El Idescat acaba de hacer pública la estimación del PIB territorial para Catalunya correspondiente al año 2024. Entre las variables destaca la estimación del PIB per cápita (PIBpc), que relaciona el valor de la riqueza generada con la dimensión poblacional del territorio.
No está del todo claro qué significa el PIBpc en escalas territoriales pequeñas, porque se construye sobre dos variables que en el ámbito local no guardan relación necesariamente. Una manera sugerente de verlo es interpretar el PIBpc como una aproximación a cuáles son las funciones territoriales que dominan en un determinado ámbito.
Si se toma como referencia el Índice de PIB per cápita donde Catalunya es igual a 100 (es decir, que el estándar de referencia es el cociente entre el PIB de toda Catalunya y su población), podemos afirmar que valores índice superiores a 100 los encontraríamos en aquellos territorios donde la función productiva es más importante (relativamente, comparado con la media catalana), mientras que valores índice inferiores a 100 los encontraríamos en aquellos territorios donde la función residencial es la predominante (siempre en términos comparativos).
Esto se muestra muy claramente si hacemos un ranking de municipios con su valor índice de PIBpc. Lo encabezan municipios que son verdaderos enclaves productivos (o de actividades de alto valor) como Martorell, Vandellòs y l'Hospitalet de l'Infant o Castellbisbal, y lo cierran municipios casi exclusivamente residenciales, como Badia del Vallès, Santa Margarida de Montbui o Cunit.
Hay, sin embargo, una perspectiva de análisis que nos puede aportar más información sobre cómo están evolucionando simultáneamente la localización de la producción y la residencia, como es ver qué evolución ha tenido este índice de PIBpc, por ejemplo, en este siglo.
El gráfico a continuación nos muestra qué trayectoria ha seguido el valor índice del PIBpc en las principales ciudades catalanas, comparando el valor de 2001 con el de 2024. Nos parece bastante relevante para centrar el análisis.

Empecemos por decir que en el año 2001 solo cinco de las diecisiete ciudades catalanas más grandes tenían un PIBpc con valor índice superior a 100. Por orden: Barcelona, Girona, Sant Cugat del Vallès, Tarragona y Rubí; es decir, eran claramente capitales productivas. En 2024 se han añadido Cornellà de Llobregat y Lleida, y han caído Rubí y (casi) Manresa y Tarragona.
Si nos fijamos en el conjunto, nueve de las diecisiete grandes ciudades ‘pierden’ posiciones en PIBpc, y esto afecta muy particularmente a lo que llamaríamos las grandes ciudades industriales tradicionales: Mataró, Reus, Sabadell, Terrassa y Vilanova i la Geltrú. Durante este siglo, estos municipios, que ya tenían predominancia de su función residencial, han incrementado este rol en la red del país (o, dicho de otra manera y por definición, la localización de la actividad ha tendido a concentrarse fuera de estas ciudades).
Miremos las grandes ciudades que, originariamente con funciones residenciales dominantes, han mejorado en su papel productivo. Destaca excepcionalmente el caso de Cornellà de Llobregat (pasa de un valor 75 a 126), pero se ve acompañada de otros municipios de la conurbación de Barcelona, como L'Hospitalet de Llobregat y Sant Boi de Llobregat y, en menor valor, Badalona y Santa Coloma de Gramenet, esta última la gran ciudad catalana con más peso de la función residencial.
Entre las grandes ciudades, Sant Cugat del Vallès y Barcelona juegan en otra liga; han consolidado en este siglo una posición que ya era de predominancia productiva
El gráfico deja claro que, entre las grandes ciudades, Sant Cugat del Vallès y Barcelona juegan en otra liga. Con valor índice 151 y 142 (a grandes rasgos, su producción supone aproximadamente un 50% más que su proporción de población) han consolidado en este siglo una posición que ya era de predominancia productiva.
Por extensión, y sin poder entrar en detalles, parece cierto un patrón territorial que ha focalizado durante este siglo la localización de actividad (y de actividad de alto valor) en la capital y el Barcelonès, con los municipios del Baix Llobregat más vinculados y el enclave de Sant Cugat en el Vallès. Esta es la dinámica de la que venimos. Todo parece indicar que se puede ver reforzada -a la vista de dónde se concentran determinados grandes proyectos de nuevas actividades- en el próximo segundo cuarto de siglo. Naturalmente, las implicaciones de todo orden (movilidad, vivienda, hacienda local, pequeños municipios industriales...) deberían merecer una atención que ahora no tienen.
Conviene subrayar que este valor del PIBpc no tiene nada que ver con la productividad territorial. Para hacerlo habría que comparar el PIB y los puestos de trabajo de aquel territorio, y desgraciadamente hay un cierto acuerdo en que este es un dato del que no tenemos referente fiable, debido a que la afiliación a la Seguridad Social oculta efectos suyos muy distorsionadores. Quienes hemos hecho este ejercicio, no obstante, hemos comprobado que puede haber sorpresas de relieve, que con toda la precaución será motivo de otra nota de opinión.