En un artículo anterior planteaba una paradoja: si la inteligencia artificial sustituye una parte de los trabajos que tradicionalmente hacían los profesionales júniors, ¿de dónde saldrán los séniors de mañana? El artículo terminaba con una idea: las empresas del futuro necesitarán profesionales con experiencia, y estos profesionales solo existirán si alguien les da una primera oportunidad.
Esta conclusión nos lleva a otra pregunta: ¿cómo los formaremos si la IA ya hace muchas de las tareas con las que antes aprendían? Durante décadas, aprender un oficio consistía en buena parte en empezar por abajo. Un auditor revisaba facturas. Un abogado buscaba jurisprudencia. No eran siempre los trabajos más estimulantes, pero tenían una gran virtud: se aprendía haciendo. Ahora la IA puede hacer muchas de estas tareas en segundos. Podemos eliminar la tarea, pero no podemos eliminar el aprendizaje que proporcionaba.
1. No proteger las tareas, sino el aprendizaje
La solución no es conservar artificialmente los antiguos trabajos de los júniors, sino preservar el proceso que permite adquirir conocimiento, experiencia y criterio. Un estudio reciente de McKinsey, con cerca de 1.500 directivos y responsables de talento, indica que una tercera parte de las empresas ya está reduciendo las tareas básicas con las que tradicionalmente aprendían los júniors. Sin embargo, el 66% prevé que la IA hará aumentar la contratación de profesionales de entrada. Esto no pasará en todas partes: en algunos ámbitos, especialmente cuando la IA pueda asumir buena parte de las tareas iniciales, sí que se reducirá la necesidad de júniors.
Por lo tanto, no se trata simplemente de contratar más o menos. Necesitaremos júniors diferentes y, probablemente, en proporciones diferentes según cada actividad. En Catalunya, según datos de Acció publicados este julio, el 30,4% de las empresas de más de nueve trabajadores invirtió en inteligencia artificial en 2025, frente al 24% en 2024 y el 12,6% en 2023. En solo dos años, el porcentaje se ha más que duplicado. La IA ya forma parte del día a día empresarial y obliga a repensar cómo formamos a los profesionales.
2. Utilizar la IA para aprender, no para dejar de pensar
Si los júniors tienen que ser diferentes, también tiene que cambiar la manera como aprenden. McKinsey propone una fórmula sencilla: primero piensa la persona, después pregunta a la IA y, finalmente, compara. Imaginemos un analista joven que tiene que valorar una empresa. Si pide directamente a la IA que haga el análisis, ganará tiempo. Pero, ¿qué habrá aprendido?
Podemos hacerlo al revés: primero, estudia la empresa, identifica los riesgos y llega a unas conclusiones; después, pregunta a la IA y compara las respuestas con un profesional experimentado. ¿Qué ha visto la IA que él no había visto? ¿Y qué sabe él del cliente, del sector o del contexto que la IA desconoce?
Y el proceso continúa. También hay que aprender a preguntar y repreguntar a la IA. Una respuesta puede abrir nuevas preguntas, sugerir aspectos para profundizar o contener conclusiones que hay que cuestionar. La clave es iterar: preguntar, contrastar, repreguntar y mejorar. Esto exige pensamiento crítico.
La clave es iterar: preguntar, contrastar, repreguntar y mejorar. Esto exige pensamiento crítico
Un estudio de Microsoft Research, basado en 936 ejemplos reales de uso de la IA generativa, observó que cuanto más confiaban los profesionales en la IA, menos pensamiento crítico declaraban aplicar; en cambio, cuanto más confiaban en sus conocimientos, más cuestionaban y contrastaban las respuestas. La IA puede aumentar la productividad, pero también reducir el esfuerzo de pensar. Bien utilizada, sin embargo, puede ayudar a aprender y progresar más rápidamente: puede convertirse en una extraordinaria herramienta para acelerar el aprendizaje.
3. El sénior deberá ser más maestro
Este nuevo modelo también cambia el papel de los profesionales experimentados. Si la IA puede explicar un procedimiento, buscar información o preparar un borrador, el valor del sénior se desplaza hacia aquello que es más difícil de automatizar: transmitir criterio. ¿Por qué una operación que parece excelente, sobre el papel no nos convence? ¿En qué casos una desviación puede ser la primera señal de un problema? Este conocimiento se acumula durante años, a través de aciertos y errores.
Por eso, las empresas deberán dar tiempo a los séniors para formar a los que vienen detrás y reconocer esta función. Hasta ahora premiábamos sobre todo al sénior que resolvía bien los problemas. Cada vez tendremos que valorar más al sénior que enseña a los demás a resolverlos.
Hasta ahora premiábamos sobre todo al sénior que resolvía bien los problemas. Cada vez tendremos que valorar más al sénior que enseña a los demás a resolverlos
Por lo tanto, la IA no elimina la necesidad de formar talento. Obliga a formarlo de otra manera. Cuantas más cosas pueda hacer la IA, más valor tendrá aquello que solo pueden aportar las personas: ejercer criterio, generar confianza, asumir responsabilidades y ayudar a los demás a crecer.
4. Siete acciones para formar a los séniors de mañana. ¿Qué pueden hacer las empresas?
- Continuar contratando júniors. En algunos ámbitos harán falta menos, pero no podemos cerrar la cantera y esperar encontrar séniors cuando los necesitemos.
- Acercarlos antes a los problemas reales. Menos tareas mecánicas y más clientes, reuniones, proyectos y decisiones, siempre con supervisión.
- Utilizar la IA para aprender, no solo para producir. Primero pensar, luego preguntar, comparar y repreguntar.
- Convertir a los séniors en mentores. La experiencia solo crea valor a largo plazo cuando se transmite.
- Formar criterio. El conocimiento técnico seguirá siendo imprescindible, pero ganarán peso el pensamiento crítico, la curiosidad, la comunicación, la empatía, la creatividad y la capacidad de decidir con información incompleta.
- Transmitir valores y criterios éticos. Los séniors también deben ayudar a los júniors a actuar con integridad.
- Aprender a asumir responsabilidades. La IA puede ayudar a analizar y decidir, pero no puede asumir la responsabilidad del resultado. Hay que contrastar las respuestas, reconocer los errores y responder del trabajo que se firma o presenta.
La IA nos permite aprender más rápidamente y eso es una gran oportunidad. Pero acelerar el aprendizaje no significa eliminarlo. Quizás no estamos ante la desaparición del aprendiz, sino ante la reinvención del aprendizaje. La IA puede acortar el camino entre júnior y sénior. Sin embargo, el camino lo tendremos que seguir recorriendo.
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