Duele escribir sobre Argentina. Semana tras semana, un mes tras otro de esta travesía que cumple ya dos años largos de desengaños y padecimientos, incluso castigos. Veintisiete meses de mal tiempo, de no ver ni alcanzar la tierra prometida, de sufrir la escasez de buenas noticias para la crónica de un viaje sobre el que, día tras día, aumenta la amenaza de tempestad o, peor aún, de naufragio.
Y uno, cansado de llevar el registro puntual de los infortunios, los dramas y los cierres, los despedidos, los heridos, los incendios, los aumentos, los abandonos y las crueldades, la contabilidad de la pobreza y las deudas que crecen y del consumo que se hunde, de la saña de los impunes y la impotencia de los indefensos, uno, exhausto, piensa en dejar de ser, aunque sea por una vez, el notario o el relator agorero de estos tiempos oscuros, de este país que, siendo cómplice de su presente no es culpable de su infamante historia, y siendo inasible, incomprensible a veces, contradictorio, embaucador y pícaro si se quiere, extraviado últimamente, merece también en estas horas turbulentas el crédito de la confianza y la solidaridad por otros de sus muchos méritos. No los de todos, que depredadores tiene y en abundancia, pero sí los de muchos. Dejar de ser, pues, por un momento, el afligido -y quizá subjetivo- cronista de una compleja realidad que al parecer rehúye toda lógica, para que hablen y se manifiesten los hechos y los protagonistas. Y, leyendo, podamos “escuchar” las voces de los ciudadanos de la Argentina capitaneada por Javier Gerardo Milei.
Una Argentina que, con un planeta con la mirada puesta en las tragedias de Minnesota, Gaza, Cuba y los conflictos de Caracas, Irán, sigue su azaroso itinerario libertario fuera del foco de la atención mundial, pese a su conversión de gobierno surgido de elecciones libres a régimen cada vez más próximo a las formas autoritarias y represivas propias de una dictadura, y a su desplome económico, social, cada vez más difícil de ocultar.
Una Argentina que continúa su azaroso itinerario libertario fuera del foco de la atención mundial
“La tarde se ha puesto triste, y yo prefiero callar. Para qué vamos a hablar de cosas que ya no existen”, canta la Zamba para olvidar, música del cantautor salteño Daniel Toro y letra del poeta Julio César Isella. Y eso siente uno cuando escribe sobre esa Argentina que va perdiendo pedazos de sí misma, jirones de identidad que van dejando de existir.
“Qué están haciendo con nosotros?”
“Hoy estamos más pobres, más desprotegidos, más abandonados, más reprimidos, más humillados, más traicionados, más dolidos”, escribe Sergio Olguín en Página 12. Y sigue: “Menos felices, menos confiados, menos esperanzados, menos tranquilos. Nuestros hijos, nuestros nietos, los hijos y nietos de nuestros seres queridos van a tener más difícil estudiar, más difícil acceder a un sistema de salud de calidad, más difícil contar con un trabajo digno, más difícil vivir el presente, proyectar el futuro, apoyarse en el pasado para construir su vida de ciudadanos en un país democrático. Porque cada vez somos menos ciudadanos y la Argentina tiene sus instituciones democráticas en terapia intensiva. ¿Qué mierda hicimos?”, se pregunta. “¿Qué están haciendo con nosotros? ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué deberíamos hacer? Me lo pregunto todos los días, pero la respuesta no aparece”.

“No triste, si estuviera triste como estuve otras veces, buscaría una actividad y esperaría que se me pase. No enojado; si estuviera enojado, como me pasa de vez en cuando, mandaría a Milei y a los mileístas a la reputísima madre que los parió y ya está. Estoy preocupado, sinceramente preocupado como no lo estuve nunca en cuarenta y tres años de democracia”, escribe por su parte el poeta, escritor y docente Claudio Félix Portiglia. “Y estoy preocupado porque con el argumento de respetar la democracia estamos tirando, si no la hemos tirado ya, la democracia a la mierda. Hay cómplices, claro. Lo son cada uno de los irresponsables históricos que sostienen y aplauden el engendro. Muchos de ellos circulan por aquí y yo no querría saber más ni de sus vidas ni de sus nombres. Eso también me preocupa”.
El mismo Portiglia que pocas semanas antes, en un texto en el que trazaba su itinerario biográfico en paralelo a la historia del país, describía sus sentimientos sobre el capítulo surgido después de la sangrienta dictadura de los años 70: “Con altibajos seguí mi derrotero, pero el país nunca se recuperó. Cuarenta y dos años de democracia no alcanzaron a enderezar un destino y caímos, finalmente, en este régimen que hoy gobierna y que con paso acelerado retrotrae al modelo de la dictadura. Esta vez, no por un golpe, sino por la irresponsabilidad histórica del electorado. Yo estoy cansado y viejo. Y en el pueblo no veo reacción, sino una resignación mansa y triste. Querría alimentar alguna esperanza por mis hijos, por mis nietos, por quienes fueron mis alumnos. Cansancio y vejez me volvieron escéptico”.
Cansado y escéptico, no obstante, Portiglia seguirá escribiendo. Como si la escritura, su oficio, lo ayudara a afrontar los demonios de la Argentina de Milei
Cansado y escéptico, no obstante, Portiglia seguirá escribiendo. Como si la escritura, su oficio, lo ayudara a afrontar los demonios de la Argentina de Milei. Y días más tarde consigna a las redes: “Manda una diarquía: la de los hermanos Milei. Diarquía tenebrosa que irá eliminando uno por uno también a los próximos. También a buena parte de los irresponsables históricos que festejan a "su" Presidente porque hace justo "lo que votaron". Y mandará mientras siga financiada por fondos de la más oscura procedencia y sostenida por el emperador Trump, que se siente dueño del mundo y que acabará escupiendo al liliputiense apenas deje de serle funcional. Para entonces nuestro destino de nación habrá sido dañado como nunca en más de doscientos años de vida independiente”.
El tobogán del poder adquisitivo
Desde el resiliente entorno cultural de la Argentina, la actriz, exvedette y empresaria Katja Alemann, tan talentosa a la hora de subirse a un escenario como en su faceta de escritora, reflexiona con ironía sobre las dificultades que azotan la realidad cotidiana de sus ciudadanos: “Caputo tiene razón. Todos los ahorristas con dólares en el colchón harían mejor negocio, invirtiendo en el sistema financiero. Ahorrar en dólares es perder plata. Cada uno por su cuenta y todos como país. El problema es que cuando uno se quemó con leche, ve una vaca y llora. Y él es la vaca. Después del plan Brady de Menem, que los bancos se quedaron con nuestros ahorros para "pagar" la deuda, el sistema financiero perdió toda credibilidad. Me llamaron el otro día para ofrecerme un préstamo a 67% de interés. Con el dólar planchado y en baja. Les contesté si no les daba vergüenza ofrecerme esa usura. Y los precios no paran de subir. Más de un vivo remarca para llenarse los bolsillos; total, hay que aprovechar ahora, capaz en 2027 ganan los peronchos y se termina la fiesta del dólar barato. He perdido plata con mis 4 morlacos bien guardados; ni mamada los pongo en el banco, ya sabemos de lo que son capaces. Me subieron el costo de manutención de la cuenta a 45 dólares por mes. Un delirio. La voy a dar de baja. […] Mis precios se siguen manteniendo como en 2024. Habré perdido el 50% de poder adquisitivo. Estamos todos peleando el mango a 4 manos, gasolereando (ahorrando) a más no poder. Empobrecidos, la mayoría. Están los que se la llevan en pala con el dólar barato, aumentando precios sin parar. Pero la economía del país no arranca. Nadie invierte, nadie compra, cierran pymes y empresas, todos fundidos. […] Encima, todo el panorama catastrófico internacional. Al menos la Trompada estará entretenida con esa guerra que se le fue de las manos y no va a abrir otros frentes, al menos eso espero. Qué tipo nefasto. Pedófilo horrendo. Así estamos, gente. El descenso al inframundo no ha terminado. Es lo que digo en Shambhala. Pero nada dura para siempre. Esto también pasará. Saldremos enriquecidos con el gran tesoro encontrado en el fondo de nuestra consciencia. El bien común”.
Sin alternativa al oficialismo
“Cualquier observador externo se preguntaría”, plantea el internauta Daniel Santa Cruz, “por qué Milei sigue midiendo bien en la consideración pública con una economía que deja sin trabajo a 18 argentinos por hora, con una recesión emparentada con las peores conocidas en nuestra historia y con una inflación, hasta hace poco el punto fuerte del gobierno, que cumplirá 10 meses de suba consecutiva, desde aquel 1,5% de mayo de 2025 hasta el 2,9% de enero pasado -todo en medio de la polémica por los cambios no realizados en el Indec-. […] La respuesta está en la política. La sociedad no encuentra aún un refugio confiable que se muestre como una verdadera alternativa al oficialismo. El peronismo sigue enfrascado en una interna que no le permite construir un proyecto nacional. De hecho, algunos gobernadores empiezan a “cerrar” con los libertarios con el fin de sostenerse en el feudo provincial señalando, ya no por lo bajo, que el “kirchnerismo” es una marca vencida. […] Esta semana se conoció que en el caso Andis, la situación de uno de los 14 procesados, Diego Spagnuolo, es más complicada de lo que se dijo y que llevaría a comprometer aún más a Karina Milei y Eduardo Lule Menem. Pero lo realmente asombroso fue conocer una línea de investigación en la causa LIBRA: trascendió que la justicia reconstruyó una transferencia de un millón de dólares que conecta al creador de la criptomoneda, Hayden Mark Davis, con Rodolfo Mellino, un jubilado de 75 años radicado en Tigre”.
Y junaygransiete comenta: ¿Qué mierda hicimos? Fuimos débiles, muy inocentes, crédulos, haraganes, confiamos demasiado y vigilamos poco, aplaudimos promesas vacías y toleramos errores repetidos, preferimos la comodidad antes que el esfuerzo, miramos para otro lado cuando hacía falta mirar de frente y dejamos pasar el tiempo creyendo que alguien más resolvería lo que era tarea de todos. Ahora sabemos que la indiferencia también decide, que la pasividad tiene consecuencias y que los países no se pierden de golpe, sino lentamente, con pequeñas renuncias cotidianas.
No, no se equivoca Olguín cuando escribe: “Los que creíamos que Milei asumía la presidencia con un poder disminuido no tuvimos en cuenta que ya había un mileísmo antes de la llegada del actual presidente. Ese mileísmo ya estaba en los grandes empresarios (por dentro y por fuera del Círculo Rojo), en los jueces de distintas instancias, en los medios de comunicación y hasta en la política, porque al fin y al cabo, qué son las políticas de Milei sino una versión exacerbada del macrismo y de la política económica de Martínez de Hoz. Lo único novedoso que hizo el presidente fue sazonar las exigencias del FMI y de Estados Unidos con insultos y una crueldad inusitada. Pero ni siquiera eso le hubiera alcanzado sin la complicidad de otros sectores, que se plantean como alternativas políticas, pero que no han hecho otra cosa que honrar a los poderosos y deshonrar a los que los votaron o a los que los pusieron en puestos ejecutivos de partidos y sindicatos”.
¿Quién conduce nuestras vidas?
Sobre las condiciones materiales para una movilización social más intensa frente a la brutalidad del avance libertario, Lucía Cavallero, socióloga y activista, sostiene: “Estamos sumergidos y sumergidas en el híperindividualismo, el pluriempleo, en la deuda. La pregunta es: ¿qué conduce nuestras vidas? Si no generas ningún dispositivo en la vida de las personas para confrontar directamente con eso, si la participación política es tan difícil, si solo nos convocan a votar, lo que está conduciendo las vidas es el algoritmo, la explotación financiera, y es el trabajo precario. Eso conduce. […] El tiempo de los diagnósticos un poco ya se acaba. Tenemos que ir hacia una profunda democratización de las estructuras políticas. Hoy, participar políticamente se volvió un privilegio; hay pluriempleo, endeudamiento, y no hay tiempo para la participación ni para la reflexión. Entonces, cualquier proyecto que se proponga como alternativo a la ultraderecha tiene que hacerse cargo de cuáles son las condiciones materiales que permiten que la gente participe políticamente. Cuando dicen la gente está desencantada ¿está desencantada o está hipermovilizada en llegar a fin de mes, en pagar sus deudas? Esa materialidad produce política; bueno, yo creo que tenemos que construir al ras de las necesidades de la gente. ¿Y cuáles son las prácticas políticas que están a la altura de este diagnóstico que hacemos? Hemos de hacernos cargo de la pregunta, de cómo construir, pero al mismo tiempo sin dejar que este gobierno nos inocule impotencia, porque eso es parte del proyecto”.
Manchas negras sobre los glaciares

A propósito de la reforma de la Ley de Glaciares, requisito impuesto por los Estados Unidos en el acuerdo firmado con Argentina, y que, tras ser aprobada el pasado 27 de febrero por el Senado argentino con 40 votos a favor, 31 en contra y una abstención, sigue su curso legislativo a la espera de ser debatida y votada próximamente en la Cámara de Diputados, Víctor Hugo Morales, periodista, escritor y exrelator deportivo nacido en Uruguay pero afincado en Argentina desde hace muchos años, escribe: “El humo se elevó temprano hacia el cielo limpio de febrero y los gases le pusieron pimienta a los encontronazos, contaminando el aire como la ley de glaciares votada media sanción anoche, para entregar hasta la belleza del país. […] Palos a los trabajadores, mentiras a la justicia y manchas negras sobre los glaciares. El agua, una riqueza estratégica de la Argentina, sale por la canilla abierta de la ley. Hunden las manos donde no deberían dejar ni el aliento y sacan los minerales que paguen la deuda eterna, ya no externa, solamente. Estuvo miles de años allí, y nadie tocó la blancura regalada por la naturaleza hasta que llegó Milei, para percudirla con las manos de la ambición, para que el deterioro sea la alegoría perfecta del mandato de los saqueadores. Milei ha repartido sus mentiras a los criptos crucificados por su trampa, a los trabajadores que creyeron que iban a cobrar su sueldo en dólares, a los guardianes del medio ambiente. Contamina el agua y el aire. Sacrifica a los trabajadores en el altar de las corporaciones, su única religión. Cuando levanto la mirada a los monitores del estudio, lo que veo son policías, refriegas con laburantes que son revolcados, detenidos, heridos, como siempre. El camarógrafo Facundo Tedeschini filmó desde el piso, abrazado a su cámara, las botas, los uniformes, los cascos, los palos, los aerosoles. La toma es una perfecta descripción del país: el que trabaja, el que sueña, el que lucha, a los pies de la fuerza bruta de un poder demencial al servicio de un sistema que asesina la vida”.
República caníbal
Extraña sociedad, extraña época, cuando la vanguardia de la lucha en defensa de los derechos es liderada por los viejos, los “viejos meados” de los que habla Milei. Extraño país, confuso, torcido cuando se queman los bosques milenarios en medio de una absoluta indiferencia, y son los acusados de incendiarlos quienes, abandonados por casi todos, combaten las llamas con el doble riesgo de perder la vida o acabar en la cárcel. Extraña época cuando se vota tozuda, alegremente, al verdugo, y se entrega el futuro con la sumisión del esclavo, y el manantial de agua con la mansedumbre suicida del sediento, aquél al que se refería Avellaneda, un presidente que, a fines del siglo XIX, asumió el cargo tras un triunfo electoral marcado por denuncias de fraude, y bajo cuyo gobierno se inició la campaña militar para apoderarse de millones de hectáreas de los pueblos originarios, mapuches, tehuelches y ranqueles, y repartirlas entre los financistas de la campaña, los militares y los estancieros.
Extraña sociedad, extraña época, cuando la vanguardia de la lucha en defensa de los derechos es liderada por los viejos, los “viejos meados” de los que habla Milei
Parece un remate por liquidación la Argentina desangrada por sus modernos patricios, ahora en su turno libertario. Ávidos por las últimas gotas de sangre, por vender y revender cenizas, deudas e hipotecas, puertos, ríos, glaciares, lagos y valles, por robarse lo público, el oro de todos, lo de mañana. Exterminados los nativos en el pecado original del país -historia oculta y olvidada-, es la hora de acabar con la tierra y sus frutos para que la devoren los nuevos colonizadores. Triste historia la de una nación que transita de delito en delito y se degrada en cada nuevo acto de crueldad. Que camina hacia ninguna parte y en el camino no se permite a su gente encontrar la estación intermedia entre Borges y el insulto y lo grotesco, o entre la brutalidad y el saqueo y los renglones de Cortázar junto con los versos de Tuñón.
Pero más extraño todavía ese paréntesis de Milei, el de una futura potencia mundial, prometía, donde, lejos de menguar, crece la mortalidad infantil, se mendigan préstamos o se endeuda uno para poder comer, y se muere por falta de medicamentos o por exceso de tristeza.
“La tarde se ha puesto triste. Y yo prefiero callar. Para qué vamos a hablar de cosas que ya no existen”, canta la zamba.