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En busca de una casa de vacaciones... para huir de casa

Un alojamiento nos puede permitir mantener las rutinas de casa, pero también alejarnos de las tareas que hacemos durante todo el año

Dos turistas con maletas en el centro de Barcelona | David Zorrakino (Europa Press)
Dos turistas con maletas en el centro de Barcelona | David Zorrakino (Europa Press)
Garazi Etxaniz Idarreta | EnpresaBIDEA
Periodista en EnpresaBIDEA
21 de Agosto de 2026 - 04:55

Cuando nos vamos de vacaciones, ¿qué preferimos: hotel, apartamento o camping? Puede parecer que la respuesta solo determina dónde dormiremos, pero detrás de esta elección hay algo más: qué queremos hacer con el tiempo del que disponemos durante las vacaciones.

 

Irse de vacaciones implica decidir qué parte de nuestra vida cotidiana queremos mantener y cuál queremos dejar de lado. Un apartamento nos permite mantener algunas rutinas de casa; un hotel, en cambio, nos da la oportunidad de delegar tareas que hacemos nosotros mismos durante todo el año. En definitiva, el tipo de alojamiento condiciona en qué usamos nuestro tiempo libre.

Una casa fuera de casa

Salir de casa no es sinónimo de dejar atrás todas las rutinas cotidianas. Cuando llegan a un alojamiento nuevo y desconocido, los turistas empiezan a hacer suyo el espacio mediante pequeños gestos cotidianos: deshacer las maletas, ordenar las habitaciones, llenar la nevera o preparar la primera comida. Esta es precisamente la conclusión a la que llegaron Isabelle Frochot, Dominique Krezia y Statia Elliot en un estudio sobre las vacaciones. Los investigadores observaron durante una semana a turistas alojados en una estación de esquí, a quienes hacían entrevistas en profundidad cada día para analizar cómo se iban adaptando progresivamente al nuevo espacio. El estudio muestra que las rutinas que se crean durante las vacaciones ayudan a convertir un alojamiento temporal y desconocido en un espacio propio y, por lo tanto, contribuyen a mejorar la experiencia vacacional.

 

El alojamiento se convierte en una especie de espacio intermedio: lo suficientemente parecido a casa para sentirnos cómodos, pero lo suficientemente diferente para recordarnos que estamos fuera de casa

Es una paradoja, porque tampoco se trata de reproducir la casa en su totalidad. Un estudio cualitativo publicado en 2025 por la socióloga Anna Pechurina abordó la cuestión desde otro punto de vista. Pechurina estudió a usuarios de la plataforma Airbnb y analizó cómo los huéspedes construían esa sensación de hogar y, a la vez, cómo mantenían una cierta distancia respecto a esta. De hecho, los participantes buscaban elementos que les hicieran sentir cómodos, pero a la vez buscaban alojamientos que no se parecieran a su casa y evitaban repetir determinadas prácticas cotidianas. La conclusión de la investigadora es que sentirse "como en casa" no significa querer repetir durante las vacaciones todas las rutinas domésticas. Queremos la sensación de hogar, la familiaridad, pero queremos que aquello que estamos viviendo sea diferente de la rutina cotidiana.

Por lo tanto, el alojamiento se convierte en una especie de espacio intermedio: lo suficientemente parecido a casa para sentirnos cómodos, pero lo suficientemente diferente para recordarnos que estamos fuera de casa. Y es aquí donde empieza la decisión: cuando tenemos que elegir dónde pasar las vacaciones, ¿hasta qué punto queremos alejarnos de la vida cotidiana?

Pagar por hacer lo mínimo posible

Sea cual sea el alojamiento que elijamos, algunas tareas desaparecen. Preparar el desayuno, hacer la cama, limpiar o decidir dónde y qué comer forman parte de la rutina en casa. En un hotel, muchas de estas tareas —si no todas— desaparecen porque son otras personas las que las hacen por nosotros. Lo que pagamos no es solo la habitación del hotel, sino también el hecho de no tener que ocuparnos de las tareas que conlleva. Una parte del precio de las vacaciones consiste, precisamente, en no tener que hacer determinadas cosas.

En casa, hacer la cama no es una decisión económica, sino una pequeña parte de la rutina. En un hotel, en cambio, el hecho de hacerla tiene una dimensión económica, ya que forma parte de lo que hemos pagado. Lo mismo sucede con la limpieza, el desayuno y otros servicios.

En junio de 2025, las personas alojadas en hoteles gastaron 264 euros por día de vacaciones

Y todas estas cosas se pagan, y se pagan bien. Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en junio de 2025 las personas alojadas en hoteles gastaron 264 euros por día de vacaciones, teniendo en cuenta el gasto de todo el día, además del alojamiento. Las que durmieron en otros tipos de alojamiento —apartamentos, campings o casas rurales— gastaron una media de 170 euros al día, es decir, 94 euros menos cada día.

Esto no quiere decir necesariamente que los hoteles tengan que ser más caros, pero sí que muestra que las dos maneras de alojarse influyen en los hábitos de consumo: en general, quien opta por un hotel gasta más. Y aún más: aquel mismo mes, los turistas gastaron 8.730 millones de euros en hoteles, mientras que en el resto de alojamientos solo gastaron una cuarta parte (2.634 millones de euros).

A partir de estas cifras, no se puede asegurar que pagar más implique recibir más servicios, pero sí que dejan claro que lo que se compra no es exactamente lo mismo. Tanto una habitación de hotel como una parcela de un camping sirven para satisfacer una necesidad básica —tener un lugar donde dormir—, pero el número de tareas y decisiones que quedan en manos del viajero será diferente. Eso sí, elegir un hotel no quiere decir necesariamente que aquella persona quiera hacer menos cosas, de la misma manera que dormir en un camping no significa que busque trabajar durante las vacaciones.

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