A menudo se dice que tenemos una economía low cost. Y, en muchos casos, es cierto: empresas pequeñas, poca productividad y una competencia basada demasiado a menudo en el precio. Esta percepción tiene una parte de verdad. Pero, si solo nos quedamos con esta fotografía, corremos el riesgo de no ver otra realidad que también es cierta: en los últimos años el tejido empresarial está experimentando mejoras muy significativas.
Esto se desprende del trabajo Quatre dècades d'empresa catalana: evolució econòmica i financera, que acabamos de publicar en la Revista Econòmica de Catalunya conjuntamente con Enric Genescà Garrigosa, Carme Poveda y Enric Genescà Palau. El estudio analiza la evolución de las empresas catalanas entre 1983 y 2024 a partir de los informes que elabora anualmente el Consell General de Cambres de Catalunya, con la colaboración del departament d'Economia de la Generalitat y utilizando la información de la Central de Balances del Banco de España. Disponer de una serie homogénea de 40 años permite observar tendencias que, a menudo, pasan desapercibidas cuando solo nos fijamos en los datos de un ejercicio.
Disponer de una serie homogénea de 40 años permite observar tendencias que, a menudo, pasan desapercibidas cuando solo nos fijamos en los datos de un ejercicio
La primera conclusión es especialmente relevante: las empresas han aumentado mucho la generación de valor. Tal como muestra la primera figura, el margen bruto ha pasado del 50,9% al 62,5% de las ventas, mientras que el valor añadido bruto ha aumentado del 32,2% al 38,2%. Es decir, las empresas crean hoy más riqueza por cada euro facturado.
¿Y qué se ha hecho de esta riqueza adicional? Una parte importante se ha destinado a retribuir mejor a las diferentes partes interesadas. Los gastos de personal han aumentado del 21,4% al 26% de las ventas. Por lo tanto, generar más valor ha permitido aumentar la parte destinada a salarios de cada euro vendido. La contribución fiscal también es superior porque los beneficios son más elevados, y los dividendos distribuidos a los accionistas han pasado del 1,12% al 4,34% de las ventas.
Generar más valor ha permitido aumentar la parte destinada a salarios de cada euro vendido
En la figura siguiente se muestra que durante estas cuatro décadas la rentabilidad empresarial ha estado muy condicionada por los ciclos económicos. Las crisis de 1992, de 2008 y la derivada de la pandemia provocaron fuertes caídas de los resultados. Pero también se observa una gran capacidad de recuperación. De hecho, los últimos ejercicios registran los niveles más elevados de toda la serie histórica, con un resultado sobre ventas superior al 8%.

Este resultado es aún más destacable cuando se compara con las empresas europeas. Según la base de datos BACH, que recoge información homogénea de diversos países europeos, el beneficio sobre ventas de las empresas europeas fue de alrededor del 5% en el año 2024. Las empresas catalanas, con cerca de un 8%, se sitúan claramente por encima.
Esta evolución positiva no es un hecho aislado. También queda reflejada en los resultados anuales del Anuario de la PYME del Observatorio de la PYME y en el estudio de ratios sectoriales de la ACCID, UPF-BSM y Pimec, que desde hace años muestran una mejora progresiva de la rentabilidad, la solvencia y la solidez financiera de las empresas. Esta mayor capacidad de generar beneficios es también una buena noticia porque proporciona más recursos para invertir, innovar y crecer. Precisamente, si queremos reducir la distancia que aún nos separa de países como Alemania en productividad o valor añadido por trabajador, es necesario favorecer que las empresas ganen dimensión. Unos márgenes más sólidos facilitan este proceso, porque permiten financiar las inversiones necesarias para crecer y competir cada vez más por el valor y menos por el precio.
Si queremos reducir la distancia que aún nos separa de países como Alemania en productividad o valor añadido por trabajador, es necesario favorecer que las empresas ganen dimensión
La misma tendencia se observa en la rentabilidad de los fondos propios (figura siguiente), que mide la capacidad de generar beneficios sobre el capital aportado por los accionistas. Este indicador también ha alcanzado sus máximos históricos en los últimos años, superando ampliamente el 15% y aproximándose al 18% en 2024.

Naturalmente, esto no quiere decir que todos los problemas estén resueltos. Seguimos teniendo retos importantes, como aumentar la dimensión empresarial, invertir más en innovación, mejorar la productividad, reducir la burocracia y el absentismo o reforzar la internacionalización. Cabe recordar, además, que estos datos son valores medios. Conviven empresas muy competitivas con otras que atraviesan dificultades. Sin embargo, la tendencia del conjunto del tejido empresarial es claramente positiva.
A menudo nos fijamos solo en aquello que no funciona bien. Es una actitud necesaria porque impulsa la mejora, pero también conviene reconocer los avances. Los datos de los últimos años muestran que las empresas están generando más valor y son más rentables. Los retos siguen siendo grandes, pero también lo son las mejoras. Y reconocerlos es el primer paso para seguir progresando hacia una economía que compita cada vez más por el valor que crea y menos por el precio.