Tras la apretada gira por la región para bendecir la asunción de la presidencia de sus iguales en Perú y Colombia, Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella, apoyar en Brasil la campaña de los Bolsonaro —episodio que terminaría en la práctica ruptura de relaciones entre los dos países— y reunirse en Quito con el presidente ecuatoriano Daniel Noboa, Javier Milei regresó a la Argentina el pasado 8 de agosto. En los siguientes nueve días se recluyó en la Quinta de Olivos, no pisó la Casa Rosada, no se dejó ver por su entorno más cercano, no tuvo actividad pública, reuniones oficiales ni contacto con funcionarios y empresarios, ni tampoco dio entrevistas. La agenda presidencial estuvo vacía y redujo al mínimo su habitual y frenética actividad en las redes sociales.
Desde su retorno de Colombia, solo trascendieron unas imágenes suyas en Instagram, sin confirmación alguna de que correspondieran al momento de su regreso a Buenos Aires, en las que se veía a un Milei acelerado, ajeno a cuanto le rodeaba, «con movimientos erráticos, mirada cansada, con ojos extremadamente rojos y aspecto visiblemente desmejorado», según la explicación que acompañaba al video.
La desaparición del presidente
¿Dónde estaba Milei justo en un momento de crisis aguda del gobierno, que coincidía además con el inicio anticipado de la campaña para su reelección en las elecciones generales de octubre de 2027?
Nadie lo sabía fuera de su círculo más íntimo.
El misterio de la desaparición pública de un Milei que adora ser permanentemente el centro de atención de propios y extraños, y la ausencia de un comunicado oficial en los días siguientes, provocaron infinidad de teorías y especulaciones a lo largo y ancho del país, incluyendo, por supuesto, a los miembros del Círculo Rojo de la economía nacional. Inquietos no solo por la incertidumbre de la ausencia del presidente, sino por el hecho, insólito, de que la agenda presidencial y la gestión de gobierno quedasen en manos de Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, sin ningún tipo de legitimidad constitucional para ocupar el cargo y ejercer sus funciones.
Preocupación que recorrió también sectores políticos cercanos al gobierno, donde incluso se planteó quién debería hacerse cargo del gobierno si Milei continuaba sin aparecer en los próximos días. Obviamente, el Ejecutivo no podía quedar indefinidamente en manos de la hermana cuando la línea de sucesión señala claramente a la vicepresidenta Victoria Villarruel. La misma Villarruel que durante los viajes de Milei a Brasil, Perú, Ecuador y Colombia quedó a cargo del Poder Ejecutivo, sin poder arrebatarle a Karina Milei la presidencia ejecutiva.
¿Presidente o escritor?
Milei reapareció en la escena pública el lunes 17 de agosto, en el acto de homenaje a José de San Martín por los 176 años de su muerte. Hinchado, descuidado, caminando con cierta desorientación, sin apenas interactuar con el resto de los asistentes. Pero, fiel a su estilo, amenazador y peleón. «Un pueblo libre también requiere de fuerzas de seguridad capacitadas y provistas de las herramientas necesarias para proteger lo más preciado que tenemos, pues el mal existe y quienes eligen ese camino deben ser sometidos por la fuerza», remarcó en su discurso frente a la estatua del Libertador.
Jonathan Heguier, periodista de El Destape acreditado en la Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo, y buen conocedor de los episodios que se cocinan a diario en el edificio de Balcarce 50, contó el pasado martes que, tras la crisis de Adorni y su salida del Gobierno, el entorno y la actitud de Milei han cambiado de forma radical. Se ha alejado de mucha gente, a la que ya no ve, reduciendo sus contactos apenas a su amiga e impagable cosplayer Lilia Lemoine y a su camarógrafo personal, Santiago Oría. Habla poco con Karina y menos con Santiago Caputo y, según se comenta, se muestra estresado e irascible.
¿Es razonable que un presidente abandone todas sus responsabilidades durante nueve días sin ninguna explicación ni justificación oficial para dedicarse a escribir un libro?
Heguier explica que, en el entorno más amplio de Milei y entre las filas de La Libertad Avanza (LLA), corrió por WhatsApp una fotografía de Milei en el acto de homenaje a San Martín que encendió las alarmas de los militantes y dirigentes del partido, quienes, a las preguntas de los medios informativos, siguen respondiendo con un ambiguo: «Algo pasa, pero no sabemos qué es». Sin embargo, ha trascendido que, dentro del mileísmo y fuera de él, existe gran preocupación por la salud de Milei. Se habla de estrés, de uso de corticoides y, por supuesto, no convence a nadie la filtración que el Gobierno, obligado por los rumores que sobre la salud del presidente corrían en los ámbitos de la política y la economía, difundió el domingo por la noche, horas antes de su reaparición. Una filtración según la cual Milei había estado encerrado terminando su último libro, La moral como política de Estado, y que, en línea con los continuos errores de comunicación del Gobierno, dejaba a la Presidencia a los pies de los caballos. ¿Es razonable que un presidente abandone todas sus responsabilidades durante nueve días sin ninguna explicación ni justificación oficial para dedicarse a escribir un libro?
En la Argentina de Milei parece que sí.
La hermana y el virrey
Días de orfandad presidencial en los que parecía que, en términos de protagonismo, la gobernanza del país estaba en manos de dos personas: Karina, la todopoderosa guardiana del presidente, y Peter Lamelas, el embajador de EE.UU en Argentina, hiperactivo en su campaña de presiones y amenazas a las empresas nacionales para que no concierten acuerdos comerciales con China. Un conflicto generado a partir del episodio de la embajada estadounidense con la cooperativa Calf de Neuquén, en el que funcionarios diplomáticos de la legación amenazaron a 18 ejecutivos de la empresa argentina con retirarles la visa para entrar en los EE.UU. si no cancelaban el acuerdo con la empresa china Huawei. Un conflicto no menor, más aún en tiempos de nacionalismo exacerbado, que no solo no mereció respuesta por parte de la Cancillería argentina, sino tampoco comentario alguno del, en ese momento, desaparecido presidente.
Argentina es un país clave para la seguridad nacional de EE.UU, según el embajador Peter Lamelas. Obviamente, por razones geopolíticas y por sus recursos naturales, que Donald Trump, desde su particular cosmovisión, considera suyos. Argentina, por ejemplo, es el cuarto país del mundo con las tierras más aptas para producir alimentos, tras la Federación Rusa, Kazajistán y China, naciones que, en conjunto, representan el 77% del total de tierras negras en el mundo. Considerados de crucial importancia para la seguridad alimentaria y por su alto potencial de captura de carbono, los suelos negros argentinos cubren el 14% del territorio nacional, en áreas en las que reside más de la mitad de la población del país. Un potencial de enorme valor para el futuro sobre el que el gobierno de Trump cree tener derecho de pernada.

Karina, presidenta in pectore, por su parte, en los nueve días de ausencia presidencial se hizo cargo de todo. Tras un largo desencuentro entre su hermano y Mauricio Macri, llamó al expresidente para recomponer la relación y reiniciar un proceso de acercamiento entre LLA y el PRO para acordar las negociaciones parlamentarias de los próximos meses e intentar confluir en una oferta electoral; condujo la denominada mesa chica, compuesta únicamente por ella, Diego Santilli, jefe de Gabinete, y los dos Menem, Martín y Lule, que, a diferencia de la mesa política, constituida solo de cara a la galería, es donde se deciden los asuntos más importantes del partido, el gobierno y el Estado, y tuvo tiempo para inaugurar la sede de La Libertad Avanza bonaerense en el barrio porteño de San Telmo. La «jefa», como la define su hermano, cumplió con sus funciones fraternas.
Ella es quien, desde el comienzo de esta aventura de tintes familiares, reparte los tickets para el acceso directo a Milei y quien penaliza a los traidores o a los fieles que saben ganarse la amistad y la confianza del presidente. La otra única mujer permitida en el círculo íntimo de Milei, aparte de Lilia Lemoine, es Sandra Pettovello, la multiministra del distópico ministerio de Capital Humano y terapeuta emocional de las fragilidades y los brotes del presidente. Una figura imprescindible para las tranquilidades de Milei y, al parecer, la escogida para que lo acompañe en la fórmula que va a presentarse como cabeza electoral en las futuras elecciones de octubre de 2027.
Batallas internas, tiroteos y negocios en el Ejecutivo
El Ejecutivo argentino nunca ha respondido a los cánones de los gobiernos tradicionales —sigue sin hacerlo—, salvo en el clásico capítulo de los odios africanos, las luchas intestinas y las filtraciones que en el siglo XXI sustituyen a las puñaladas y venenos de los tiempos de los Borgia. Santiago Caputo, el eterno niño con corazón de Rasputín que alimenta las aspiraciones de Milei como líder global de la ultraderecha, está enfrentado a muerte con el clan de los Menem, aliados de Karina, pero mantiene su montaña rusa de rupturas y reconciliaciones con ella, siempre con el blindaje que le prestaba hasta ahora su estrecha relación con Milei, el control que ejerce sobre los servicios secretos y su vasto ejército de trolls. Un Caputo, por cierto, devaluado tras el traspié en el Congreso y sin acceso a Milei en estos últimos días.
Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, también come aparte, como tantos otros. El encargado de desmantelar el Estado y uno de los señalados por el reciente traspiés en el Congreso no goza de muchas simpatías en el resto del reparto gubernamental, en particular de Patricia Bullrich, la exministra de Seguridad y actual jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado. Se le acusa de desestabilizar los proyectos del gobierno y las alianzas con los gobernadores y la oposición colaboracionista con sus excesos desregulatorios y entreguistas, pero, de momento, goza de la confianza absoluta de Milei, con quien comparte estrechamente el objetivo de reducir el Estado a su mínima expresión.
Y está, por supuesto, Victoria Villarruel, la vicepresidenta, el peor y más aborrecido caballo de Troya del mileísmo, a la que Milei lleva meses sin dirigirle la palabra y a la que, días atrás, el canciller Jorge Quirno acusó de golpista, pidiéndole, como había hecho días antes Santilli, que diera un paso al costado, es decir, que renunciara a su cargo.
Una vicepresidenta que está sin estar
Enrocada en su propio proyecto para los meses que se avecinan y con su propio equipo de campaña en marcha, Villarruel ha ratificado que continuará en su cargo «para honrar el compromiso y el deber que le otorgaron los electores. Todo lo hago por amor a la Patria», señaló. Un punto, quizá el único, en el que coincide con el resto de patriotas que componen el Ejecutivo.
Una vicepresidenta que, además, según Bullrich, «tiene el cargo formal, pero no es de este gobierno». La pelea entre ambas viene de lejos e incluye denuncias penales, filtración de conversaciones privadas y acusaciones varias. En una reciente reunión de la mesa política, la exministra advirtió que Villarruel podría complicar los planes del gobierno en el Senado. No le faltaba razón. La vicepresidenta estaba en contra de la venta de tierras sin límites a extranjeros, el tramo más cuestionado de la ley, y en los días previos a la sesión parlamentaria se encargó de acumular indicios de que no acompañaría la medida. En X cambió la imagen de portada por una con la bandera de Malvinas de la Selección y se manifestó a favor del «alquiler de tierras productivas» para los que quieran invertir, pero no de su venta irrestricta. Uno de sus cotidianos desplantes al gobierno del que supuestamente forma parte.
Los cañonazos de fogueo de Villarruel son interpretados por el 'mileísmo' como muestras de autonomía dirigidas a acumular imagen política propia
Por si faltaran clavos en la cruz, Villarruel es quien, antes de que Santilli le pidiera que diera un paso al costado, manifestó en las redes sociales su «genuina preocupación por el estado» de salud mental del mandatario y habló de «persecuciones imaginarias», el tema tabú que persigue como una sombra la figura del presidente desde sus inicios políticos: su fragilidad psicológica y, en consecuencia, su capacidad para gobernar el país. «Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior», escribió la vicepresidenta, sabiendo que dinamitaba la línea roja marcada por los guardianes del mileísmo.
Marginada de los asuntos de gobierno más allá de su cargo de presidenta del Senado, los cañonazos de fogueo de Villarruel, por otro lado tan ultraconservadora como sus pares en el Ejecutivo, son interpretados por el mileísmo como muestras de autonomía dirigidas a acumular imagen política propia, al servicio de sus futuros proyectos.
Bullrich, la eterna
Sin ser un misterio, Patricia Bullrich resulta una figura incontrolable. Por la naturaleza que la acompaña en sus 50 años de actividad política, por sus infinitos cambios de camiseta y partido y por sus traiciones. El país entero lo sabe: Bullrich juega únicamente a favor y en función de su ambición política y de sus intereses. Y, por supuesto, como verso suelto, su figura levanta permanentes sospechas en el entorno mileísta.
Hoy, su abanico de objetivos de cara a las próximas elecciones abarca todas las probabilidades: es, a la vez, posible vicepresidenta de Milei en la fórmula para la reelección, para dar el salto a la candidatura a la presidencia en las elecciones de 2031; probable candidata a la presidencia en las del próximo año, encuadrada en La Libertad Avanza, fuera de ella, con bandera propia o con cualquier aliado que le convenga. En Bullrich, la única certeza es su desmedida ambición por llegar a la presidencia.

Meses atrás parecía ser la favorita del Círculo Rojo económico que rige las líneas maestras y, si puede, los límites políticos del país, en particular de Paolo Rocca, el dueño del coloso Techint. Luego cayó en la bolsa de valores para liderar un posible pos-Milei, pero hoy, a mediados de agosto, con el oficialismo liberal-libertario a la defensiva, mantiene su cotización en el mercado de futuros, en gran parte por su especialización en una materia imprescindible para un proyecto de continuidad basado en el ajuste y el disciplinamiento social: la seguridad. Porque no hay ajuste sin represión y, en ese campo, la exmontonera es la mejor.
Tras las fatídicas consecuencias de la media sanción de la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado, ella ha sido la implacable fiscal contra Federico Sturzenegger, «El Coloso» entre sus pares del Ejecutivo y autor intelectual y material del proyecto. Con una relación siempre tirante con Karina Milei, Bullrich mantiene óptimos vínculos con la Embajada estadounidense y las autoridades de Israel, terminales determinantes en la Argentina de hoy.
Sueños y desengaños de El León Milei
Y está Milei, el León, el Topo que venía a cavar los pilares del Estado. Un Milei que dicen que lleva tiempo ausente, que no participa de las decisiones de la mesa de gobierno, ocupado y divertido con sus tuits y retuits mientras el resto de los ministros gestiona los destinos de 47 o 48 millones de argentinos y mejora el de un selecto y multimillonario grupo de norteamericanos. Un Milei enojado con una realidad obstinada en desmentirle y en no obedecer las teorías de von Mises, el padre de su amada Escuela de Viena. «El presidente está en un cumple», le confesó un alto funcionario del gobierno al periodista Diego Genoud para ilustrarle la disociación con la realidad que viene sufriendo Milei desde hace tiempo.
«Ante las contrariedades, Milei se vuelve loco», afirman los testigos de la Casa Rosada. Y, en efecto, Milei parece haber perdido alicientes en la política nacional, influido probablemente por la tozudez de los datos económicos, la desconfianza de los mercados y los sondeos de opinión, cada vez más desfavorables para su intento de reelección. Los datos no le acompañan. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que realiza la consultora Poliarquía para la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) fue de 1,94 puntos en julio, lo que supone una caída del 6,5 % en relación con la medición de junio y un derrumbe del 21 % respecto de julio del año pasado. El 65,7 % de los argentinos considera que las políticas que lleva adelante el gobierno no representan los valores de soberanía nacional ni están alineadas con la defensa de la patria. Y un nuevo sondeo nacional muestra que seis de cada diez argentinos califican como mala o difícil su situación económica y predomina la idea de que lo peor aún no ha pasado.
El 65,7 % de los argentinos considera que las políticas que lleva adelante el gobierno no representan los valores de soberanía nacional ni están alineadas con la defensa de la patria
Todo indica que, más motivado por proyectarse como líder global de la ultraderecha y convertirse en el delegado personal de la ofensiva de Trump en la región, a las órdenes del secretario de Estado Marco Rubio, que por los banales asuntos nacionales, el presidente ha delegado la política del gobierno en su hermana, el manejo económico en Luis Caputo y las negociaciones con los gobernadores y los sumisos aliados en Santilli. Ariel Goldstein, investigador y profesor de la Universidad de Buenos Aires, apunta que «Milei lleva los últimos dos o tres años dedicado a captar la atención de Trump y a forjar una intensa relación de subordinación con Estados Unidos». Y es cierto. Con el ejercicio del poder y el paso del tiempo, Milei se ha ido supeditando cada vez más a los intereses políticos y económicos de Donald Trump, Marco Rubio, Peter Thiel y Elon Musk, en mayor medida que a las teorías librescas de sus referentes de la escuela austríaca, sus hasta hace poco reverenciados Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek o Murray N. Rothbard.
Antes de su inesperada desaparición, a Milei se lo veía apremiado por aprovechar el tiempo que le queda de mandato para acelerar el plan de transformación estructural que vino a implementar en el país y, sobre todo, por cumplir con las exigencias de sus protectores en Washington. Independientemente de su deseo de presentarse a la reelección y ganar, y de la transferencia a su hermana de todo aquello que allane los cambios de las reglas electorales y el camino para ser reelegido. Algo lógico si se tiene en cuenta que, como ocurrió en las pasadas elecciones legislativas de octubre de 2025, precisa recibir de nuevo el apoyo explícito de Trump —ahora a la espera de sobrevivir al examen electoral de noviembre— y el de los magnates del capitalismo tech de Silicon Valley, expectantes respecto a sus necesidades de tierras raras, litio, agua, energía y leyes creadas expresamente al servicio de sus intereses.
El deber moral de un cruzado
Hay mucho de mesianismo, del fulgor tóxico de la Inquisición en este primer cuarto del siglo XXI en el mundo actual. Y muy en particular en el laboratorio político de la Argentina de Javier Milei, el más ultraderechista de los cruzados ultraderechistas de la región. «Desde los once años, cuando un rayo de luz bajó del techo de la cocina para protegerlo de la paliza que le estaba dando su padre, Milei vive con la certeza de que hay una Fuerza del Cielo que lo guía. Una que no es metafórica, sino real, y que lo terminó ungiendo como el elegido por Dios: un hombre que se piensa a sí mismo como un mesías en busca de la transformación radical de la sociedad», escribía Juan Luis González, biógrafo no oficial de Javier Milei, en su libro Las fuerzas del cielo.
Milei se siente un cruzado, lo reconoce, le encanta serlo. Se siente orgulloso de ser un Savonarola, el fraile dominico, un Simón de Montfort en lucha contra los herejes del presente. Como ellos, es un fanático que entiende su acción política como una misión sagrada. Para Simón de Montfort, la lucha contra el catarismo era un deber cristiano; para Milei, su batalla contra el progresismo, la izquierda, contra un comunismo que dejó de existir hace décadas y del cual no quedan ni las brasas, es un deber moral, la defensa de una fe que no se sabe si es cristiana o sionista. En todo caso, un servidor de una cruzada ideológica que, en este caso y en este tiempo, coincide con la política de la Casa Blanca y la de los príncipes y monjes negros de ese Silicon Valley que han descubierto no solo el poder de sus desorbitantes capitales, sino también la supremacía de sus tecnologías de control social. «Moriré con las botas puestas», confesaba Milei a su portavoz no oficial, el periodista Luis Majul, el pasado 3 de agosto. «Voy a morir haciendo lo que corresponde, haciendo lo que está bien».
Se busca futurible bien educado
Octubre de 2027 decidirá si, mucho antes de que eso suceda, podrá seguir haciéndolo desde aquella Casa Rosada en la que sus mismos compañeros de gobierno tienen sus propios planes para la cita. Hay algo que va afianzándose en el clima político del país y que, sin duda, se ha visto reforzado por la salida de escena de estos días: para una parte del vértice económico argentino, el experimento Milei ya está rentabilizado. Para el futuro se impone esconder la motosierra, exhibir mejores modales y asegurar el camino emprendido por el mejor empleado que jamás encontraron los dueños de la Argentina.
Sin olvidar que, con la llegada del mileísmo, se ha ido modificando el rígido escenario de las élites económicas del país: algunos de los tradicionales dueños del país han perdido influencia y oportunidades; otros se han adaptado cambiando afiliaciones y ropaje, y otros negocian como pueden, mientras nuevos grupos aparecidos a rebufo de ministros, subsecretarios, asesores y dirigentes intentan ocupar los espacios abiertos por la desregulación, la privatización y la liquidación de bienes públicos a una escala nunca vista. En cristiano palatino, una nueva fase de «negocios, simples negocios», como diría Michael Corleone, que tiene su sede social en la Casa Rosada.
Por ahora, la lista de posibles candidatos que aspiran a competir por la presidencia del país probablemente más hipotecado del mundo resulta inverosímil
Hoy por hoy, la lista de posibles candidatos que, a poco más de un año de las elecciones de octubre de 2027, aspiran a competir por la presidencia del país probablemente más hipotecado del mundo resulta inverosímil. Hasta quince pretendientes, entre políticos, empresarios y banqueros, algunos de ellos auténticos outsiders sin ningún tipo de experiencia política: Javier Milei, Axel Kicillof, Sergio Massa, Juan Grabois, Victoria Villarruel, Mauricio Macri, Patricia Bullrich, Myriam Bregman, Juan Schiaretti; gobernadores como Ricardo Quintela y Martín Llaryora; Dante Gebel, argentino, pastor evangélico, conferenciante y empresario, establecido desde hace años en Estados Unidos; Jorge Brito, presidente de Banco Macro y empresario con intereses también en energía y agro; Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre y residente en Uruguay; Daniel Hadad, empresario de medios de comunicación y fundador de Infobae, que ha vivido durante años en Estados Unidos y acaba de anunciar que vuelve a residir en Argentina. Para salvarla.
Pero esta es otra historia, todavía provisional y todavía por escribir.
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