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En las últimas dos semanas, los principales bancos españoles presentaron sus resultados de los nueve primeros meses de 2026. Las cuentas muestran que siguen ganando dinero y ampliando su actividad, pero crecer no significa necesariamente mejorar en la misma proporción. El crédito, los depósitos, las comisiones, los costes, las provisiones y el capital evolucionan a ritmos diferentes. La clave está en saber qué parte del beneficio procede de una mejora sostenible y cuál responde a factores difícilmente repetibles.
Detrás del beneficio de un banco hay decisiones cuyos efectos no siempre se perciben al mismo tiempo. Los préstamos concedidos hoy generarán ingresos durante años; captar ahorro puede exigir pagar más por él, y ampliar la relación con los clientes requiere inversiones que tardan en dar resultado. Las cuentas de Santander, BBVA, CaixaBank, Bankinter, Sabadell y Unicaja permiten examinar cómo resuelve cada entidad ese equilibrio y qué diferencias marcan su capacidad de competir.
La cuestión central es cuánto cuesta crecer y qué beneficio puede sostenerse después de asumir ese coste
A mi juicio, la cuestión central es cuánto cuesta crecer y qué beneficio puede sostenerse después de asumir ese coste. Una mayor actividad comercial puede convivir con ingresos que avanzan lentamente; una mejora del resultado puede apoyarse en menores pérdidas crediticias o en operaciones que difícilmente se repetirán. Comprender esas relaciones permite valorar la posición de cada banco y sus consecuencias: qué financiación encuentran las empresas, cómo compiten por el ahorro familiar y qué capacidad conservan para remunerar al accionista sin comprometer el crecimiento.
Prestar más no asegura ingresar más
El crecimiento del crédito debe leerse junto con los ingresos que genera y el coste de financiarlo. El margen de intereses recoge la diferencia entre lo que el banco ingresa por sus activos financieros y lo que paga por financiarse. Depende del volumen, de los precios y de cuándo se revisan: préstamos, depósitos, coberturas y bonos no se ajustan al mismo ritmo.
La comparación exige distinguir también entre nueva contratación y cartera existente, entre crecimiento comercial y adquisiciones, y entre mercados. Además, un saldo al cierre de septiembre y unos ingresos acumulados durante nueve meses miden cosas diferentes. Comparar sus variaciones ayuda a detectar tendencias, pero no permite deducir por sí solo la rentabilidad de los nuevos préstamos.
En CaixaBank, la cartera de crédito sano aumenta un 8% interanual, mientras el margen de intereses acumulado avanza un 2,9%. La distancia obliga a examinar cuánto aporta el nuevo negocio y cómo evoluciona el rendimiento del ya existente. Por el lado del ahorro, los depósitos crecen un 2,7% y los activos bajo gestión un 10,6%: captar depósitos para financiar préstamos y gestionar inversiones de clientes son actividades distintas, con ingresos y costes diferentes.
Bankinter presenta una relación más acompasada: su inversión crediticia aumenta un 5,6% interanual, hasta 87.134 millones de euros, y el margen de intereses acumulado crece un 5,7%. La entidad atribuye esta evolución a los mayores volúmenes y a la gestión de los diferenciales entre lo que cobra y lo que paga. Esa proximidad no demuestra que los nuevos préstamos sean más rentables, pero sí muestra que la expansión convive con un avance semejante del margen.
Unicaja permite entender otra diferencia. Su crédito sano crece un 4,9% interanual, hasta 49.371 millones de euros, pero el ritmo varía por segmentos. La financiación empresarial aumenta un 11,4%, el mismo porcentaje que en CaixaBank. En hipotecas, las nuevas concesiones de Unicaja suben un 30,5% durante los nueve primeros meses, mientras la cartera de particulares solo aumenta un 2,1% interanual. Las concesiones suman y las amortizaciones restan: una contratación intensa puede dejar un avance modesto del saldo.
Para las empresas, el aumento de la financiación es relevante, pero no revela por sí solo cuánto responde a inversión y cuánto a circulante, ni acredita que todas las pymes accedan al crédito en mejores condiciones
Sabadell añade el contraste temporal. Su crédito vivo comparable crece un 4% interanual, hasta 124.913 millones. Sin TSB, el margen de intereses aumenta un 2% frente al segundo trimestre, aunque el acumulado todavía queda un 0,6% por debajo de enero-septiembre de 2025. El beneficio recurrente, excluidos TSB y los extraordinarios, alcanza 1.096 millones, un 5,3% menos según la comparación publicada por la entidad. La recuperación trimestral del margen todavía no elimina la caída interanual acumulada.
En BBVA, la geografía resulta decisiva: el crédito mundial aumenta un 20,4% a tipos de cambio constantes, frente al 7,3% en España. En el negocio español, el margen de intereses crece un 3,4%. La expansión internacional y la doméstica responden a mercados y composiciones de cartera diferentes; el crecimiento del grupo no debe trasladarse automáticamente a una conclusión sobre la financiación en España.
Santander incorpora otro factor: las adquisiciones. El crédito aumenta un 16% a tipos constantes, pero un 6% excluyendo las compras de TSB y Webster. Ambas vías pueden generar beneficios, aunque comprar una cartera no equivale a ampliarla mediante la actividad comercial de la red existente. Separarlas permite valorar el origen del crecimiento.
Para las empresas, el aumento de la financiación es relevante, pero no revela por sí solo cuánto responde a inversión y cuánto a circulante, ni acredita que todas las pymes accedan al crédito en mejores condiciones. El volumen es el comienzo del análisis; sus condiciones y su contribución al margen determinan qué significa crecer.
Quién paga los costes y el riesgo

Bankinter aumenta sus ingresos un 6,5% y sus costes operativos un 2,3%. Las comisiones netas crecen un 12,9% y los recursos fuera de balance un 15,2%. Parte del avance de las comisiones procede, no obstante, de ingresos extraordinarios de inversión alternativa. La eficiencia, que relaciona gastos e ingresos, mejora aunque los gastos suban: no exige necesariamente recortarlos.
Unicaja presenta la relación inversa: los gastos administrativos crecen un 4,9%, frente al 3,5% del margen bruto. Los fondos de inversión crecen un 13,9% y sus comisiones un 15,7%, aunque las comisiones totales solo avanzan un 1,3%: el dinamismo de la gestión de ahorro queda parcialmente compensado por otras actividades. La entidad vincula los costes a inversiones del plan estratégico y al convenio colectivo. Su retorno en productividad aún debe materializarse.
En CaixaBank, el beneficio sube un 12,9%, frente al 4,4% de los ingresos totales. Ayudan las menores dotaciones a otras provisiones, la mejora de los resultados por bajas de activos y una menor carga por impuesto sobre beneficios, aunque aumentan los deterioros financieros. La mejora del resultado final no procede únicamente del crecimiento comercial.
El riesgo introduce otra diferencia. En BBVA, el margen de intereses aumenta un 20,8% en euros corrientes y el deterioro de activos financieros un 25,8%; a tipos constantes, este último sube un 22%. La mora se sitúa en el 2,6%, con una cobertura del 84%: las provisiones cubren esa proporción de los créditos dudosos. El crecimiento exige valorar también las pérdidas esperadas y la composición de la cartera.
No basta con mirar la tasa de morosidad: puede bajar porque disminuyen los impagos o porque aumenta el crédito total. CaixaBank reduce sus saldos dudosos, además de la ratio. En Unicaja también cae el importe de créditos dudosos. Hay, por tanto, una mejora del balance que va más allá del efecto del denominador.
El capital decide cuánto se puede repartir
El análisis no termina en cuánto gana un banco, sino en cuánto de ese resultado puede repetir y qué decide hacer con él. Santander declara un beneficio atribuido de 12.405 millones de euros hasta septiembre, frente a un resultado ordinario de 11.176 millones. La diferencia recoge, entre otros elementos, la plusvalía de Polonia y cargos extraordinarios. La fortaleza comercial del grupo es evidente, pero una ganancia procedente de una operación corporativa no puede proyectarse automáticamente sobre los próximos trimestres.
El beneficio recurrente importa también porque contribuye a generar capital para absorber pérdidas y financiar nuevos préstamos. La ratio CET1 relaciona el capital regulatorio de mayor calidad con los activos ponderados por riesgo. Su evolución depende del beneficio retenido, del crecimiento, de las adquisiciones y de los repartos. Para valorar la holgura disponible hay que contrastarla con las exigencias regulatorias de cada entidad; una ratio superior no implica automáticamente mayor capacidad de distribución.
Un banco con capital suficiente puede competir por nuevos préstamos, sostener la financiación empresarial y absorber pérdidas sin cerrar bruscamente el crédito
La misma relación aparece en Unicaja, que prevé distribuir el 95% del resultado de 2026 apoyándose en su holgura de solvencia. El reparto puede devolver al accionista un capital que la entidad no necesita de inmediato, pero reduce también el margen disponible para financiar una expansión futura o absorber un deterioro inesperado. Para el accionista, cobrar hoy y conservar capacidad de generar beneficios mañana forman parte de la misma decisión.
Esta conexión tiene consecuencias fuera de la cuenta de resultados. Un banco con capital suficiente puede competir por nuevos préstamos, sostener la financiación empresarial y absorber pérdidas sin cerrar bruscamente el crédito. Pero una distribución muy intensa puede limitar esa capacidad si cambian las condiciones. Para empresas y familias no basta con comparar el tipo de una hipoteca o la ausencia de comisiones: también importan la vinculación exigida, el coste de los productos asociados y la estabilidad de la entidad.
Conclusiones

Las cuentas no ofrecen un ganador único. Bankinter destaca por combinar crecimiento de ingresos y contención de costes; CaixaBank y Unicaja muestran una expansión relevante del crédito empresarial; BBVA y Santander aportan diversificación internacional, aunque sus cifras exigen distinguir mercados, tipos de cambio y adquisiciones; Sabadell acredita una recuperación todavía incompleta. La posición más sólida depende de qué se valore: rentabilidad inmediata, crecimiento, diversificación o capacidad de sostener el negocio cuando cambie el ciclo.
La diferencia está en el precio de crecer: cuánto cuesta captar ahorro, financiar préstamos, atender al cliente, asumir riesgo y mantener capital. Para empresas y familias, esto determinará las condiciones de financiación. Para los accionistas, cuánto puede distribuirse.
La próxima decisión del Banco Central Europeo merece especial atención: una subida en diciembre podría mejorar el rendimiento del crédito, pero también encarecer los depósitos y tensionar a los deudores, poniendo a prueba cuánto del crecimiento se convierte en beneficio sostenible.
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