La curiosidad, la belleza o la necesidad de conectar con los demás. Tres valores que motivaron a Antoni Gaudí en la creación de sus obras y que, cien años después, son los grandes elementos tractores del turismo de la actualidad. “Aquello que continuará moviendo a las personas será lo mismo que movía a Gaudí”, ha afirmado la periodista y presentadora del programa Revolució 4.0, Xantal Llavina, en la bienvenida de la decimocuarta edición del Forum TurisTIC del centro tecnológico Eurecat, un encuentro que, nuevamente, busca responder cómo la tecnología puede ayudar a recibir y gestionar un mejor turismo. Porque más allá de “controlar mejor los flujos de visitantes, proteger el patrimonio y hacer los destinos más sostenibles”, Llavina tiene claro que “el mejor turismo del futuro será aquel que utilice la tecnología para hacerlo más humano”.
Una humanidad que, con el auge de la inteligencia artificial generativa, empieza a ser cuestionada por voces entusiastas y catastrofistas en una vorágine que el experto en negocio y cultura digital y presidente de Accent Obert, Genís Roca, niega con rotundidad. “En general, lo estamos leyendo mal. Recuperemos la perspectiva, porque las cosas, por rápidas que sean, necesitan unos tempos si tienen que transformar un sector”, ha reclamado el experto.
Para exponer su tesis, Roca ha identificado las tres grandes transformaciones digitales que ha experimentado la humanidad: la primera, la llegada de la informática doméstica; la segunda, internet, y la tercera, la actual, la IA. “Cada una de estas fases ha sido una bofetada, un cambio de modelo de negocio”, ha dejado claro el experto, quien ha remarcado el espacio temporal que pasó entre la llegada y la consolidación de las dos primeras: “La llegada del PC la podemos colocar en el 75, pero hasta el 85 no era normal encontrar un ordenador en un hogar. En el año 2000, en todo el mundo solo había 40 millones de personas con acceso a internet; es a partir de 2005 que la gente normal tiene acceso”.
Roca: “Las cosas, por rápidas que sean, necesitan unos tempos si tienen que transformar un sector”
Observando las dos primeras revoluciones digitales, Roca ha trazado el camino que estas innovaciones provocan en la sociedad y el mundo empresarial: una primera fase de exploración; una segunda etapa “de artesanía” en la que cada compañía prueba soluciones propias, seguida por momentos de fricción con los modelos anteriores; y una tercera de estandarización, en la que las soluciones comerciales empiezan a emerger y, en su adopción en las empresas, se produce un segundo momento de fricción. “Siempre que ha habido una de estas olas, el proceso ha sido más o menos el mismo”, ha señalado Roca, quien ha vaticinado que con la inteligencia artificial, aunque sea más deprisa, se seguirá una trayectoria similar, y que ahora mismo nos encontramos todavía en las fases de exploración y artesanía.
Estas tres revoluciones digitales también han tenido, en sus fases de estandarización comercial, soluciones de referencia que han marcado la manera de hacer de la industria turística. En la primera de las tres, Roca ha identificado Amadeus como el gran referente: la empresa, participada por varias aerolíneas, que “lideró una manera de gestionar viajes” basada en una base de información de la disponibilidad de asientos de cada vuelo. Más adelante, en el año 2000, nació Booking, y ahora queda por ver quién encabezará la nueva revolución digital en turismo. “En la primera revolución, el valor era para quien controlaba la infraestructura, y el poder pasó de operadores locales a agregadores globales. Con Booking, el valor está en la demanda: capturamos las preferencias y opiniones y el valor pasa a los intermediarios. Y ahora, esto va de dónde se toman las decisiones”, ha resumido el presidente de Accent Obert.
Es ante este panorama que Roca ha recomendado a los profesionales del sector apresurarse a vivir en el “mundo de datos”: “La inteligencia artificial es una máquina que trabaja contra flujos de información. Si no estás, eres transparente para ella”. Y no solo hay que estar de manera individual, sino también colectiva, en “ecosistemas coordinados de datos”, porque “si informo que la habitación está disponible, pero la zona no informa de los accesos que hay, la propuesta funcionará mal”. En esta línea, el presidente de Accent Obert ha destacado proyectos como la futura Oficina de Big Data de la comarca del Ripollès, o bien la iniciativa EDINT (Espacios de Datos para las Infraestructuras Urbanas Inteligentes), que reúne doce centros de excelencia y oficinas del dato (CEOD) de municipios y regiones del Estado, con Mataró como único representante catalán.
Roca: “La inteligencia artificial es una máquina que trabaja contra flujos de información. Si no estás, eres transparente para ella”
Estos dos proyectos demuestran que “el ecosistema que necesitaremos es publicoprivado”, ya que se requerirán “muchas fuentes de datos para intentar gestionar el callejón sin salida” de la IA. Pero no es el único requisito: en un internet que ya empieza a sustituir el SEO por el GEO (posicionamiento para motores generativos), Roca ha introducido el concepto de los Model Context Protocol (MCP) para el comercio electrónico, un formato de web “pensada para que la IA encuentre lo que busca”. “Es un motor que atiende a las IA”, resume el experto.
La apuesta pública por el turismo cultural

Pero mientras el sector catalán se prepara para ordenar los datos y encarar esta tercera revolución digital, hoy ya afronta el reto de gestionar correctamente un volumen de viajeros cada vez más elevado. Un panorama ante el cual las administraciones apuntan a una receta compartida: diversificación de públicos, desestacionalización y promoción de destinos menos conocidos. Una de estas vías es apostar por un tipo de turismo diferente: sea el de ferias y congresos, donde Barcelona ya domina con claridad; o bien el turismo cultural, que en 2024 representó el 20% de los motivos para visitar el país de los turistas internacionales, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) compartidas por el presidente de Eurecat, Daniel Altimiras.
“Más allá de sectores como la restauración, el alojamiento, el transporte y la cultura, el turismo genera efectos positivos sobre la demanda de servicios tecnológicos”, ha destacado Altimiras. El presidente de Eurecat ha recordado que el centro tecnológico que lidera trabaja habitualmente con servicios de consultoría y conceptualización aplicados al mundo del turismo, y ha puesto como ejemplo el gemelo digital sonoro del Palau Moja, que permite recuperar la acústica de espacios arquitectónicos que ya no existen.
La apuesta por el turismo cultural es compartida por el Ajuntament de Barcelona, como bien ha relatado el comisionado para la Gestión del Turismo Sostenible del consistorio, José Antoni Donaire: “En Barcelona nos hemos propuesto que un tercio de los turistas sean culturales”. Para lograrlo, Donaire confía en el uso de la tecnología para conseguir tres objetivos: crear diversidad y conseguir “visitas que generen identidad” con propuestas más personalizadas; ser capaz de conectar elementos diferentes en función de la visita, “y no solo en términos municipales”; y conseguir que también sea una “herramienta de gestión”. En este último ámbito, el comisionado para la Gestión del Turisme Sostenible ha citado la Zona Bus 4.0, el nuevo sistema de gestión de paradas y estacionamiento de autocares turísticos en Barcelona, que les ha permitido controlar “los flujos de una manera mucho más diferente”.
Donaire: “En Barcelona nos hemos propuesto que un tercio de los turistas sean culturales”
En la misma línea trabajan tanto la Diputació de Barcelona como la Generalitat de Catalunya. Por parte de la primera, la gerente de los servicios de Turisme, Soledad Bravo, ha recordado que “un 40,8% de los turistas que nos visitan realizan experiencias culturales”, una cifra que ha aumentado un 17% desde 2021. “Para nosotros, cuando hablamos de turismo cultural, la visión va más allá de un producto turístico; buscamos ofrecer una experiencia que nos ayuda a explicar mejor el territorio y nuestra singularidad, y la tecnología es una gran aliada”, ha asegurado.
Por su parte, la directora general de Turisme del Govern, Cristina Lagé, ha dejado claro que “para que haya turismo cultural debe haber cultura”. Una aparente obviedad que, según ha argumentado, depende en buena parte del turismo: “Lo vimos durante la pandemia; si no fuera por el turismo, la cultura habría desaparecido”. En este sentido, Lagé ha apuntado que el turismo sirve “para ordenar, poner sentido común y gestión”, unas tareas para las que cree que la tecnología debería usarse: “La tecnología funciona para que este martes se puedan vender 40.000 entradas en Montjuïc en quince minutos, y que funcione”.
Espacios de datos y una comunicación desde el origen
Un ejemplo claro de aplicaciones tecnológicas de gestión turística son los llamados espacios de datos, infraestructuras digitales que controlan cientos o miles de fuentes de información en una única plataforma. “Gracias a los espacios de datos, la información no está dispersa, sino que la tenemos trazada. Sabemos el quién, el cuándo y el cómo”, ha explicado el consultor tecnológico de Libelium, Pau Miras. “Los datos nos permiten proteger nuestro entorno y hacerlo mucho más sostenible tomando decisiones inteligentes”, ha aseverado el experto, que ha presentado varios ejemplos de casos de uso que han implementado desde Libelium.
Uno de los más representativos son los gemelos digitales de las Strade Nuove de Génova, las calles del centro histórico de la ciudad mediterránea que son patrimonio arquitectónico de la Unesco. Gracias a la instalación de diversos sensores de IoT, el equipo puede captar información como la calidad del aire o las condiciones medioambientales de los alrededores de estos edificios, que combinados con otros datos climáticos les permiten crear unas réplicas digitales con información monitorizada con la que pueden predecir posibles desperfectos. Otro ejemplo, este en Catalunya, es el espacio de datos de movilidad instalado en ciudades como Barcelona, Sant Boi y Terrassa. Gracias a este “espacio federado”, Libelium concentra informaciones de móviles, transporte y cámaras de seguridad en una única plataforma que permite “predecir en un mismo ecosistema cómo afectará la afluencia o el día a día de la ciudad”.

Pero volviendo al turismo cultural, la fundadora de la consultoría belga Place Generation, Elke Dens, ha identificado una paradoja que se encuentra actualmente en marcha: “Todos queremos ser más atractivos como ciudades o regiones, pero pasa lo contrario: cada vez somos más y más genéricos”. Esta problemática se debe a lo que Dens ha llamado sea of sameness, que en castellano podríamos traducir como “mar de uniformidad”. Este espacio imaginario hace referencia al hecho de que “todo el mundo hace más o menos las mismas cosas para la misma gente”, cosa que da como resultado experiencias turísticas iguales en Nueva York, Roma o Pekín.
Ante esta uniformización del turismo, desde Place Generation reclaman la importancia de invertir el orden de la promoción turística: en vez de pensar primero en el mensaje y después en el lugar, prestar atención primero a cómo se siente y qué quiere este destino y construir el relato a partir de ahí. Uno de los ejemplos que Dens ha presentado es el de la ciudad de Helsinki, con la que trabajaron en una investigación para encontrar una identidad de la ciudad. “Esto no va de turismo, sino de qué hace una ciudad única”, ha remarcado.
Dens: “Esto no va de turismo, sino de qué hace una ciudad única”
Después de consultarlo con multitud de gente, el equipo identificó cuatro elementos clave que conforman “el ADN” de la capital finlandesa: la naturaleza, la capa urbana, la sostenibilidad social y el diseño. Con todo, se encontraron con el hecho de que, si bien la naturaleza y el urbanismo sí que se identifican correctamente con la idea de Helsinki, los viajeros no reconocen tan fácilmente los otros dos elementos. “Es importante entender que hay una brecha entre aquello que realmente eres, lo que le explicas al mundo y cómo este te percibe”, ha alertado la fundadora de Place Generation. Y con la voluntad de reforzar estos dos factores más invisibles, la consultora ha trabajado con la administración finlandesa en proyectos como el nuevo museo del diseño de la ciudad o en la promoción de la biblioteca nacional con el acompañamiento de la sociedad civil.
Descubriendo bestias fantásticas y murallas romanas
Pero no es necesario viajar hasta Génova o Helsinki para encontrar nuevas maneras de experimentar con el turismo cultural. Un verbo, el de experimentar, especialmente repetido por el profesor agregado del Departament d'Enginyeria de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), Narcís Parés, también director del Laboratorio de Interacción de Cuerpo Entero (FubIntLab). Su equipo ha desarrollado el proyecto AR Lantern Magic, un dispositivo de realidad aumentada que permite interactuar de nuevas maneras con los contenidos de los museos. “En los espacios públicos tendemos a no ir solos: vamos en pareja, amigos, grupos familiares… y era muy importante para nosotros no romper esta dinámica de grupo”, ha explicado Parés. Según el profesor, la aplicación actual de tecnologías en los museos y explicaciones, a menudo gafas de realidad virtual o aplicaciones de realidad aumentada a través de móviles, tiende a “aislar” a las personas entre ellas y con su propio cuerpo.
Para solucionarlo, la “linterna mágica” que han diseñado es un aparato que permite proyectar sobre los espacios físicos la experiencia digital deseada, de manera que se puede hacer partícipes a otras personas de manera más fácil. La primera aplicación de este sistema se ha aplicado en el Museu d'Història de Barcelona, concretamente, en las antiguas murallas romanas de Barcino. En un ejercicio lúdico, apuntando con la linterna a un fragmento de la edificación los visitantes pueden retirar virtualmente los ladrillos de la muralla, detrás de la cual podrán visualizar una reconstrucción del paisaje de fuera de las murallas en época romana y un soldado que les llama la atención. “Es un dispositivo que se puede pasar fácilmente de mano en mano y que invita a compartir, pero que no obliga a todos los participantes, que sin usar un móvil, están integrados en la dinámica”, ha explicado Parés.
Otro ejemplo catalán de cómo las nuevas tecnologías ayudan a crear narrativas innovadoras en turismo cultural lo encontramos en el Museu d'Art Medieval de Vic (MEV). Con una colección de más de 29.000 piezas del románico y el gótico catalán, la institución busca no solo conservarlas, sino “hacerlas significativas para la gente de hoy”, según ha asegurado la responsable de Comunicación, Programas Públicos y Estrategia Digital del MEV, Carme Comas. En esta tarea, el museo busca “combinar el rigor histórico con las nuevas formas” de comunicar, una estrategia que se resume en tres acciones clave: la creación de la página web, la digitalización de los activos y la construcción de una sala inmersiva.
Es a partir de esta última, inaugurada en 2022, que el MEV produjo con la empresa barcelonesa Layers of Reality una experiencia inmersiva llamada La Biblioteca Fantàstica de les Bèsties, que entre octubre de 2022 y diciembre de 2023 se expuso en el Centre d'Arte Ametller de Barcelona. Con un total de diez salas, el proyecto buscaba reivindicar el color y el imaginario del mundo medieval a través de los animales y seres fantásticos presentes en los bestiarios medievales catalanes. “Las experiencias inmersivas dan el valor de poder compartir en pequeños grupos o de manera individual una experiencia, y la realidad aumentada te permite transportarte a un mundo imaginario que no se podría transmitir de otra manera”, ha considerado Comas.
'La Biblioteca Fantàstica de les Bèsties' es una experiencia inmersiva del MEV y Layers of Reality que da protagonismo a los animales fantásticos de los bestiarios medievales
Este proyecto nació de inicio con una vocación internacional y de itinerancia, y desde el MEV y Layers of Reality han tenido conversaciones con museos de Corea, Colonia y de otros lugares del Estado español para llevarlo a sus salas. Pero también se busca hacer una adaptación a pequeña escala para instalarlo directamente en el MEV, que desde que estrenó la sala inmersiva en 2022 ya ha acumulado más de 100.000 visitantes. “Nos ha ayudado a posicionarnos como museo de gran colección de arte medieval, y la adaptación [de La Biblioteca Fantàstica de les Bèsties] nos ayudará a continuar trabajando en este relato, porque permitirá hacer una visita diferente al museo”, ha afirmado.