En los últimos días, se han hecho públicas tres operaciones corporativas de gran impacto que afectan a algunos de los principales clubes deportivos del mundo. Hablamos de los cambios accionariales que se producirán de manera inminente en el Liverpool FC y en el FC Bayern, y también de la nueva propiedad que se acaba de hacer cargo de los Lakers de Los Ángeles. Parece que el Campeonato del Mundo de fútbol ha despertado las ansias de los inversores por la industria del deporte.
Mientras que el FC Bayern parece decidido a desprenderse de un 5% de la sociedad anónima que gestiona el primer equipo de fútbol, el equipo de baloncesto de los Lakers ha cambiado de manos hace pocos días. Si se confirman las noticias —sobre las cuales hay cierta sombra de duda—, los bávaros traspasarán el porcentaje indicado a una de las principales fortunas del país, el empresario Max Viessemann, por un importe de 250 millones de euros, valorando el club en la cifra redonda de 5.000 millones. Por su parte, un grupo de inversores ha abonado la cifra colosal de 12.500 millones de dólares para quedarse con la propiedad de la franquicia de la NBA.
Pero centrémonos en el Liverpool FC, que es la operación que más nos interesa. Un preámbulo breve: poca gente sabe que el nombre completo de la sociedad es The Liverpool Football Club and Athletic Grounds Limited. Más adelante explicaremos los motivos de una denominación tan larga. El caso es que a finales de la semana pasada se supo que un grupo de inversores liderados por Jeff Bezos había adquirido un 30% del capital de los reds por un importe de 1.930 millones de euros, con lo cual otorgan una valoración mínima a la entidad de 6.433 millones (decimos mínima por la eventual prima de control que tendría una participación mayoritaria).
El vendedor del paquete es la sociedad Fenway Sports Group (FSG), que se quedó la totalidad del capital en el año 2010 a cambio de 300 millones de libras, las cuales en aquel momento se convirtieron en unos 360 millones de euros. No hace falta hacer muchos cálculos matemáticos para comprobar la copiosa revalorización que ha experimentado el club de Merseyside en este tiempo. En aquella ocasión, los vendedores habían sido los empresarios americanos George Gillett y Tom Hicks, que en solo tres años habían llevado a la entidad a una situación bastante comprometida. La otra enseña emblemática propiedad de FSG es el equipo de béisbol de los Red Sox de Boston, una de las franquicias legendarias de este deporte y, además, quien da nombre al fondo de inversión, porque precisamente su estadio es conocido como Fenway Park (está ubicado en el barrio de Fenway-Kenmore).
Como hemos dicho, la transacción ha valorado al Liverpool FC en 6.433 millones de euros (5.500 millones de libras), muy por encima de lo que sería una valoración convencional en el mundo empresarial. Si analizamos la cuenta de resultados del club, constatamos que su facturación en el último ejercicio cerrado, el 2024/25, se encaramó hasta los 702,72 millones de libras, generando un beneficio neto bastante exiguo de 8,3 millones, que incluye beneficios por ventas de jugadores de 53,3 millones. Eso sí, mucho mejor que la temporada anterior, en la que la última línea de la cuenta de resultados marcaba un guarismo rojo de 43,3 millones. En todo caso, el ebitda generado en el ejercicio 24/25 se queda en unos 100 millones, lo que implica que el multiplicador resultante de la transacción se va hasta más de 50 veces, bastante impensable si se tratara de un negocio convencional.
Existe el consenso de que una parte del beneficio de un club de fútbol es de carácter emocional y, por lo tanto, no aparece en la contabilidad, pero tampoco es sostenible un modelo que requiere crecimiento desbocado de la deuda
Más allá de que los gestores del club sean capaces de mejorar márgenes y flujos de caja en los años futuros, queda claro que quien compra no espera recuperar la inversión vía dividendo, sino que, o bien espera obtener beneficios extracontables o más bien confía en poder vender el club en un futuro por un valor superior, una característica muy habitual en aquellas fases que conocemos como burbujas. Como hemos insistido muchas veces, el fútbol es un negocio tan peculiar que la mayoría de operadores del sector acaban mostrando pérdidas en el bottom line de sus resultados. Los escasos clubes que tienen beneficios acostumbran a disfrutar de una rentabilidad muy baja respecto a la facturación. Existe el consenso de que una parte del beneficio de un club de fútbol es de carácter emocional y, por lo tanto, no aparece en la contabilidad, pero tampoco es sostenible un modelo que requiere crecimiento desbocado de la deuda o ampliaciones de capital frecuentes, según sea el modelo de la entidad.
Más allá de Bezos
Resulta interesante analizar quién hay detrás de los compradores, el consorcio 1892 Holdings, porque además de Bezos hay otros nombres de peso. A Bezos ya se le conoce de manera masiva por ser el hombre detrás de Amazon, el gigante de la compra en línea, y de AWS, una de las principales firmas del mundo en almacenamiento en la nube, pero hay un par de apellidos no tan conocidos, como son Bhatia y Saverin.
Bhatia es un multimillonario angloindio casado con la hija del gran magnate del acero Lakshmi Mittal, mientras que Saverin es el cofundador de Facebook y la persona más rica de Brasil, con 33.200 millones de dólares
El primero de ellos, Amid Bhatia, es un multimillonario angloindio casado con la hija del gran magnate del acero Lakshmi Mittal. Su carrera profesional se desarrolló inicialmente en la banca de inversión, primero en Wall Street y luego en la City de Londres. Más tarde fundó el fondo de inversión AyBe. El segundo de los implicados es el brasileño Eduardo Luiz Saverin, cofundador de Facebook junto con sus compañeros en Harvard Mark Zuckerberg, Andrew McCollum, Dustin Moskowitz y Chris Hughes. Según la publicación especializada Forbes, es la persona más rica de Brasil, con una fortuna estimada de 33.200 millones de dólares. En la actualidad dirige el fondo de inversión BCapital, con sede en California, que gestiona unos 12.000 millones de dólares.
Antes hemos dejado para el final la explicación de la denominación tan larga del Liverpool FC. Este nombre proviene del momento en que el Everton FC (club fundado en 1878 por miembros de la iglesia metodista de St. Domingo, también en la ciudad de Liverpool) abandonó el estadio de Anfield Road, en el año 1892. El propietario del campo, socio del Everton, decidió fundar otro club y el nombre que eligió fue el de Everton F.C. and Athletic Grounds Ltd, popularmente Everton Athletic. Esta semejanza en la denominación no gustó nada a la Federación Inglesa, de manera que acabó modificando el nombre y quedándose con Liverpool FC and Athletic Grounds Ltd. Por lo tanto, el año oficial de la creación del club es 1892, que es el nombre del holding formado por Bezos, Bhatia y Saverin para entrar en su capital.
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