquiler, en una imagen de archivo | ACN
Un cartel de alquiler, en una imagen de archivo | ACN
Ramon Oliver | LinkedIn
Director gerente de Quiriam
23 de Enero de 2026 - 04:55

Por poco que prestemos atención en determinados ambientes, comprobaremos que ciertos colectivos (profesionales o no) tienen su propia jerga. Palabras y expresiones que se han convertido en un código interno y que son totalmente ininteligibles para quien no forme parte de la familia. Podemos encontrarnos totalmente excluidos de una conversación si no conocemos ciertas expresiones. Como ejemplo, imaginémonos con lo que podemos oír en una charla entre dos médicos si quieren dejarnos de lado...

 

El sector inmobiliario, lógicamente, también tiene su jerga. En determinados casos, además, algunas expresiones están camufladas tras un acrónimo. Y por si fuera poco, encima, con anglicismos. Como por ejemplo, BTR, build to rent, construir para alquilar. Los que sois del gremio ya sabéis de qué va la cosa, pero en un momento en que la vivienda es uno de los grandes problemas de la sociedad, es necesario que este concepto llegue al gran público.

Desde que hace un par de años empecé a publicar artículos sobre el mundo inmobiliario, me he oído decir que me quejo mucho y que propongo poco para intentar resolver el problema de la vivienda. Pues aquí lo tenéis, la primera alternativa concreta que lanzo para mejorar el acceso a la vivienda es esta, BTR, construir para alquilar. Por un doble motivo.

 

Primero, la oferta. Es evidente, solo hay que ver los datos, que las políticas impulsadas por la administración (gobierno central, pero también Generalitat y ayuntamientos) han fulminado la oferta de alquiler. Ante la desprotección frente a los inquilinos que tienen los propietarios, muchos de ellos (ya sean fondos de inversión, grandes tenedores o pequeños propietarios) han decidido resolver el tema poniendo sus pisos a la venta. En paralelo, ante unas expectativas de renta que no se pueden cumplir por la entrada en vigor del tope de alquileres, tres cuartos de lo mismo: más pisos a la venta. El resultado es que el mercado de compraventa se mantiene bastante activo (la contención de los tipos también ayuda), pero la oferta de alquiler va menguando día a día de manera preocupante.

Es evidente, solo hay que ver los datos, que las políticas impulsadas por la administración han fulminado la oferta de alquiler

Segundo, la demanda. La petición de viviendas de alquiler es una realidad. Por un lado, no todo el mundo tiene la capacidad para poder comprar un piso. Por otro, hay quien descarta la compra para no atarse 30 años (la duración de una hipoteca estándar) a una ubicación concreta. O también por concepto: si bien la sabiduría popular de los catalanes siempre nos recuerda que alquilar es tirar el dinero, hay quien contrariamente considera que eso de no alquilar para no tirar el dinero sea una decisión tan sabia.

La urgencia es tan clamorosa que encuentro incontestable la necesidad de ampliar la oferta de alquiler. Y la necesidad es tan grande que no podemos ir a parches. Todo suma, pero el típico proyecto del promotor local (los que somos de pueblo conocemos unos cuantos) que aborda promociones de ocho o diez pisos son totalmente insuficientes, no pasa de ser una gota en un océano. Necesitamos grandes promociones de gente dispuesta a invertir grandes cantidades de dinero para satisfacer la demanda actual. Fijaos en lo que digo: grandes promociones y grandes inversiones. Grandes promociones porque la oferta actual es pírrica. La demanda está a años luz de poder estar mínimamente satisfecha. Y grandes inversiones porque la construcción de viviendas es muy cara. Y muy lenta. Esta lentitud no se debe solo al propio proceso de construcción sino también a toda la burocracia que implica.

Necesitamos grandes promociones de gente dispuesta a invertir grandes cantidades de dinero para satisfacer la demanda actual

Y claro, si pensamos en grandes inversores que tendrán un retorno a medio o largo plazo, la respuesta es fácil: o grandes corporaciones o fondos de inversión. Lo siento por todos aquellos que cuando leen grandes corporaciones ya piensan en conspiraciones con la administración y que cuando oyen fondos de inversión acaban poniendo por defecto el calificativo de buitres detrás. Con este panorama, la pregunta es evidente: si hay “mercado”, ¿cómo es que corporaciones y fondos no se ponen? ¿Cómo es que no tenemos grandes promociones enfocadas al BTR en marcha? La respuesta es de cajón: inseguridad. Y la inseguridad apunta claramente a la administración.

Se necesita una regulación que facilite los proyectos BTR y los convierta en una opción viable. Y cuando digo viable no me refiero a asegurar que la construcción de grandes promociones llegue a su fin en condiciones y plazos (¿a nadie se le cae la cara de vergüenza sabiendo que una licencia de obras supone entre doce y dieciocho meses en muchas ciudades?). Me refiero también a que hay que asegurar que a mitad de partido no se cambiarán las reglas del juego. (¿Es obligatorio recordar aquí lo que pasó hace cosa de diez o doce años en proyectos de energías renovables, legislado de manera retroactiva?).

Decíamos antes que el BTR tiene un horizonte a muy largo plazo, ya que prevé que el posible retorno de la inversión vía alquileres es cosa de muchos y muchos años. Si no hay garantías de estabilidad pasaremos -diría que ya hemos pasado- del “que inventen ellos” al “que construyan ellos” (con permiso de Unamuno...).