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Los jóvenes, los mercados financieros y el lado oscuro

El éxito inversor de esta generación de gente joven dependerá, en gran medida, del enfoque que adopten

El hecho de que la gente joven se aproxime a los mercados es muy positivo, pero no está exenta de riesgos | iStock
El hecho de que la gente joven se aproxime a los mercados es muy positivo, pero no está exenta de riesgos | iStock
Jaume Puig | VIA Empresa
Director general de GVC Gaesco
Barcelona
24 de Enero de 2026 - 04:55

Hace unos días estaba haciendo una presentación presencial sobre la estrategia de inversión del año 2026 para una numerosa audiencia, de unas 500 personas. Es un acto que se hace cada año a principios del mes de enero. Al terminar, el organizador del acto me hizo una observación muy interesante. “¿Te das cuenta de que cada año hay más personas jóvenes en el acto?”, me dijo. Efectivamente tenía razón.

 

Esta generación de jóvenes actual promete, tiene un espíritu inversor superior al de la generación precedente. Podría muy bien ser que el porcentaje de inversores sobre el número de ahorradores fuera el más grande que haya habido nunca. Sé muy bien que la gente joven está muy interesada por tener un cierto aprendizaje financiero, quiere entender los conceptos. Los pódcasts de divulgación financiera tienen una gran audiencia, e incluso canciones actuales tan populares como la de Coti x Coti, tratan el tema. Fragmentos de su letra como “el mercat està palmant i tu estàs hòlding” son bastante indicativos.

Esta generación de jóvenes actual promete, tiene un espíritu inversor superior al de la generación precedente

El hecho de que la gente joven se aproxime a los mercados es muy positivo en sí mismo, pero no está exento de riesgos. En toda actividad hay una parte muy positiva, que hay que conocer y potenciar, pero también un lado oscuro, que hay que evitar. Hay muchos aspectos que podríamos tratar aquí, pero me limitaré a tres que considero muy relevantes.

 

En primer lugar, invertir en activos financieros que tengan esperanza matemática positiva. En otras palabras, hay que conocer bien la rentabilidad potencial que cada activo financiero puede proporcionar con el tiempo. Para ello, hay que disponer de series de precios de muchas décadas, y entender bien el fundamento financiero que hay detrás de todo retorno. Por ejemplo, es bastante conocido que las bolsas de todo el mundo proporcionan, con el tiempo, una rentabilidad media de alrededor del 10% anual. Este retorno incluye tanto la subida de precio de las cotizaciones como las rentabilidades por dividendo que las acciones proporcionan. Sabemos bastante bien por qué todos los mercados bursátiles convergen, con el tiempo, hacia esta cifra. Se explica por las tasas medias de inflación históricas; por los necesarios tipos reales positivos que debe haber a corto plazo; por la prima de riesgo temporal que debe existir entre los tipos de interés a corto plazo y los de largo plazo; y finalmente, por la igualmente imprescindible prima de riesgo que hay que aplicar a los menos predecibles flujos monetarios empresariales respecto a los flujos de la renta fija gubernamental. Cuando hablamos de otros mercados, como por ejemplo, el de las criptodivisas, no se dispone ni de suficiente evidencia temporal, ni de suficiente argumentario fundamental, para poder asegurar que su esperanza matemática sea positiva. No todo lo que tiene un mercado y tiene un precio, obtiene rentabilidades positivas con el tiempo.

En segundo lugar, saber muy bien la diferencia entre inversión y trading. Si un inversor conoce la rentabilidad que proporciona un mercado a lo largo del tiempo, no sabrá cuál será su rentabilidad cada año, pero sí sabrá que, si mantiene la inversión el tiempo suficiente y diversifica de una forma mínimamente óptima, su rentabilidad final se acercará mucho a la previamente planificada. Un trader, en cambio, que se caracteriza por hacer inversiones muy concentradas, e incluso apalancadas, y que utilice además mucho el denominado market timing o entradas y salidas continuadas del mercado, nunca sabrá el resultado final de su inversión en el transcurso del tiempo. Podría, incluso, ser negativa o muy negativa. Su dispersión temporal con el tiempo será extrema. No gozará ni del principal beneficio de la diversificación, la reducción del riesgo, ni tampoco dispondrá de la garantía de ganancia que el tiempo proporciona al activo donde invierte. En otras palabras, a pesar de invertir en un activo financiero que tenga una esperanza matemática positiva, el trader no la tiene. El inversor sí.

En tercer lugar, hay que estar muy alerta con los spreads o diferencial entre el precio de compra y el precio de venta, percibidos por el emisor. Las diferentes casas de inversión de todo el mundo saben bastante bien que la gente joven le tiene pánico a las comisiones explícitas, las que se cuantifican. Precisamente por eso, muchos mercados y muchas casas aplican ya, desde hace mucho tiempo, otro tipo de comisiones, mucho más importantes en importe, pero que mucha gente joven llega incluso a no computar, a pesar de estar pagándola continuamente. Se trata de los spreads o diferenciales entre los precios de venta y los precios de compra. Son muchos los emisores que han introducido la política de los dos precios, de manera que quien compra un activo paga un precio más alto que quien lo vende. Quien se queda la diferencia, cada vez que hay una transacción, es el emisor del activo, que se beneficia íntegramente. Mercados enteros se han edificado sobre esta premisa de los spreads, como por ejemplo los de ETF en particular y ETP en general; los de criptodivisas, en particular y criptoactivos en general, o últimamente los denominados “mercados predictivos”, de otro modo conocidas como casas de apuestas. Si antes se ceñían a temas deportivos, en la actualidad se puede hacer apuestas prácticamente sobre todo. Se trata, pues, de ser bien conocedores de los costes reales que se están soportando, sean o no explícitos.

El éxito inversor de esta generación de gente joven dependerá, en gran medida, del enfoque que adopten. Ya no estamos hablando del éxito de un inversor u otro, sino de toda una generación entera que, si no se pierde en el lado oscuro, disfrutará de un patrimonio financiero como nunca otra generación habrá visto.