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MWC: una de las mejores cartas globales que tiene Catalunya

Barcelona ha sabido convertir los grandes eventos en motores de transformación y proyección internacional

Logo del MWC a las puertas del congreso, en la edición de 2025 | Jordi Borràs (ACN)
Logo del MWC a las puertas del congreso, en la edición de 2025 | Jordi Borràs (ACN)
Oriol Amat | VIA Empresa
Economista, UPF BSM y Observatorio de la PIME
26 de Febrero de 2026 - 04:55

Barcelona ha construido a lo largo del tiempo una identidad profundamente vinculada a los grandes eventos económicos, sociales, deportivos y culturales. Recuerdo que, de pequeño, veía vallas publicitarias que anunciaban Barcelona como “ciudad de ferias y congresos”. Con los años, aquel mensaje se ha convertido en una realidad consolidada. Barcelona ha sabido convertir los grandes eventos en motores de transformación y proyección internacional.

 

Un informe de Barcelona Oberta (2023) sobre el impacto de los grandes eventos en Catalunya concluye que estos generan efectos relevantes en términos de asistencia, empleo, actividad económica y recaudación fiscal, con una contribución significativa al PIB. Pero su aportación va más allá de las cifras: impulsan infraestructuras, dinamizan sectores productivos y culturales, refuerzan la proyección internacional, mejoran la capacidad organizativa del territorio y fortalecen la autoestima colectiva.

El estudio destaca también que los eventos recurrentes, celebrados durante décadas, acumulan un impacto sostenido que consolida sectores estratégicos y refuerza el posicionamiento global. En el caso del Mobile World Congress (MWC), cuantifica su impacto anual en aproximadamente el 0,1% del PIB catalán. La trayectoria de la ciudad lo confirma. Los Juegos Olímpicos de 1992 son el ejemplo más emblemático. Antes, la Exposición Internacional de 1929; después, el Fórum Universal de las Culturas de 2004. Y de manera sostenida, salones como la Alimentaria, la Hispack o el Smart City Expo World Congress han consolidado un modelo de ciudad abierta, competitiva y con una elevada capacidad organizativa.

 

En este contexto, el MWC, que Barcelona acoge desde 2006, es hoy el principal evento económico recurrente de proyección global y un activo estructural para el conjunto de Catalunya. Su renovación hasta al menos el 2030 responde a factores muy sólidos: infraestructuras feriales de primer nivel como Fira Barcelona – Gran Via, una excelente conectividad internacional, un ecosistema tecnológico dinámico, calidad de vida y una colaboración publicoprivada estable.

El MWC, que Barcelona acoge desde 2006, es hoy el principal evento económico recurrente de proyección global y un activo estructural para el conjunto de Catalunya

Los datos de la edición de 2025, según la GSMA, muestran que el congreso reunió a 109.000 participantes de 205 países, con 2.900 empresas expositoras, 1.200 ponentes y 2.900 periodistas acreditados. Generó 13.000 puestos de trabajo temporales y un impacto económico estimado de 561 millones de euros. Son cifras de máximos históricos que consolidan Barcelona como capital mundial de la conectividad móvil.

Desde el punto de vista económico, el impacto se manifiesta en tres dimensiones complementarias. Hay un impacto directo, derivado del gasto de los asistentes y de los organizadores en alojamiento, restauración, transporte y servicios feriales. Hay un impacto indirecto, que se produce a lo largo de la cadena de proveedores —empresas tecnológicas, audiovisuales, logísticas y servicios profesionales— que ven incrementada su actividad. Y hay un impacto inducido, resultado del consumo adicional generado por los ingresos y puestos de trabajo vinculados al congreso, que se extiende por el conjunto de la economía. 

Si consideramos el período desde 2006 hasta 2025, el impacto económico del Mobile World Congress se sitúa ya en una cifra superior a los 7.000 millones de euros acumulados. No se trata solo del éxito de una edición concreta, sino de la consolidación de un activo de largo recorrido, con capacidad de generar valor sostenido año tras año. A esta dimensión monetaria hay que añadir los efectos intangibles. Durante una semana, Barcelona se convierte en el epicentro mundial de la tecnología y la innovación. La presencia masiva de expositores, directivos y periodistas refuerza la visibilidad global de la ciudad. El 4YFN impulsa el ecosistema emprendedor y facilita conexiones internacionales para startups locales. Todo ello mejora la reputación, el tejido empresarial y la excelencia organizativa. 

La presencia masiva de expositores, directivos y periodistas refuerza la visibilidad global de la ciudad

En los últimos años, Catalunya ha vivido etapas en las que a menudo ha predominado una cierta sensación de desánimo. Se han perdido oportunidades y, en algunos debates estratégicos, ha costado construir consensos amplios. En este contexto, el MWC demuestra qué es capaz de hacer el país cuando instituciones, sector privado y sociedad civil trabajan de manera coordinada. Cuando hay estabilidad, cooperación y ambición compartida, Catalunya compite al máximo nivel global. Dentro de pocos días arrancará la edición de 2026, de la cual se espera un nuevo récord de asistencia y de impacto económico. La continuidad del congreso es lo que lo convierte en un verdadero activo estructural de país. 

A lo largo de su historia, Barcelona ha sabido aprovechar los grandes eventos para transformarse. Si los Juegos Olímpicos redefinieron la ciudad física, el Mobile World Congress contribuye a redefinir su perfil económico y tecnológico. En un mundo de competencia creciente entre territorios, el MWC es una de las mejores cartas globales que tenemos como país. No es solo un congreso de éxito, sino una palanca de competitividad, proyección y confianza en nuestro potencial.