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El primer disco de Sopa de Cabra, en 1989, incluía una canción titulada L’Empordà que rápidamente se convirtió en un himno generacional; casi cuatro décadas después, se sigue cantando cuando el momento lo requiere. Pero en aquel disco había otra canción que, a pesar de su belleza, ha quedado condenada a vivir para siempre a la sombra de aquel Siset nacido entre Blanes y Cadaqués. Era una pieza titulada Bloquejats, que viene a cuento porque nos sirve para definir perfectamente la situación del Barça en cuanto a sus finanzas. Bloqueados en una dinámica de pérdidas que parece imposible de revertir, bloqueados bajo la losa de una deuda impagable y también bloqueados sobre el abismo de un patrimonio neto negativo que ya puede ser considerado una enfermedad crónica del club.
Vayamos por partes. Estos días, vísperas de la asamblea de socios, el club ha presumido de haber logrado un nuevo récord de facturación, al haber superado por primera vez en la historia los 1.000 millones de euros de ingresos. Un mérito que no es tanto si tuviéramos unas onzas de memoria y recordáramos que aquel presidente de infausto recuerdo, Josep Maria Bartomeu Floreta, ya presentó un presupuesto de más de 1.000 millones la temporada 2019/20, mientras que la anterior, la 2018/19, la facturación real se elevó hasta los 990 millones. En su día alertamos de que este dato por sí solo no nos servía para constatar que la gestión fuera de calidad. Pasan los años —más de seis años y medio desde este escrito— y nada parece cambiar, solo las caras:
“Los socios que se mueven entre la ingenuidad y la ignorancia continúan obnubilados por los récords de facturación de la entidad, que está a punto de superar los 1.000 millones de euros anuales, pero no son capaces de profundizar unos milímetros en las cuentas para intentar entender la verdadera situación del Barça. Ya de entrada, y haciendo caso de la información proporcionada por el mismo club, observamos que desde la temporada 2014/15 hasta la 2018/19 los gastos crecen a ritmo del 14% anual, mientras que los ingresos lo hacen al 13%, circunstancia que provoca que el margen de negocio sea cada vez más estrecho y esté muy cerca de evaporarse, de manera que el club entraría en zona de pérdidas. El beneficio oficial fue de 13 millones de euros en 2018 y de solo 4,5 en 2019”
La crítica fundamentada que desde aquí hicimos a la gestión del presidente Bartomeu fue recibida mayoritariamente con indiferencia —en aquellos momentos previos al colapso la mayoría de los socios hacían como si oyeran llover—, a la vez que una parte menor de los seguidores respondió con descalificaciones de diferente grado hacia el autor de la crítica, y es que “cómo se puede dudar de la calidad de la gestión de alguien que explica su modelo de negocio en Harvard”. El espíritu crítico es un bien escaso en la sociedad, y en Can Barça todavía más.
Volvamos al presente y miremos de dónde salen los ingresos del Barça y cuáles son los gastos que debe afrontar. El 99% de los ingresos del club provienen de tres partidas diferentes, que son el estadio (ingresos por competiciones, más cuotas y abonos de los socios), derechos de televisión y marketing (patrocinadores y comercialización de productos del Barça). Según la cuenta de resultados de la temporada 2025-26, el reparto actual entre estas tres vías de ingresos es el siguiente:
En esta última temporada, la parte referida al estadio ha ganado peso, porque poco a poco el Camp Nou va abriendo puertas y generando ingresos, que son superiores a los que se conseguían en Montjuïc (la temporada anterior, esta rama había supuesto solo el 15,6% del total). En términos absolutos, y comparando con la temporada 2024-25, se observa que las partidas de derechos de televisión y de marketing han caído en 6 millones de euros cada una, en un descenso que se ha visto más que compensado con el incremento de 42 millones del estadio. Es previsible que en los próximos años esta fuente de ingresos continúe incrementándose de manera sostenida gracias a la mayor capacidad del Camp Nou renovado (no obstante, más adelante comentaremos que se acaban de producir cambios en el reparto del dinero generado por el campo).
En cuanto a los gastos, la principal partida con mucha diferencia son los de personal, que se llevan el 57% de la facturación ordinaria. La segunda partida en importancia es un cajón de sastre llamado “otros gastos de explotación” que incluye conceptos como “servicios exteriores, desplazamientos u “otros”, que suponen más de una cuarta parte de los ingresos. La tercera salida de dinero en importancia ya son los gastos financieros (intereses de la deuda), que superan el 11% de los ingresos. En cuarto lugar están los consumos de material deportivo y similares, que ascienden hasta el 9,5%. La última partida relevante son las amortizaciones de jugadores y de otros activos que, a pesar de no suponer una salida real de dinero, se comen un 8% de los ingresos. Así pues, la gestión de un club se basa fundamentalmente en maximizar las tres fuentes de ingresos que hemos indicado y en mantener bajo control los salarios de los jugadores.
El resultado ha vuelto a ser negativo, esta vez por un importe de 17,8 millones de euros, ligeramente peor que el curso anterior (-17 millones)
Aparte de la facturación anunciada de los 1.000 millones justos, el otro parámetro importante del ejercicio es el resultado que, una vez más, ha sido negativo, esta vez por un importe de 17,8 millones de euros, ligeramente peor que la temporada anterior, cuando se perdieron 17 millones. Desafortunadamente, el club se ha acostumbrado a generar pérdidas de manera continuada —tanto operativamente como en el resultado final del ejercicio—, lo cual supone una verdadera sangría y una amenaza para el futuro de la entidad que, ante la imposibilidad de llevar a cabo eventuales ampliaciones de capital que la equilibren patrimonialmente, se ve obligada a cubrir esta brecha permanente con deuda.
En este sentido, el pasivo del club al cierre de la temporada 2025-26 asciende hasta los 2.900 millones de euros, de los cuales 2.441 son deuda directa. La deuda está repartida de la siguiente manera:
Este último concepto quizás necesitaría determinadas aclaraciones.
La demora en la finalización de las obras del estadio está penalizando fuertemente al club, que, al no disponer de los ingresos previstos en las planificaciones iniciales, debe endeudarse más. Precisamente, en el mes de julio de este año (después del cierre del ejercicio), la entidad ha decidido hacer una nueva emisión de notas por un importe de 210 millones de euros. Es una medida que está pendiente de aprobación por parte de la asamblea de socios y que, en caso de confirmarse, implicaría que este nuevo tramo de deuda ya pagaría por encima del 5% de interés (el club explica que la media del periodo 2021 y 2026 era del 3,36%).
Adicionalmente, la asamblea deberá validar otra ampliación del crédito vinculado a las obras del estadio, en este caso por valor de 300 millones de euros.
Así, el calendario de vencimientos de deuda que afrontará el club durante las próximas temporadas es el siguiente:
- 2027-28: 391 millones
- 2028-29: 166 millones
- 2029-30: 367 millones
Llegado el momento, será necesario refinanciar estos pagos, pero a partir de ahora en un entorno de tipos de interés al alza, hecho que encarecerá la nueva financiación (esta semana, el Banco Central Europeo ha subido tipos, además de que los mercados de deuda ya hace tiempo que están mostrando rentabilidades más elevadas). El gran volumen de deuda acumulada no es solo una amenaza de futuro, sino que en estos momentos ya está deteriorando de manera significativa la cuenta de resultados del club porque en la temporada 2025/26 los costes financieros han supuesto ni más ni menos que 114 millones de euros.
El Barça vive una situación insólita de patrimonio neto negativo, es decir, la deuda es superior a todos los activos del club
Toda esta carga de deuda provoca que el club viva de manera permanente en una situación insólita de patrimonio neto negativo (la deuda es superior a todos los activos del club) que será imposible de resolver sin generar beneficios, una situación que no se ve desde los escasos 4 millones positivos de la temporada 2018/19 (los ejercicios en que la actual junta directiva ha presentado números negros han estado condicionados por el uso intenso de palancas).
En este último balance, el patrimonio neto del club era negativo por un importe de 279 millones, empeorando los 263 millones del cierre anterior. Además de ser un indicador contundente de la mala salud patrimonial de la entidad, ahora también será un problema normativo porque el actual reglamento de la UEFA (Net Equity Rule, artículo 70) exige que al cierre de cada año natural el patrimonio neto sea positivo o, en caso contrario, haya mejorado en un porcentaje de un 10% o más respecto del período anterior, circunstancia que no se ha producido de momento.

Y también relacionado con la deuda, hay que prestar atención al comunicado del club donde anuncia el nuevo tramo de financiación del Espai Barça, porque de rebote invita a pensar que aparecen nubes negras sobre las expectativas de ingresos que tenía puestas la junta directiva. En el texto, se dice literalmente que “a causa del incremento del volumen de deuda y de acuerdo con las estipulaciones originales del Fondo de Titulización, cambia provisionalmente la estructura de los ingresos baseline: hasta que no se acaben las obras y se cumplan una serie de ratios financieras previstas, los ingresos irán, en primer lugar, a pagar el servicio de la deuda, devolviendo el exceso al Club”. De lo que se desprende que la previsión anunciada a los cuatro vientos de que los primeros 100 millones de euros de ingresos estaban blindados en favor del club no se cumplirá porque este dinero servirá íntegramente para pagar los intereses de la deuda.
Al margen de todo esto, en la memoria del ejercicio también aparece, en cierta manera insospechadamente, la venta de los terrenos que el club poseía en la zona de Can Rigalt. Se han ingresado 30 millones, diecisiete menos que los que se pagaron cuando fueron adquiridos por última vez. El comprador ha sido Metropolitan House BCN Residential, especialistas en gestionar cooperativas de viviendas donde la cara visible es Rafael Angulo Cordero, histórico defensor de la construcción de VPO. Hace tiempo que corre por los despachos de Barcelona el proyecto de edificación de Can Rigalt, donde el Barça era el propietario del 32% de la superficie, uno de los máximos titulares junto con el Ayuntamiento de l'Hospitalet de Llobregat.
Todo lo que hemos visto hasta ahora se puede resumir en el siguiente mapa:
- Incapacidad de generar beneficios. Pérdidas reiteradas en cada ejercicio.
- Crecimiento de ingresos insuficiente (por debajo del 8% anual en los últimos cuatro ejercicios).
- Deuda desbocada.
- Retraso considerable en las obras del estadio (clave para nuevos ingresos).
- Aplazamiento de los ingresos extra del estadio hasta que no esté terminado (mediados de 2028).
- Últimos ejercicios con pérdida de patrimonio o de ingresos futuros (sociedades filiales, derechos de televisión, Can Rigalt).
Por más que la banda derecha del equipo esté ocupada por Lamine Yamal, que Raphinha haga el trabajo del 9 que no tenemos y que Xavi Espart haya sido una sorpresa muy grata, la situación del club es grave. Sin un gran abanico de herramientas para hacerle frente, las soluciones deberían venir por dos vías:
- Conseguir no incurrir en impagos de la deuda hasta la finalización del estadio y que a partir de ese momento se pueda generar un flujo de ingresos suficiente para que el club entre en beneficios.
- Con los patrocinios y los derechos de televisión cerca del techo de ingresos, la vía que no parece tener limitaciones para crecer es BLM, es decir, la comercialización minorista de la marca. Sin apenas recursos para invertir en ello, quizás la colaboración con un socio estratégico permitiría impulsar con cierta velocidad el crecimiento de este negocio.
En todo caso, hemos visto cómo las palabras no valen nada, porque lo que importan son los números. Mientras tanto, silencios colgados sobre las paredes de lo que se denomina entorno, que no dice nada y que insinúa que las alarmas no están encendidas. Miramos los números y solo vemos presagios oscuros que borran todas las promesas. Quizás mañana el horizonte será más claro, aguantaremos el frío y esperaremos hasta que el buen tiempo vuelva.
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