Es fascinante constatar que, en el mapa de la Europa del conocimiento, Catalunya y el Reino Unido comparten exactamente el mismo número de Ancient Universities: seis instituciones fundadas antes del año 1600 que aún hoy definen el carácter intelectual de ambos países. Esta paridad no es una simple anécdota estadística, sino el reflejo de dos sociedades que, ya desde la Edad Media, entendieron el conocimiento como el activo más valioso para su progreso.
En el Reino Unido, al igual que en Catalunya, la financiación de este sistema universitario también se convierte en un tema complejo y sensible. El reciente presupuesto británico, publicado en noviembre, confirma un giro estructural en su modelo universitario que abre una ventana de oportunidad para Catalunya.
El mercado global de estudiantes internacionales es altamente competitivo y las tasas universitarias en el Reino Unido son elevadas. Con el anuncio de un nuevo impuesto sobre las tasas internacionales, las universidades británicas afrontan la posibilidad de reducir las subvenciones cruzadas que sostienen la docencia y la investigación, o bien de aumentar aún más las tasas, lo que podría reducir el número de estudiantes internacionales y, en consecuencia, limitar la capacidad de apoyo a los estudiantes nacionales.
La reducción de la financiación universitaria inglesa para el período 2025-26 no es un ajuste técnico, sino la señal clara de un cambio de ciclo
Este anuncio se añade a otra noticia relevante: las universidades de Inglaterra reciben actualmente 7.000 millones de euros menos al año para la enseñanza de estudiantes locales en comparación con hace una década. La reducción de la financiación universitaria inglesa para el período 2025-26 no es un ajuste técnico, sino la señal clara de un cambio de ciclo. El modelo que situó al Reino Unido como potencia global en el ámbito de la educación superior entra en una fase de contracción que impactará en la investigación, en la docencia y en la proyección internacional.
Este movimiento presupuestario llega en un contexto de creciente fragilidad: más del 40% de las universidades británicas operan en déficit y su dependencia de los estudiantes internacionales, debilitada por nuevas restricciones migratorias, ha dejado a muchas instituciones sin margen de maniobra. El presupuesto no revierte esta tendencia; la consolida. El resultado es un ecosistema que se ve obligado a reducir la oferta, a fusionar departamentos y a replantear su presencia global.
Sin embargo, en esta contracción se abre una ventana que otros territorios, como Catalunya, pueden aprovechar. El Reino Unido necesita nuevos puntos de anclaje en Europa, nuevos socios institucionales y plataformas de cooperación que le permitan mantener proyectos, consorcios y capacidad de atracción. Aquí es donde Catalunya puede jugar un papel clave y todavía poco explorado.
El Reino Unido es el principal polo europeo en el sector de la inteligencia artificial, gracias a su ecosistema universitario, que concentra más investigación, talento y spinouts deep tech que ningún otro país del continente. No se trata de sustituir Londres, Cambridge, Oxford, Manchester o Edimburgo, sino de ofrecer un espacio estable, europeo y científicamente sólido.
Las universidades catalanas pueden convertirse en aliadas estratégicas de un sistema británico que busca estabilidad y continuidad. En el ámbito de la investigación, muchos proyectos británicos necesitan socios continentales para mantener el acceso a redes europeas, y Catalunya —con centros punteros en salud, IA, fotónica, ciencias sociales y políticas públicas— puede ocupar este espacio con naturalidad. Las colaboraciones bilaterales pueden reforzar los consorcios existentes y generar otros nuevos.
En segundo lugar, la movilidad de talento es una oportunidad clara. Investigadores y doctorandos afectados por los recortes en el Reino Unido pueden encontrar en Catalunya un entorno más estable y con proyección europea clara. Pero la movilidad no tiene que ser unidireccional: el Reino Unido ha anunciado que a partir de 2027 volverá a participar en el Programa Erasmus de la UE, facilitando el intercambio de estudiantes entre el Reino Unido y la Unión Europea. Las universidades catalanas podrán volver a enviar estudiantes a instituciones británicas que, a pesar de las dificultades, continúan siendo referentes globales. La clave es transformar la crisis británica en un flujo de colaboración inteligente.
El momento es propicio para impulsar programas conjuntos: dobles titulaciones, másteres compartidos, laboratorios virtuales, escuelas de verano e iniciativas de transferencia tecnológica. El Reino Unido necesita mantener su presencia internacional; Catalunya puede ofrecerle una plataforma europea sólida. Al mismo tiempo, Catalunya refuerza su proyección global asociándose con marcas universitarias británicas de prestigio.
El Reino Unido necesita mantener su presencia internacional; Catalunya puede ofrecerle una plataforma europea sólida
También hay espacio para una diplomacia universitaria renovada. Las universidades catalanas pueden actuar como puente entre ciudades y regiones británicas que buscan mantener vínculos europeos. En un momento de turbulencia, la claridad del proyecto es un activo. Catalunya, con un ecosistema universitario cohesionado y una narrativa de modernización, puede ofrecerla. La cooperación no es solo académica; es institucional, territorial y estratégica.
En definitiva, el presupuesto británico genera un impacto adverso sobre el sector universitario del Reino Unido, pero también ofrece una oportunidad para redefinir relaciones y construir alianzas más profundas. Cuando un sistema se contrae, otro puede crecer. Catalunya tiene la oportunidad y la responsabilidad de convertir esta coyuntura en una arquitectura de colaboración duradera.